Barcelona inicia una semana en la que se convertirá en un gran circuito ciclista y, de nuevo, en un escaparate mundial. Unos 850.000 aficionados llenarán las calles de la ciudad para seguir el Grand Départ del Tour de Francia, mientras los hoteles rozarán el lleno y los apartamentos turísticos superarán el 80% de ocupación después de un junio marcado por grandes eventos como el Primavera Sound, el Sónar, el Gran Premio de Fórmula 1 o la visita del papa León XIV.
Los 184 corredores, los casi 20 kilómetros de recorrido por Barcelona o los cerca de 850.000 espectadores que se espera que salgan a la calle explican la dimensión deportiva del Grand Départ. Pero su magnitud va mucho más allá del evento deportivo: la última edición del Tour acumuló más de 1.000 millones de horas de visualización y se retransmitió en 190 países, convirtiendo la carrera en uno de los escaparates internacionales más grandes del deporte. Precisamente esta proyección global es la que busca Barcelona con la organización del Grand Départ que, por cierto, de las 113 ediciones que ha celebrado la competición, Barcelona ha sido escenario en cuatro: en 1957, 1965, 2009 y ahora también en el 2026.
Pero esto tiene un coste. Según ha publicado CRÍTIC, las administraciones ya habían comprometido cerca de 9,6 millones de euros por el canon necesario para acoger la salida del Tour. A esta cantidad se añaden, al menos, 9,5 millones más en gastos asociados de organización, seguridad, movilidad y logística, elevando la inversión pública hasta cerca de los 20 millones de euros.
Para valorar esta apuesta, sin embargo, hay que mirar el retorno. Bilbao, que acogió el Grand Départ de 2023, calculó un impacto económico de 8,5 euros por cada euro invertido. Florencia aún lo superó. De momento, el consejero de Deportes de la Generalitat, Berni Álvarez, ya adelantó en marzo que el Grand Départ podría generar un impacto económico superior a los 100 millones de euros en el conjunto de Catalunya. En cuanto a Barcelona, las primeras estimaciones específicas se presentarán este lunes en una jornada organizada por el Ayuntamiento de Barcelona, INDESCAT y el Barcelona Sports Hub, centrada precisamente en las oportunidades económicas, empresariales y de proyección internacional que genera la salida del Tour.
Los grandes eventos deportivos son una herramienta de desarrollo económico, y en Catalunya se acumulan diversos ejemplos: el Circuit de Barcelona-Catalunya genera alrededor de 500 millones de euros de impacto anual; la Maratón y la Media Maratón superan conjuntamente los 72 millones, y el Trofeo Conde de Godó calcula un retorno cercano a los 50 millones. El Tour aspira ahora a sumarse a esta lista.
Barcelona, convertida en un gran circuito
Durante dos días, la ciudad dejará de funcionar con su movilidad habitual para adaptarse al ritmo del Tour. La primera etapa recorrerá 19,7 kilómetros entre el Fórum y Montjuïc en una contrarreloj por equipos con 23 formaciones y 184 corredores. En algunos puntos, los ciclistas superarán los 70 kilómetros por hora, una velocidad superior al límite permitido dentro de la ciudad.

Para evitar que Barcelona quede completamente dividida por el circuito, se habilitarán 54 pasos de peatones y dos puentes provisionales que permitirán cruzar el recorrido durante la carrera. Todo ello formará parte de un dispositivo logístico que solo es posible gracias a una infraestructura global que moviliza 28.000 policías, gendarmes y bomberos a lo largo del Tour y más de 1.000 personas formadas específicamente en prevención y seguridad.
Las cifras también explican la dimensión deportiva de la prueba. El Tour de 2026 recorrerá 3.320,7 kilómetros divididos en 21 etapas que atravesarán siete regiones. Catalunya acogerá las tres primeras jornadas, con paso por las demarcaciones de Barcelona, Tarragona y Girona. En el ámbito deportivo, la organización repartirá 2.302.800 euros en premios, de los cuales 500.000 serán para el vencedor de la clasificación general.
El impulso del cicloturismo
Pero el Grand Départ no es solo un evento deportivo. Es también una herramienta de proyección internacional. Durante dos días, Barcelona se convertirá en el principal escenario de un escaparate global que llegará a 190 países, con imágenes de la Sagrada Familia, el litoral, el Fórum o Montjuïc entrando en millones de hogares de todo el mundo.
El objetivo, sin embargo, va mucho más allá de dos etapas. Tanto la Diputación como el sector turístico quieren aprovechar esta exposición para consolidar Barcelona y su provincia como un destino de referencia para el cicloturismo. El territorio dispone ya de más de 3.000 kilómetros de rutas aptas para bicicletas y de una red de 774 entidades vinculadas al ciclismo, una base sobre la que se quiere construir una estrategia de promoción internacional a largo plazo.

El Tour es también una oportunidad para reforzar la apuesta de Barcelona por convertir la bicicleta en una parte cada vez más importante de la movilidad y de su atractivo turístico. De hecho, Barcelona dispone ya de más de 240 kilómetros de carril bici, por donde circulan cada día una media de 14.057 bicicletas. A esto se suma el Bicing, el principal sistema de bicicleta pública de España, con una flota de más de 8.000 bicicletas, que lo sitúa entre los cuatro más grandes del mundo, solo por detrás de los de París, Nueva York y Ciudad de México.
Porque el Tour solo pasará por Barcelona. Pero la bicicleta, en cambio, hace tiempo que forma parte de la ciudad. Y sus cifras también merecerían protagonizar otro Barcelona en cifras. Pero eso, será otro lunes.


