¿Qué define a una empresa familiar? Sobre el papel, es una organización en la que la propiedad y la gestión están vinculadas a una misma familia. Pero su singularidad va mucho más allá de esta definición teórica. Las empresas familiares también son más resilientes, más longevas, más inclusivas y más arraigadas al territorio.
Empresas capaces de mantener, a lo largo de las décadas y las generaciones, una luz propia intacta y discreta, que raramente ocupa titulares, a menudo reservados a grandes corporaciones, startups innovadoras i unicornios. Una luz, a pesar de todo, persistente: capaz de atravesar generaciones, resistir crisis y mantenerse encendida cuando otros modelos se diluyen.
Lejos de ser solo una imagen simbólica, esta luz propia se puede constatar con datos e informes: las empresas familiares representan el 92,3% del tejido empresarial catalán, generan el 76,9% del empleo privado y aportan el 70,3% del valor añadido bruto. Estas son algunas de las principales conclusiones de la radiografía La empresa familiar en Catalunya: contribución y continuidad, impulsada por la Asociación Catalana de la Empresa Familiar (ASCEF) y elaborada por las cinco cátedras de Empresa Familiar de Catalunya —Universidad CEU Abat Oliba, Universidad de Barcelona, Universidad de Girona, Universidad de Lleida y Universidad Internacional de Cataluña—.
El informe, presentado durante la Asamblea Anual de Socios de la ASCEF, que agrupa 150 empresas familiares catalanas, actualiza una radiografía del sector que hacía casi una década que no se revisaba. Un trabajo que subraya la contribución sostenida de estas compañías al tejido productivo. “¿Qué sería de Catalunya sin estas empresas que tanto han contribuido a su economía?”, ha reflexionado Miquel Sàmper, conseller d'Empresa i Treball, durante la Asamblea. Y es que las empresas familiares no solo representan el modelo mayoritario del tejido empresarial catalán —también de la provincia de Barcelona, donde representan el 92% de las compañías—, sino que también se consolidan como uno de los principales motores de empleo y generación de riqueza.
“Pero su contribución al territorio va más allá de las cifras”, ha subrayado el presidente de la Generalitat, Salvador Illa. “También se refleja en la capacidad de preservar y transmitir valores como la manera de hacer empresa, el compromiso con el trabajo bien hecho y una cultura propia. Es, en definitiva, un modelo más arraigado al territorio y al país”, ha añadido.
Precisamente sobre esta luz propia con la que brillan las empresas familiares y los valores que se transmiten de generación en generación se ha vertebrado la Asamblea anual de socios. “Contribución y continuidad son los dos principios que definen el ADN de estas compañías: la contribución de generar valor hoy y la continuidad de pensar en el mañana”, ha resumido Rosa Tous, vicepresidenta corporativa y Reach & Relevance Officer de Tous y presidenta de la ASCEF.
Cuando la paciencia se convierte en ventaja
De hecho, la gran singularidad de la empresa familiar es que piensa diferente. Mientras grandes organizaciones se mueven condicionadas por las cuentas de resultados anuales o incluso trimestrales, las empresas familiares acostumbran a tomar decisiones con una mirada que atraviesa décadas y, a menudo, generaciones. Esta mirada a largo plazo es, probablemente, una de las principales características de este modelo empresarial.
Una capacidad que Rosa Tous, presidenta de la ASCEF, define como la habilidad de conectar el pasado —el legado recibido—, las decisiones del presente y la responsabilidad de proyectar el proyecto hacia el futuro. Y esta manera de entender la continuidad también se ha hecho visible en el escenario escogido para la Asamblea anual, que no parece casual: la Casa Museo Núria Pla, un testimonio vivo del paso del tiempo y de la transformación del legado. Un legado iniciado por el doctor Ramon Pla Armengol, pionero farmacéutico e investigador de la tuberculosis, y continuado por Núria Pla, una de las primeras médicas de la historia de España. “Una mujer que nos recuerda que empresa y alma pueden, e incluso deben ir de la mano”, ha recordado Tous.
Pero esta mirada a largo plazo no es solo su principal característica; es también, probablemente, la clave que explica su capacidad de resistencia. El informe muestra que las empresas familiares son más resilientes que las no familiares: su tasa de supervivencia es casi seis puntos superior: el 79,3% de las empresas familiares analizadas en 2017 continuaban activas en 2024, frente al 73,6% de las no familiares. Una capacidad de resiliencia que también se evidenció durante la pandemia: mientras las empresas familiares ya habían recuperado los niveles de facturación previos a la Covid-19 en 2021, las no familiares no lo consiguieron hasta un año más tarde, en 2022.
El estudio constata, de hecho, que cuanto más madura es una empresa familiar, más fuerte acostumbra a ser. Las que han superado la segunda generación generan más empleo y más valor añadido bruto, a la vez que presentan niveles de endeudamiento más bajos y una solvencia más elevada.
Pero llegar a la segunda generación no siempre es fácil. El informe apunta que una de cada cinco empresas familiares catalanas se encuentra todavía en fase emprendedora, con menos de diez años de antigüedad, mientras que casi el 40% continúan en primera generación, con entre 10 y 25 años de recorrido. En cambio, solo un 2,1% han superado los cincuenta años de historia y pueden considerarse empresas longevas. Y es aquí donde reside el principal reto de las empresas familiares: la continuidad.
Entre los casos excepcionales destaca Sagalés, compañía de transporte de autobús con una historia que se remonta al año 1641, cuando se establecieron los primeros recorridos para que los campesinos pudieran vender en los diferentes mercados. Aquellos inicios estaban vinculados a la figura de los paraires —encargados de comprar y preparar la lana— y, más adelante, al transporte de hielo extraído de los pozos de las montañas de Moià hasta Barcelona. Con el tiempo, llegarían los vehículos de motor.
Cuatro siglos después, la compañía continúa en marcha, consolidada como una de las más longevas de toda Catalunya, con una facturación superior a los 85 millones de euros anuales, más de 1.800 trabajadores y presencia más allá de Catalunya, con actividad también en la Comunidad Valenciana y las Islas Baleares. “¿Las claves para sobrevivir casi 385 años? La capacidad de adaptación”, ha resumido su consejero delegado, Ramon Sagalés. “Las adversidades no se pueden prever, pero sí que se puede decidir cómo actuar ante ellas”, añadió.
Una adaptación que no siempre ha sido fácil. Por ejemplo, durante la Guerra Civil, la empresa fue colectivizada. Su abuelo, escondido, enviaba instrucciones para que la compañía continuara funcionando y, una vez acabado el conflicto, intentó reconstruirla prácticamente desde cero.
El gran reto: pasar el testigo
Para estas empreses, el relevo generacional sigue siendo el principal reto. “La empresa familiar afronta los mismos desafíos que cualquier otra compañía —como la irrupción de la inteligencia artificial o la incertidumbre del contexto económico—, pero, además, añadimos la complejidad de la gestión familiar”, ha remarcado Eloi Planes, presidente ejecutivo de Fluidra —compañía catalana de soluciones para piscinas fundada en 1969, con presencia global y una facturación superior a los 2.184 millones de euros anuales— y nuevo presidente del Instituto de la Empresa Familiar por un mandato de dos años.
Planes, amante de la poesía, lo ilustra con una metáfora cinematográfica: “La empresa familiar es como una gran serie televisiva. La primera temporada debe conseguir construir personajes fuertes y enganchar a la audiencia. Pero rodar la segunda, tercera o cuarta temporada también requiere un gran nivel de implicación y de valores”.
Generosidad y valentía son las dos recetas de Planes para afrontar un buen relevo generacional. “Generosidad para ir dando pasos atrás cuando toca traspasar el liderazgo. Y valentía de la siguiente generación para asumir el legado y hacerlo evolucionar”, ha remarcado el presidente ejecutivo de Fluidra.
Porque el legado no solo debe mantenerse, sino también debe saber evolucionar, para hacer crecer la compañía. "Antes de aceptar el cargo dejé claro que pediría consejo, pero que no siempre seguiría la misma dirección", ha ejemplificado Marc Puig, chairman de Puig. “Esta filosofía nos ha permitido hacer apuestas que, de otra manera, habrían sido muy difíciles”. Una de ellas fue vender una división consolidada para apostar por otra que todavía no generaba beneficios.
La compañía fundada en 1914, hoy con más de 13.000 trabajadores en todo el mundo y una facturación superior a los 5.000 millones de euros, afronta actualmente la transición entre la tercera y la cuarta generación a través de una decisión singular: la salida a bolsa (mayo de 2024). “No lo hicimos porque necesitáramos dinero", ha advertido Marc Puig. “Queríamos dar un mensaje claro: la familia sigue liderando el proyecto, pero también queremos incorporar miradas externas”. De hecho, con la salida a bolsa la familia Puig ha mantenido el 71,7% del accionariado y el 92,5% de los derechos de voto.
Todos estos ejemplos acaban respondiendo a la pregunta inicial: ¿qué define realmente una empresa familiar? Más allá de la propiedad y la gestión, es un modelo basado en la continuidad generación tras generación, en el que el legado y los valores no solo se preservan, sino que se transforman y se proyectan hacia el futuro, pero manteniendo una luz propia.
