“Quien decidió ponerle el nombre de inteligencia artificial, es una mala persona”. Así de contundente ha arrancado el consultor Genís Roca su intervención ante un auditorio del Cosmocaixa lleno por la XXIII Jornada Retail de Comertia. Y es que el nombre de inteligencia artificial ha llevado a abrir debates sobre qué es la inteligencia, y sobre si algo no humano puede ser inteligente: “El nombre nos ha despistado cuando, en realidad, lo hemos mirado al derecho y al revés, y tiene toda la pinta de ser un software”.
Así, restando pátinas de grandilocuencia a la IA y relativizando su complejidad, Roca ha invitado al tejido de empresas familiares catalanas a adentrarse en el mundo de la mal llamada IA abordándola como lo que es: un cambio de software. Puede que represente —o no— un cambio de paradigma, pero eso llegará después. Primero, Roca ha invitado a los empresarios congregados por Comertia a quitarle capas de complejidad y ver lo que algunos llaman la revolución de la IA como un cambio de software que, como cualquier otro cambio, tendrá sus implicaciones en la operativa de la empresa.
“Entramos todos en un momento en el que tendremos que ir sustituyendo todo nuestro software, a medida que lo tengamos claro, a medida que se pueda, y a medida que el mercado vaya ofreciendo buenas soluciones, ya que todavía estamos en fase exploratoria”, ha agregado el consultor y presidente de Accent Obert, en un encuentro que ha girado en torno a la IA y que ha jugado con su nombre y el de la cita —la ha planteado como la Jornada RetAIl, que podría leerse como el reto de la IA para el sector—.
De hecho, Roca ha ido más allá: con la irrupción de la IA, “muchos se han puesto en estado de emergencia y en dinámica de sprint, cuando lo que toca es una maratón”. Y es que, según el consultor —y arqueólogo de formación—, el proceso de cambio que arranca ahora se alargará al menos entre cinco y diez años, durante los que las empresas deberán adaptarse a las nuevas oportunidades que brinda esta tecnología. Ante el murmullo que ha despertado entre el público, Roca ha dado su receta para los siguientes pasos: contactar con los actuales proveedores de software, estudiar sus opciones y las que ofrece el mercado, ver cuáles encajan por posibilidades y presupuesto, y calendarizar. Y luego, claro, ejecutar —y en este caso, ejecutar es adaptarse—. Roca ha lanzado una recomendación más: "No corráis, reflexionad bien por dónde conviene empezar, y revisad el plan cada seis meses".
Así lo ha compartido también en una mesa redonda que ha moderado, con el expresidente del Cercle d’Economia Jaume Guardiola y el fundador y director general del Grup Bon Preu, Joan Font. En un diálogo lleno de complicidad que se ha trasladado a los asistentes en forma de aplausos e incluso alguna carcajada, han abordado las implicaciones de la IA como un aliado útil y necesario, que debe estudiarse con criterio y con “seny”, según Font: “Las empresas nos podemos arruinar muchas veces, y ahora tenemos una nueva oportunidad de arruinarnos con la IA si no hacemos las cosas bien”.
Precisamente para hacerlo bien, Bon Preu ha creado una oficina de IA para estudiar su potencial en la compañía, que puede ir desde la automatización de tareas repetitivas hasta el análisis del comportamiento y del consumo a través de los tickets, para lanzar recomendaciones o promociones personalizadas. Las posibilidades de la IA afectan tanto al canal físico como al online, que ya representa un 6% de los ingresos del grupo, aunque sigue generando pérdidas. Pese a no ser rentable, este canal online genera un impacto imprevisto, ha destacado Font: “Los clientes que nos compran por los dos canales son los mejores clientes, con el ticket medio más alto”. Así, Font apuesta por dejar de mirar solo la cuenta de resultados de cada canal, y tener un enfoque global que ponga al cliente en el centro.
Además del cliente, en la era de la IA toman especial relevancia los datos. “Ya hay fabricantes muy interesados en cómo le va a un competidor con determinado producto o promoción, y nos piden que les vendamos datos para tener esta información”, ha explicado Font junto a Guardiola, que ha asegurado que la IA representa una revolución que puede optimizar procesos y facilitar el día a día de las empresas y, por lo tanto, la productividad. El hasta junio presidente del Cercle d’Economia ha recordado que, desde la institución, impulsaron un think tank para impulsar aspectos como esta productividad, que ahora puede verse beneficiada con la IA. “Permitirá mecanizar procesos de todo tipo, o incluso identificar puntos débiles”, ha resaltado el también exconsejero delegado de Banco Sabadell.
Así, la IA se encara como un reto y oportunidad. Para la rectora de la UOC y vicedecana del Col·legi d’Economistes de Catalunya, Àngels Fitó, es algo más: “Es una carrera armamentística tecnológica”, ha dicho en una mesa redonda junto al catedrático de la UPF Barcelona School of Management Oriol Amat, que ha resaltado que la IA llega ya hasta espacios insospechados. Incluso lo hace en las cocinas de Udon, como ha resaltado su CEO y cofundador, Jordi Pascual, que ha intervenido junto a la experta en tecnología Anna Navarro, y al AI Factory Service Manager del Barcelona Supercomputing Center (BSC), Santi Gallardo, que han apostado por buscar acompañamiento y los partners adecuados a la hora de adentrarse en la IA.
“Necesitamos una gran mejora de la productividad, y la IA nos tiene que poder ayudar”, ha proclamado el presidente de Comertia, Ignasi Pietx, en la clausura de la jornada. Y es que “en Europa, España y Catalunya tenemos un problema grave de retroceso de nuestra productividad, y el gap diferencial con Estados Unidos y Asia se está incrementando”. A la vez, esta IA debería permitir agilizar la administración: “Hace falta menos burocracia, que frena el dinamismo de las empresas”.
“Hay que ayudar a las empresas con sede social en Catalunya, porque crean puestos de trabajo de calidad, pagan los impuestos y siguen aquí cuando algo va mal”, ha defendido Pietx, y no se ha quedado ahí: "Tenemos que ayudar a las empresas familiares, que tienen un propósito y son más resilientes a lo largo del tiempo; buscan un legado“”. Para ello, ha pedido mejoras fiscales y eliminar el impuesto de sociedades, en una lista de demandas que ha recogido el conseller de Empresa de la Generalitat, Miquel Sàmper. Tras apostar por impulsar la colaboración público-privada como motor de estas mejoras, ha elogiado la figura del empresario: “Son los generadores de riqueza del país; la generación de riqueza requiere que alguien haya arriesgado, y no siempre sale bien”. Y entre este tejido empresarial, Sàmper ha ensalzado el rol de las empresas familiares como las que aglutina Comertia: “Son las que mejor resisten las crisis y se avanzan a las siguientes generaciones”.