La libertad de habitar el mundo según Charlotte Perriand

Exposición de Charlotte Perriand, comisariada por Martina Millà @ Alice Brazzit
Exposición de Charlotte Perriand, comisariada por Martina Millà @ Alice Brazzit

Del 9 de octubre de 2026 al 28 de febrero de 2027 se puede visitar la primera muestra estatal monográfica dedicada a Charlotte Perriand, en la Fundació Joan Miró de Barcelona

04 de noviembre de 2026 - 06:49

Es un día gris de otoño en Barcelona. El tipo de día con un cielo plomizo y apesadumbrado que invita a la introspección y a la melancolía sobria, así que subo hasta la Fundació Joan Miró en la montaña de Montjuïc con el pesar que imponen algunas mañanas tristes. Sin embargo, al cruzar el umbral de ese edificio blanco diseñado por Josep Lluís Sert —amigo y colega de Perriand desde los tiempos del taller de Le Corbusier y los congresos CIAM—, la atmósfera cambia radicalmente. En el interior, una multitud heterogénea de visitantes transita, fascinada, entre explosiones de color, madera y metal que parecen destacar más de lo habitual sobre ese fondo anodino.

Estoy aquí para visitar Charlotte Perriand. La libertad de repensar el mundo, la primera gran exposición monográfica dedicada a la legendaria arquitecta y diseñadora francesa en el estado español, que tiene lugar del 9 de octubre de 2026 al 28 de febrero de 2027 en la Fundació Joan Miró de Barcelona. Antes de adentrarme en las salas, me invade una mezcla de deslumbramiento y estupor, pues ya previsualizo piezas icónicas que me resultan familiares.

Son muebles, sillas, esquemas de estanterías que he contemplado antes -a veces en libros de diseño, otras en publicaciones de arquitectura e interiores— y caigo en la cuenta de algo desconcertante: durante años di por sentado que muchas de estas obras habían sido concebidas por un hombre.

"Durante años di por sentado que muchas de estas obras habían sido concebidas por un hombre"

Esa revelación escuece. Me entristece profundamente comprobar hasta qué punto la figura de Charlotte Perriand quedó eclipsada por la alargada sombra de Le Corbusier. Aclaro que la obra del célebre arquitecto suizo-francés me apasiona y siempre me ha parecido brillante; no se trata de negar su genialidad. Pero resulta doloroso reconocer cómo el canon historiográfico tendió sistemáticamente a relegar a las mujeres creadoras al rol de colaboradoras secundarias o musas, reduciendo su autoría a un mero pie de página en los grandes talleres del siglo XX.

Esta muestra en la Miró viene precisamente a reajustar la balanza, otorgando el espacio, el volumen y la luz que le corresponden a una pionera sin la cual el habitar moderno simplemente no se entendería.

Exposición de Charlotte Perriand, comisariada por Martina Millà @ Alice Brazzit
Exposición de Charlotte Perriand, comisariada por Martina Millà @ Alice Brazzit -

El recorrido expositivo no se limita a exhibir objetos, sino que plantea un viaje intelectual y, sobre todo vital, por las geografías que moldearon la sensibilidad de Perriand. En este periplo, me resulta especialmente curiosa y reveladora su estancia en las Islas Baleares. En el verano de 1932, Perriand decidió circunnavegar la costa de Mallorca en canoa, un viaje iniciático que la puso en contacto directo con el Mediterráneo, su luz, su artesanía popular y la rotundidad de las formas orgánicas.

Es fascinante reconocer cómo la observación de las piedras pulidas por el mar, los troncos de madera a la deriva —lo que ella llamaba objets trouvés o "arte bruto"— o la arquitectura vernácula insular infundieron en su trabajo inicial una calidez única y una sensibilidad hacia la materia prima en estado puro.

Sin embargo, ese organicismo primordial no se quedó en un simple gusto por lo rústico. A medida que avanza la exposición, se percibe cómo esa primera influencia se va filtrando y transformando en una especie de orden riguroso, una geometría funcional. Esta evolución está marcada por sus intensos intercambios creativos con el pintor Fernand Léger —con quien compartió una profunda amistad y una visión del arte integrado en la vida cotidiana— y por su contacto con la vanguardia soviética durante su estancia en Moscú.

Perriand entendía que el diseño debía responder a las necesidades reales de la sociedad, un ideal de democratización donde el espacio habitado influía directamente en la emancipación del individuo.

Pero si hay un hito geopolítico y vital que reconfiguró de forma definitiva su lenguaje plástico, fue su partida a Japón en 1940, justo en los inicios de la Segunda Guerra Mundial. Invitada por el gobierno japonés como asesora de arte industrial, Perriand descubrió allí un universo donde la economía de recursos, la flexibilidad espacial (los paneles correderos, el tatami) y el respeto por el material natural alcanzaban cotas de absoluta maestría.

La impronta oriental en toda su producción posterior es deslumbrante: aprendió a entrelazar el bambú con el acero cromado y a concebir el espacio no como una caja rígida, sino como un vacío articulado y fluido.

Exposición de Charlotte Perriand, comisariada por Martina Millà
Exposición de Charlotte Perriand, comisariada por Martina Millà -

Descender al piso inferior de la Fundació Miró es, sin duda, una de las experiencias más estimulantes de la visita. Aquí la exposición abandona la distancia contemplativa para volverse experiencial. El espacio acoge cuidadas reproducciones y prototipos históricos de sus piezas más emblemáticas: desde las míticas sillas y sillones hasta la famosísima Chaise Longue LC4 (tantas veces atribuida en exclusiva a Le Corbusier y Pierre Jeanneret, cuando el toque humano y la ligereza ergonómica vinieron de la mano de Charlotte).

Lo que me deja rotundamente fascinada en esta planta es una suerte de recreación habitable a escala real que evoca sus innovadores módulos de vivienda mínima e interiores prefabricados (como sus célebres proyectos para las residencias universitarias o los refugios de montaña desarrollados junto a Jean Prouvé y Pierre Jeanneret). Recuerda, de forma inevitable, a los mejores módulos de las exposiciones contemporáneas tipo Ikea, pero con una elegancia, una calidez y una precisión arquitectónica a la que el diseño masivo actual raras veces aspira.

Perriand pensaba en la altura de los techos, en la rotación de los brazos al cocinar, en la luz natural que debía bañar una mesa de trabajo y en cómo optimizar cada centímetro cuadrado sin asfixiar la mirada. Ver ese estándar de "arte de vivir" (l'art d'habiter) diseñado hace tantas décadas provoca una profunda admiración. Entonces, la modernidad real no consistía en el lujo superfluo, sino en la dignidad del espacio cotidiano.

"La modernidad real no consistía en el lujo superfluo, sino en la dignidad del espacio cotidiano"

En esta sección pongo de nuevo en valor la importancia vital de comisariar muestras como esta. Da una profunda satisfacción comprobar cómo las instituciones culturales empiezan a dar el espacio que merecen a estas grandes creadoras que tanto hicieron por la arquitectura e interiorismo contemporáneos. Mujeres que, pese a enfrentarse al ninguneo institucional de su época, nunca renunciaron a la libertad de crear ni a la ambición de transformar el mundo a través del diseño.

Salgo de la exposición reconfortada, pero también con un pellizco al recordar mi propio entorno doméstico. Mientras observaba los maravillosos módulos de almacenamiento modulable (las célebres estanterías Nuage creadas para la Maison du Brésil o la Cité Universitaire) —donde los paneles correderos de aluminio de colores organizan el espacio con una armonía matemática y casi poética— no podía evitar pensar en el estado de mi propia casa.

En este instante, mientras escribo estas líneas viendo caer las últimas luces de este día gris, contemplo la montaña de libros apilados que rebosan por doquier en mi hogar. Qué no daría yo por encontrar una estantería como las de Charlotte Perriand.

Un mueble que no solo sostenga el peso de las páginas, sino que traiga a mi caos cotidiano un poco de esa libertad, de ese orden inteligente y de esa luminosa belleza con la que Perriand demostró que habitar una casa es, en el fondo, una manera noble y libre de repensar el mundo.

 

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Sobre el autor

Júlia Cruz
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