Barcelona vive un momento de transformación profunda. Un 2026 para recordar, con grandes eventos, nuevos proyectos e infraestructuras, y una proyección internacional creciente. Hay quien dice, incluso, que este año la ciudadanía ha empezado a recuperar la autoestima de ciudad… Pero Barcelona también arrastra retos como la vivienda, la inseguridad o las desigualdades, que tensionan la vida de muchos barceloneses y generan malestar. ¿Cómo gestionamos el éxito para que Barcelona siga siendo una ciudad para vivir, una ciudad para los barceloneses?
El alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, nos recibe en el Ayuntamiento de Barcelona, en el Salón de la Ciudad. Collboni es alcalde de Barcelona desde junio de 2023. Antes había sido primer teniente de alcaldía y portavoz del gobierno municipal, después de haber desarrollado buena parte de su trayectoria política en el Parlament de Catalunya y en el PSC. Con las próximas elecciones municipales fijadas para el domingo 23 de mayo de 2027, Collboni entra ahora en el último tramo de su primer mandato como alcalde de Barcelona. Tres años después de llegar a la alcaldía, ya hay suficiente perspectiva para empezar a ver qué ha cambiado, cuáles son sus principales apuestas y qué retos siguen pendientes.
– Alcalde, gracias por recibirnos. ¿Cuál es el precio del éxito de Barcelona?
– Para mí el éxito, como alcalde de la ciudad, y creo que también lo es para muchos barceloneses, es que Barcelona tenga, por ejemplo, una red de más de 500 equipamientos públicos repartidos por sus 73 barrios. El éxito es tener 43 bibliotecas públicas. El éxito es tener 40 mercados municipales que garantizan el abastecimiento de la comida fresca y de proximidad en toda la ciudad. El éxito es tener también una cuarentena de centros deportivos públicos que hacen que Barcelona sea una de las ciudades del mundo con más práctica deportiva. Para mí todo esto son las ideas de lo que para mí es el éxito de Barcelona.
– También, por lo tanto, el éxito recae en el bienestar de los ciudadanos. Y un buen termómetro para ver este bienestar de los ciudadanos es el barómetro municipal. ¿Cómo valora el último barómetro municipal?
– Bueno, yo creo que el reto, efectivamente, de este éxito que me pedías, es que la ciudad siga siendo atractiva, por ejemplo, para las inversiones o para el talento internacional, y que esto no vaya en detrimento de la identidad de la ciudad, o que el éxito que también tenemos desde el punto de vista del crecimiento económico —y que en el barómetro se reconoce— esté repartido de una forma equitativa, y que se establezcan puestos de trabajo de calidad para la gente de la ciudad.
En este sentido, la valoración que hace la ciudadanía en los barómetros municipales y en las encuestas que se han ido publicando en estos últimos tres años es que se aprueba y se da un apoyo muy mayoritario a la gestión del Ayuntamiento.
– Se aprueba con un 6 de 10.
– Efectivamente. Y eso es preguntar cómo funciona el metro, cómo funciona el autobús, la biblioteca del barrio, el mercado, el espacio público. La gente aprecia que el Ayuntamiento hace un trabajo muy importante para garantizar la calidad del servicio público.
Y yo creo que eso es lo que más cohesiona una ciudad: sentir que la ciudad te protege, que la ciudad te da los servicios que necesitas y que estos servicios los tienes cerca de casa. Este es el gran éxito de la ciudad y, efectivamente, la ciudadanía esto lo aprecia y lo valora, aunque, evidentemente, tenemos problemas y retos que debemos afrontar colectivamente.
– De hecho, en el barómetro municipal, la ciudadanía aprueba la gestión del Ayuntamiento, pero señala diversas preocupaciones. La vivienda es la primera y la inseguridad es la segunda, aunque cada vez con menos distancia. ¿Cómo valora estas percepciones?
– Para empezar, las preocupaciones de la ciudadanía son las nuestras. Y en las dos vertientes, tanto con la vivienda como con la seguridad hay una evolución, unos buenos resultados del trabajo hecho en estos tres años.
En cuanto a la vivienda y gracias a la aplicación de la regulación de los topes del precio del alquiler somos la única gran ciudad del Estado que ha parado la subida de los precios del alquiler. De hecho, ha bajado un 5% en los últimos dos años. Es verdad que todavía está a niveles muy altos, pero si no hubiéramos aplicado estos topes, hoy probablemente el precio del alquiler en la ciudad sería 300 o 400 euros de media más caro.
Y desde el punto de vista de la seguridad, a pesar de que soy consciente de la preocupación de mucha gente, lo cierto es que también llevamos dos años de descenso continuado de los delitos. La multirreincidencia está bajando de forma sostenida y, además, hemos posibilitado que se incremente la actuación judicial y policial que resuelve parte de este problema
Que no son cosas que se resuelvan en un día —yo creo que esto lo entiende todo el mundo; el problema de la vivienda es tan grande y es tan global que no se resolverá en un mandato ni probablemente en dos—, pero sí podemos decir hoy que estamos construyendo el doble de vivienda protegida que hace tres años. Sí podemos decir hoy que si sumamos toda la bajada de los pequeños delitos en la ciudad, hemos bajado un acumulado de casi un 35%. Vamos en la buena dirección.
– Hablemos de vivienda. Señalaba que habéis conseguido controlar el precio de la vivienda, pero el sector sigue sufriendo un problema de falta de oferta disponible. Cada vez hay menos oferta de pisos disponibles en el mercado.
– Esto no es del todo cierto.
– Así lo aseguran las inmobiliarias...
– Hombre, claro. Aquí cada uno lo explica lo que le viene bien… Nosotros el objetivo que tenemos a medio y largo plazo en la ciudad es garantizar el derecho a quedarse en la ciudad. Y esto quiere decir, para empezar, construir vivienda asequible, regular y construir más vivienda protegida. Y lo estamos haciendo. Este año entregaremos 1.000 viviendas, el próximo año 1.200, y doblaremos la media anterior...
– El objetivo es llegar a los 15.000 para 2027 según el Plan Vivir.
– Efectivamente. Por lo tanto, queremos llegar a las 15.000 viviendas para aumentar el parque de vivienda de alquiler protegido, y también dinamizar el mercado privado. Y sobre esto tenemos dos buenos ejemplos gráficos: dos barrios nuevos que en estos momentos se están haciendo en Barcelona: la Marina del Prat Vermell y la Sagrera. En la Marina del Prat Vermell se está construyendo un barrio de casi 10.000 viviendas nuevas. Y todavía no se ven las grúas, o algunas sí, pero en la zona de Sant Andreu, en el nuevo barrio de la estación de la Sagrera ya se están construyendo unas 3.000 viviendas nuevas. Solo en estas dos zonas, entre público y privado, van más de 25.000 viviendas que ya han empezado a construirse. Es decir, hay luz al final del túnel.
“Nunca se deberían haber dado licencias de pisos turísticos”
– Antes de terminar su mandato, ¿cuántas viviendas protegidas estarán listas para entregar las llaves?
– Habremos entregado unas 3.000, habrá 5.000 en construcción y, en previsión, con el suelo preparado, unas 10.000. Y, muy importante: 10.000 más de golpe en 2028 cuando no renovemos las licencias de los pisos turísticos. Seremos la primera ciudad del mundo que lo hará, y lo hacemos porque creemos que los pisos turísticos están vulnerando o perjudicando el derecho a la vivienda. Y poner 10.000 viviendas turísticas a uso residencial es el equivalente a prácticamente una década de construcción de vivienda en la ciudad de Barcelona.
– Bueno, porque se ha construido poco en los últimos años.
– Sí, se ha construido poco tanto desde el sector público como por el privado.
– En el caso del privado, ¿por la reserva del 30% de la obra nueva a VPO?
– Y porque la crisis de 2008 afectó mucho al sector inmobiliario y detuvo la construcción, y el sector tardó mucho en reactivarse. También porque en Barcelona no tenemos demasiado suelo, somos una ciudad de 101 km² y tenemos pocos espacios para crecer. Pero ahora lo estamos haciendo. Y también estamos siguiendo muchas otras estrategias, como la rehabilitación.
– ¿Y cambio de uso de oficinas a vivienda?
– También. Son otras estrategias que estamos siguiendo, aparte de la eliminación de los pisos turísticos, que forman parte de la política del Plan Vivir. Como el debate que se ha abierto sobre los bajos comerciales y la conversión en viviendas. Hay margen para que todavía pueda crecer la oferta en la ciudad y, también en el conjunto del área metropolitana. Y por lo tanto, es importante también mejorar el transporte público...
“Los pisos son para vivir”
– Volvamos a los pisos turísticos. ¿Eliminar las licencias de pisos turísticos resolverá el problema de la vivienda?
– Contribuirá mucho. 10.000 viviendas para uso residencial significa 25.000 personas que se pueden quedar a vivir en Barcelona. 10.000 viviendas que vuelven a tener uso residencial es el equivalente, como te decía antes, a una década de construcción de vivienda nueva. También ayudará a resolver problemas de convivencia tanto para las comunidades de propietarios como en algunos barrios, y también en términos de identidad de la ciudad se notará.
Por eso hemos hecho esta batalla tan importante en Bruselas. Y hemos dado un gran paso con la aprobación del Plan de la Vivienda Europea Asequible, porque queremos blindar y asegurar que este camino que hemos empezado no tenga marcha atrás.
– Respecto al problema de convivencia: si los pisos turísticos de Barcelona estuvieran concentrados en edificios, todos juntos, y no estuvieran molestando al vecino del mismo rellano, ¿entonces no sería un problema tan grave para Barcelona?
– No sería tan grave, pero nosotros partimos de la base de que lo más relevante de la de la propuesta y de la decisión que hemos tomado de eliminar los pisos turísticos es porque los pisos son para vivir. Si es una vivienda, el uso residencial es la prioridad en una situación de emergencia habitacional como la que estamos en la ciudad de Barcelona. Y, por tanto, cualquier piso que no tenga un uso que sea para vivir, el Ayuntamiento debe hacer posible, en la medida de sus competencias, para que sea un lugar para vivir.
“Cuando una política pública no da el resultado que buscas, la tienes que cambiar”
– Pero si la emergencia habitacional se resuelve, ¿se podría replantear volver a dar licencias? Quizás sería que se dieron demasiadas licencias en un momento…
– Mi visión es que nunca se deberían haber dado licencias de pisos turísticos. Para eso ya están los hoteles o las pensiones o los albergues juveniles.
– Analicemos otra medida. La de la reserva del 30% para vivienda protegida en la obra nueva de Barcelona, que ha resultado en muy pocos pisos nuevos, y aún menos de protección oficial. ¿Se debería revisar esta normativa?
– Sí. Yo en esto soy muy claro y muy práctico: cuando una política pública no da el resultado que buscas, la tienes que cambiar.
– Y no lo ha dado.
– No, no lo ha dado, o lo ha dado muy mínimamente. Y nosotros le dimos apoyo, como la mayor parte de los grupos que ahora están en el Ayuntamiento, porque la intención es buena. Es decir, de la obra nueva que un 30% se reserve para vivienda asequible tiene buena intención.
– ¿Ha fallado porque cae demasiado en el capital privado?
– No, lo que pasa es que la norma tal como está ahora fuerza que la reserva se haga en el mismo edificio y eso retrae la promoción. Eso el promotor no lo ve claro por muchos motivos y no lo hace. Y tenemos congelada mucha inversión. Con esto, lo que estamos proponiendo es coger este 30% y repercutirlo en edificios enteros de vivienda asequible. Es decir, sumar este 30% a promociones de vivienda asequible.
– Pero eso quiere decir que aquel promotor tiene que tener muchas promociones...
– No. Por ejemplo, si yo hago una promoción de 10 viviendas libres como promotor privado y tres las tengo que reservar para vivienda protegida, estas tres no es necesario que estén dentro de la promoción. Se podrán construir en un edificio que haremos de protección oficial.
– ¿Pero de quién es este edificio?
– Público.
– Entonces los costes los paga el privado pero en un edificio público.
– Efectivamente. Esto es lo que se hace en muchas ciudades europeas. Esto se llama repercutir el 30%.
– ¿Y qué dice el sector?
– El sector está a favor. El problema es que por motivos políticos en el Ayuntamiento no hemos podido hacer una mayoría suficiente en estos momentos, pero no quiero entrar en polémicas políticas. Pero creo que el acuerdo era muy razonable.
– ¿Se plantea reducir este porcentaje del 30% al 20%?
– No, porque es una es una es una cantidad que el sector privado ya estaba dispuesto a hacer y a dar y a repercutir en promociones de vivienda protegida.
– Hablemos de desigualdades. Barcelona es una ciudad muy rica culturalmente, empresarialmente, pero sufre fuertes desigualdades; sufre diferencias históricas socioeconómicas entre unos barrios y otros. ¿Cómo detecta el Ayuntamiento de Barcelona las desigualdades de esta ciudad?
– Primero, que la primera forma de luchar contra la pobreza y las desigualdades es generar riqueza. Y, por lo tanto, que la economía funcione, que a las empresas les vaya bien, que las empresas contraten, que tengamos empresas en sectores que pagan buenos sueldos. Y esto en Barcelona afortunadamente está pasando.
Uno de los éxitos de Barcelona es que en estos momentos tenemos una tasa de paro mínima. Hay, pero es mínima. Por eso viene gente a la ciudad a trabajar, por eso llega talento de grandes multinacionales, e ingenieros y científicos, y también de personas que trabajan en el sector servicios o en el sector de la hostelería, porque la ciudad está creciendo económicamente.
¿Qué debe hacer la Administración? Garantizar que todo el mundo recibe en igualdad de condiciones los mismos servicios públicos. Y Barcelona es una ciudad que tiene en todos sus barrios –o muy cerca de casa de todo el mundo– una biblioteca, un centro de asistencia primaria, un mercado municipal, una parada de metro, un servicio de autobuses... Esta es la primera garantía de la cohesión de una ciudad.
– La ciudad de los 15 minutos.
– Pero para todo el mundo. Que no por el hecho de que viva a la derecha del Eixample o que viva en Sant Andreu de Palomar o viva en Navas tenga diferentes servicios de los que tienen en el Eixample Esquerra o que pueden tener en Sant Gervasi. Es decir, igualar los servicios para todo el mundo. Esa es la idea de una ciudad socialdemócrata, de una ciudad que crece y apuesta por la economía, pero que distribuye por la vía de los servicios en condiciones de igualdad a todos los ciudadanos.
Ahora bien, a mí de las desigualdades que existen en la ciudad, la que más me preocupa y que tiene más dificultades para resolver es la pobreza infantil. Es la pobreza de origen, de familias migradas muchas veces, que velamos por garantizar que desde el inicio, desde la guardería, tengan las mismas oportunidades de acceso para salir de situaciones de pobreza o de desigualdad cronificada. Aquí es donde ponemos el foco, sobre todo el Plan de Barrios, que es un plan que también distribuye prácticamente 400 millones a los 27 barrios más vulnerables de Barcelona.
– Le quería preguntar justamente por tres indicadores para detectar las desigualdades en la ciudad. Nombra uno, que es la pobreza infantil. ¿Qué otros dos indicadores podríamos tener identificados?
– El índice de abandono escolar. Normalmente cuando un niño o una niña abandona la escuela antes de tiempo es por una cuestión de origen social y económico. Con esto, afortunadamente, estamos mejorando los datos gracias a los planes de barrios que estamos aplicando, sobre todo con enseñanza. Y después también podemos observar la desigualdad de rentas, es evidente, pero aquí el Ayuntamiento puede hacer menos. Lo que nosotros podemos trabajar más es la igualdad práctica, la cotidiana.
– De accesibilidad a servicios e infraestructuras.
– Como por ejemplo, a los deportes. Nosotros invertimos 15 millones de euros al año en becas deportivas para que todos los niños y niñas de la ciudad puedan hacer actividades extraescolares de deportes.
O también damos una ayuda con la Renta Mínima Infantil Garantizada, una especie de cheque que garantiza comida y material escolar para las familias más vulnerables. Somos la primera ciudad del Estado que la puso en marcha.
Hemos ido adoptando medidas de reequilibrio para que la prosperidad de esta ciudad sea compartida. En esta ciudad que vienen congresos y que se anuncian grandes inversiones de grandes empresas –y que está muy bien que sea así y debe seguir siendo así–, no queremos que nadie se quede atrás.
– Hablemos de grandes transformaciones. Las supermanzanas han celebrado sus 10 primeros años en Barcelona. ¿Qué valoración se hace 10 años después?
– De las supermanzanas hace mucho más.
– ¿Pero de la primera?
– Y tanto. La primera fue Portal de l'Àngel. La siguiente fue la Avenida de Gaudí. Y después vinieron las supermanzanas, que no se le llamaba así entonces, que eran las pacificaciones que se hicieron en la Vila de Gràcia, en Sant Andreu, en Sants, en la zona de Sarrià. Es decir, las villas que forman parte de la ciudad de Barcelona fueron las primeras grandes supermanzanas porque eran áreas pacificadas donde la dimensión humana de la ciudad tenía más relevancia en detrimento, efectivamente, del automóvil, que ocupaba en estas villas mucho espacio.
Ahora bien, lo que se conoce como la supermanzana de Consell de Cent, yo creo que es la primera que lo que hace es intervenir directamente en la trama Cerdà horizontalmente (porque en las diagonales ya se había intervenido, con la Avenida de Gaudí) y eso produce una disrupción en la movilidad…
– Y cierta resistencia.
– Y por lo tanto, cierta cierta resistencia. Nosotros hemos intentado no conflictivizar estos procesos de pacificación, por ejemplo en la Meridiana. Hemos intentado, y creo que hemos conseguido, dialogar con todos los sectores afectados, porque hay muchas veces gente que de estas pacificaciones sale perjudicada o como mínimo tiene que cambiar hábitos de movilidad, de tiendas que están en aquella zona...
Mi conclusión es que de cada etapa de pacificación que ha hecho la ciudad en los últimos 30 o 40 años hemos aprendido cosas. Y yo creo que la gran lección seguramente de Consell de Cent, que ha quedado una obra magnífica y que mucha gente disfruta en estos momentos, es sobre todo de dos características: la primera es si realmente hemos reducido la movilidad global o no del Eixample, y los datos nos dicen que más bien no porque se ha desviado por otras calles.
– Y se ha provocado una mayor congestión en esas calles.
– Así es, y no era este el objetivo. Y otro efecto que también tendremos que tener muy presente en futuras pacificaciones es cómo ha impactado esto en el precio de la vivienda.
– Claro, cuando mejoramos la ciudad o zonas específicas, pero lo que estamos provocando es que se encarezca esa zona, se provoca que en el próximo ciclo ya no pueda vivir esa gente a quien se quería ayudar, ¿no?
– Efectivamente. Y eso reconozco que es una paradoja.
– Una paradoja urbanística.
– A la cual no tengo una respuesta todavía, o una solución clara. Yo solo señalo que aquí hay una paradoja que la ciudad tiene que acabar de reflexionar entre todos y todas. Porque efectivamente el objetivo no era que se expulsara gente, o que la gente se vendiera el piso porque ganaba mucho dinero.
– Por lo tanto, esta reflexión todavía no está resuelta, pero la de movilidad sí, ¿no? Se ve claramente que se ha provocado una congestión en las zonas confluentes. Para las supermanzanas o pacificaciones actuales, ¿se está teniendo en cuenta?
– En cada proyecto de pacificación se produce una repercusión en la movilidad. En la Meridiana, que la acabamos ahora, que son prácticamente 5 km, hemos convertido una de las arterias de entrada de la ciudad en lo que será una rambla. O el proyecto de pacificación de Les Rambles, que si todo va bien inauguraremos en febrero, reduce mucho la movilidad, y la deja prácticamente solo para mercancías y transporte público.
Por lo tanto el plan, efectivamente, es que haya un servicio de transporte público que pueda suplir lo que vamos reduciendo de transporte privado. Un transporte privado que siempre existirá y contra el cual yo no haré ninguna guerra, porque un señor o una señora que trabaja en un polígono industrial del Baix Llobregat y que se tiene que levantar a las 4 de la mañana porque entra a las 5 a trabajar en la fábrica, a veces no tiene otra alternativa que coger el coche. Y nosotros eso lo tenemos que tener presente. No podemos obviar ni pensar que algún día dejará de cogerlo o usarlo. Pero aquí entra la importancia de invertir más en metro, que se está haciendo, y entra el debate de Rodalies, que a nosotros nos afecta especialmente. y que espero que vaya mucho mejor en los próximos años.
– Doy un buen salto porque nos queda poco tiempo, y salto del debate de Rodalies al debate de la ampliación del aeropuerto. ¿Qué aeropuerto necesita Barcelona?
– Más conectado. Debemos estar más conectados, sobre todo con Estados Unidos y Asia. Y eso significa tener más vuelos directos para que puedan llegar inversiones y empresas de mayor valor añadido. Porque si queremos mejores puestos de trabajo en Barcelona necesitamos que la gente que hace empresas en estos ámbitos del mundo pueda conectar directamente con Barcelona. Y también desde el punto de vista turístico: el turismo que nosotros buscamos y queremos para Barcelona –que no es más turismo, sino mejor turismo– es el que viene también de Estados Unidos y de Asia. Y por lo tanto, en la medida que tienes conexión directa, tienes más posibilidades de que venga este tipo de turismo a nuestra ciudad.
“Barcelona ya no necesita grandes eventos ni para promocionarse ni para tener grandes proyectos de transformación"
– ¿Qué retorno espera o busca Barcelona de los grandes eventos internacionales que acoge, como la visita del Papa o el Tour de Francia?
– La visita del Papa es una visita institucional, no no es una visita planificada...
– Una visita institucional con bastante gasto público...
– Evidentemente, si viene el el jefe de la Iglesia Católica, que es la iglesia mayoritaria en nuestro país, y viene a inaugurar la culminación de una obra tan emblemática e icónica como la Sagrada Familia, pues la ciudad, el Estado, Cataluña, debe poner los medios para que eso funcione bien. Y funcionó perfectamente, como todo el mundo puede puede haber visto.
– Sabemos el gasto. ¿Pero sabemos el retorno?
– El retorno no es un retorno económico del todo. Es decir, no ha habido ni por el Tour ni por la visita del Papa un aumento del número de turistas, por lo que nos han dicho los hoteles.
– También ya estábamos en ese momento en temporada alta...
– Sí. Estábamos en el 90% y pico de ocupación, y tampoco es lo que buscábamos.
Con la Sagrada Familia Barcelona ha vivido un momento wow, un momento de ver de nuevo la ciudad brillar...
– Esa autoestima de la que hablábamos, ¿no?
– Efectivamente. Y de alguna manera nos ha reconciliado con la Sagrada Familia como icono que es de la ciudad.
"Ya hemos llegado al límite del número de turistas en la ciudad"
Pero no era una visita promovida, sino que era una visita que nosotros teníamos que atender. Y sobre el Tour, es uno de esos grandes eventos que muchas veces los sectores deportivos piden, y que tienen derecho a promover, y que nos proponen, y que nosotros, si nos parece que son adecuados para la ciudad, los hacemos y los haremos. Ahora bien, Barcelona ya no necesita grandes eventos ni para promocionarse ni para tener grandes proyectos de transformación.
– No, pero los tiene.
– Y por eso ya no estamos obligados a buscar grandes eventos. Lo que tenemos que cuidar es nuestra reputación internacional. Lo que tenemos que cuidar es que la Barcelona que se proyecta al mundo sea una ciudad que ofrece cultura, que ofrece gastronomía, que ofrece oportunidades económicas, que ofrece seguridad, y y que continúe funcionando el sector turístico.
Ahora bien, nosotros ya hemos dicho que hemos llegado al límite del número de turistas en la ciudad, y por eso hemos tomado medidas como es la de los pisos turísticos o como la de la fiscalidad de los cruceros, que pondremos en marcha a partir del 1 de enero, porque queremos desmasificar el turismo y queremos mejorar la experiencia de la persona que viene a visitarnos.
O con los congresos mismos, como el Mobile, quienes vienen para nosotros no solo son visitantes, son personas que toman decisiones en sus empresas y, el hecho de que vengan, muchas veces ha supuesto que se implementen empresas en Barcelona, que después generan puestos de trabajo de calidad en la ciudad.
– Un pequeño salto personal: Ha dedicado buena parte de su trayectoria profesional a la política. Son ya unos cuantos años. ¿Qué queda de aquel Jaume Collboni?
– ¿Que qué queda? Todo. De hecho, yo en política entré antes de entrar en política. Yo estoy en política desde que tengo uso de razón. Desde que tenía 13 años, que me hice consejero escolar de mi instituto, porque quería mejorar el sistema educativo y quería mejorar mi instituto. Aquí en el barrio del Fort Pienc. Esta fue mi primera responsabilidad, y desde entonces he hecho política.
A un partido político entré, sin embargo, mucho más tarde, y a la política como tal me he dedicado desde hace 10 años. Yo siempre he tenido compromiso político, y cuando deje de ser alcalde, seguramente tendré compromiso político también.
– La manera de hacer política durante estos años ha cambiado mucho, pero también la manera de comunicar la política. Hoy muchos políticos son creadores de contenidos en las redes sociales, pero además muy profesionalizados. ¿Qué ganamos y qué perdemos con esta manera de hacer política?
– Yo creo que es cuestión de adaptarse. Cuando yo empecé en política o cuando yo hacía campañas en la facultad, no había internet, y todo eran cartelerías y contacto directo. Por lo tanto, se trata de adaptarse, sin volverse loco, y sin caer en las trampas de la comunicación permanente y del ruido. De hecho, creo que hemos aprendido también a separarnos del ruido de las redes, que es muy importante.
"Quiero dejar una Barcelona mejor, y una Barcelona que garantice el derecho a la gente a quedarse"
– A no responder o no entrar en todo, ¿no?
– No, porque nuestro trabajo requiere concentración y reflexión. Y, por lo tanto, yo no vivo enganchado a las redes sociales, ni mucho menos. De hecho, no las tengo ni en el móvil. Pero entiendo que es un canal de comunicación y de llegar a mucha gente muy importante. Sobre todo Instagram, porque Twitter lo dejé porque considero que se ha convertido en un lugar absolutamente tóxico y manipulado por un señor que tiene intenciones muy perversas. Y seguro que pierdo oportunidades por no estar ahí, pero creo que también tenemos que tomar decisiones como estas.
– Tenemos las elecciones municipales a la vuelta de la esquina. ¿Qué Barcelona quiere dejar?
– Una Barcelona mejor, y una Barcelona que garantice el derecho a la gente a quedarse. Es la voluntad con la cual yo empecé a dedicarme a la vida política y al Ayuntamiento hace muchos años.
Estoy muy contento de los avances y de los cambios que hemos hecho, y de estos resultados de los cuales hablaba: de vivienda, de seguridad, de espacio público y de transformación de la ciudad. Estoy contento de poder decir que hemos vuelto a tener grandes proyectos de transformación en la ciudad, que es lo que nos da grandes oportunidades. Como la nueva estación de La Sagrera o el nuevo barrio de La Marina; con esto también estoy particularmente orgulloso. Y también de pequeñas obras que quizás tocan mucho las narices pero que son necesarias, para mejorar el alcantarillado para hacer frente a las lluvias, para tener un alumbrado más sostenible, para tener un espacio público mejor y más adaptado al cambio climático…
Esta es la Barcelona que queremos y sobre todo la Barcelona que merecemos.
– Gracias, alcalde.