De generación perdida a un motor del sector editorial: el impulso de la literatura juvenil

Joves Sant Jordi 2024 - Jordi Borràs ACN
Joves Sant Jordi 2024 - Jordi Borràs ACN

En un mundo digital e hiperconectado, los jóvenes y adolescentes se consolidan como el grupo que más lee, atraídos por géneros como el 'young adult', el 'romantasy' o el cómic. Editoriales, librerías y bibliotecas trabajan para ofrecerles historias diversas que les interpelen y actividades que los conecten, con el reto de fomentar también la lectura en catalán.

04 de diciembre de 2025 a las 00:10h
La generación perdida. Así es como, demasiado a menudo, se define a los jóvenes y adolescentes. Una etiqueta fácil, fruto de cierta falta de empatía, estigmas e incomprensiones. Esta percepción se proyecta en todos los ámbitos de la vida de estas generaciones, también en el cultural. La adolescencia, de hecho, es una etapa decisiva para la adquisición de hábitos lectores: el último informe de Hábitos de lectura y compra de libros, elaborado por la Generalitat, señala los 15 años como la edad en la que muchos jóvenes descubren su pasión por la literatura. Paradójicamente, sin embargo, también es la edad en la que muchos abandonan la lectura y se decantan por otros productos culturales.En un momento en el que los índices de comprensión lectora de los jóvenes españoles se sitúan por debajo de la media europeacomo indican los datos del último informe PISA— y en el que las redes sociales imponen el scroll infinito y el consumo rápido de contenido, es fácil pensar que los adolescentes están dejando de leer. Y que, por tanto, son un público literariamente perdido, difícil de seducir a través de la lectura. Sin embargo, rara vez se profundiza más allá de esta afirmación. ¿Realmente leen menos? ¿Qué les ofrece la industria editorial y qué buscan? ¿Qué productos culturales les atraen y cómo se pueden potenciar? ¿Busca realmente el sector editorial ofrecerles contenido de calidad o prefiere seguir produciendo éxitos rápidos y comerciales?

Los datos, de hecho, desmienten el tópico: las nuevas generaciones no solo no han dejado de leer, sino que leen más que las anteriores. En Catalunya, el porcentaje de lectores mayores de 14 años crece año tras año: un 73,9% de la población catalana ha leído al menos un libro por trimestre, según el informe de Hábitos de lectura y compra de libros; cuando hace menos de diez años, en 2016, esta cifra se situaba diez puntos por debajo (67,8%). Y el grupo que más lee es, precisamente, el de 14 a 24 años (76,1%), seguido de los adultos de 55 a 64 años (75,9%).

Esta tendencia sitúa a los jóvenes catalanes casi como una excepción europea. Mientras el mercado editorial pierde fuerza en países como Francia, Italia o Reino Unido, en España, Portugal y Latinoamérica la industria alcanza cifras récord tanto en número de lectores como en facturación. Solo en la primera mitad de 2025, el sector facturó 586 millones de euros en ventas, según GfK (NielsenIQ). Un fenómeno que, en el mercado editorial, ya se conoce como “la excepcionalidad ibérica”.

“En comparación con el resto de Europa, el caso de España y especialmente el de Catalunya es muy significativo”, reconoce Eva Güell, profesora de Edición en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y la Universidad de Alcalá, y consultora editorial especializada en estrategia digital. Pero, ¿qué explica esta excepcionalidad? Por un lado, “la buena salud de la red de bibliotecas públicas, pero también de librerías, que no solo no han desaparecido como se vaticinaba hace unos años, sino que se han reforzado como agentes esenciales para la promoción lectora”.

Güell apunta, además, otro factor clave: la explosión de la literatura juvenil, impulsada especialmente por el género del romantasy (que combina fantasía y novela romántica) y el young adult, sobre todo entre las lectoras. De hecho, el género infantil y juvenil es el que más ha crecido en valor durante la primera mitad de 2025, con un incremento del 9,2%, según GfK.

Jóvenes mirando libros durante la Diada de Sant Jordi. © Elena Pastor

La fantasía como refugio

Vampiros, dragones, brujas, reinos imaginarios… El romantasy combina la magia de la fantasía con la inocencia y la pasión del primer amor, generando historias adictivas que inundan las redes sociales, se agotan en las librerías y llenan festivales y ferias con colas interminables. Un fenómeno comercial del que los grandes grupos editoriales están sabiendo aprovecharse, y que, además, refleja una realidad más profunda: adolescentes y jóvenes reclamaban historias diferentes a las que el mercado tradicional les estaba ofreciendo.

Este fenómeno comenzó, de hecho, al margen de la industria editorial —pero ahora ha sido absorbido y potenciado por el sector—. Muchas de las autoras que hoy mueven masas, como las estadounidenses Sarah J. Maas (Una corte de rosas y espinas) o Rebecca Yarros (Alas de sangre), empezaron autopublicándose. Algunas, además, se dieron a conocer a través de plataformas como Wattpad, donde destacan sobre todo la ciencia ficción, las historias románticas e incluso los fanfics (textos generados por los fans de un producto cultural, como una serie).

Asistentes al Crush Fest, festival celebrado en Barcelona y centrado en la literatura young adult. © Crush Fest
La demanda de diversidad (de género, sexualidad, origen étnico o contextos sociales) ha encontrado un canal natural en estas plataformas, donde los propios usuarios son los autores, dando voz a experiencias de su día a día y a sus inquietudes. Plataformas donde, en definitiva, las nuevas generaciones conectan y se reconocen porque están escritas en un lenguaje que identifican, que comprende su mente y sus emociones.Y también han sido las redes sociales precisamente el canal a través del que estos textos se han consolidado y popularizado, generando una comunidad fiel. “Los jóvenes, en cierta medida, hemos perdido el contacto con los medios tradicionales, y las redes sociales son el canal a través del que expresarnos, reconocernos e incluso recomendar libros que nos han apasionado”, asegura Marta Sangrà, que comparte su pasión por la literatura con casi 20.000 seguidores en Instagram (@mardellibres) y trabaja profesionalmente en el ámbito editorial. Aun así, Sangrà reconoce que el peligro de las redes y los algoritmos es que tienen el poder de imponer el canon literario, promocionando los libros que ya tienen éxito comercial para conseguir más visualizaciones y likes, imponiéndose la literatura mainstream, e invisibilizando propuestas de calidad o de editoriales independientes.

Ampliar la mirada, romper prejuicios

“Solemos tener una visión muy reduccionista y simplificada de los adolescentes. Y con las novelas pasa lo mismo: parece que todos se enamoran de la misma manera o que solo tienen preocupaciones banales, cuando, en realidad, tienen un mundo interior tan rico como el de los adultos”, sentencia Cristian Olivé (Barcelona, 1987), autor de varios libros de pedagogía y de la dilogía juvenil Únics (Rosa dels Vents). Por este motivo, en sus historias intenta reflejar esta diversidad y estas preocupaciones, basándose en vivencias propias pero también en lo que observa en las aulas, impartiendo clases de lengua y literatura en secundaria.
Una mujer en la presentación del cómic Darrere de les persianes. © Albert Mitjavila

A partir de la historia de dos hermanos, aparentemente idénticos pero con personalidades muy diferentes, Olivé explora en Únics temas cotidianos pero complejos como la preocupación por los conflictos bélicos internacionales, la traición, la amistad, los secretos o el primer amor. El objetivo de esta saga también era ofrecer historias de amor protagonizadas por parejas gays, pero “de forma muy natural, sin convertir este hecho en el centro de la trama”.

“Hay que romper con las clasificaciones por género o edad: una obra literaria no entiende de edades, sino de conexión. Los jóvenes necesitan y agradecen que los protagonistas reflejen la diversidad de su generación”, reflexiona Olivé. En este argumento coincide Laura Huerga, cofundadora de la editorial de ensayo y narrativa Raig Verd: “A los jóvenes debemos ofrecerles contenido de calidad, que no sea solo comercial, porque solo así podrán descubrir el verdadero amor por la lectura, con libros que dejan huella, y que no son un mero entretenimiento rápido de baja calidad”, argumenta Huerga.

Laura Huerga en el estand de Raig Verd en la Setmana del Llibre en Català. © La Setmana
Desde Indòmita, el sello juvenil de Raig Verd, contribuyen a esta diversidad en la literatura juvenil: con textos de ensayo sobre temas como el feminismo, el ecologismo o la justicia social. “Los jóvenes son los lectores con más curiosidad y exigencia: quieren diversidad y contenido que merezca la pena”, defiende la escritora y editora. De hecho, desde las bibliotecas de la ciudad han observado un incremento del interés por el ensayo. “La reflexión sobre el mundo contemporáneo, desde un punto de vista social, ha ido proliferando en los últimos años, también porque editoriales catalanas están luchando por cultivar este género”, confirma Ferran Burguillos, gerente del Consorci de Biblioteques de Barcelona. Las bibliotecas intentan combinar la compra de novedades y libros solicitados por los usuarios con la apuesta por los clásicos y el canon literario. Los clásicos, de hecho, también están captando la atención de jóvenes y adolescentes, sobre todo en ediciones especiales o formatos reducidos como los Petits Plaers de Viena Editorial.

El cómic, un lenguaje universal

Otro de los géneros que seduce a jóvenes y adolescentes es el cómic y la novela ilustrada. Según el informe de Hábitos de lectura y compra de libros, un 37,5% de los jóvenes entre 14 y 24 años ha leído al menos un cómic en el último trimestre. Una tipología de historias que continúa seduciendo generación tras generación, aunque sea un formato estéticamente analógico. “Es paradójico cómo, en un mundo digital, triunfa un formato en blanco y negro que se lee al revés”, enfatiza Óscar Valiente, director de Norma Editorial. Impulsado sobre todo por el manga japonés, que llegó a Catalunya en la década de los 90 gracias al exitoso fenómeno de Bola de Drac, sigue triunfando entre jóvenes y adolescentes gracias a las producciones audiovisuales, además de los superhéroes norteamericanos o el cómic europeo.
Una persona hojea un cómic a la Fira del Llibre d'Ocasió, Antic i Vell. © Edu Bayer
Para Meritxell Puig, directora de FICOMIC —entidad organizadora de los eventos Còmic Barcelona y Manga Barcelona—, la clave del éxito es “su fuerza narrativa, que logra conectar con los lectores de forma muy directa y emocional, a través de un formato visual y accesible, con historias diferentes, pensadas para gustos y preferencias también muy diversas”.

Valiente también destaca el cambio de mentalidad por parte de las editoriales: de ser un fenómeno considerado casi de segunda o una subcultura, a ser un género masivo, no solo entre jóvenes, sino también entre adultos. “De ser un tipo de historias que se consumía en quioscos, ya que en las librerías solo podías encontrar Astérix y Obélix o Mortadelo y Filemón, a ser un género apreciado por una gran variedad de lectores”, resume.

Conectar físicamente en la era digital

En la difusión de este género también han jugado un papel clave los salones y eventos presenciales como el Manga Barcelona: “eventos como este son un punto de entrada para miles de lectores cada año, personas que quizás todavía no han adquirido hábitos de lectura consolidados, pero que al visitar el salón comienzan a fascinarse por este mundo, además de ser un punto de fidelización y vínculo para toda la comunidad de lectores fieles”, defiende Puig, a pocos días del inicio del salón, que se celebrará del 5 al 8 de diciembre, con la presencia de autores internacionales de renombre como Gou Tanabe, Tsutomu Takahashi o Akemi Takada. Pero Manga Barcelona no es único en su especie; la ciudad dispone de eventos para todos los gustos y lectores: desde el BCNegra, el Crush Fest (centrado en el género young adult), hasta el festival 42, de géneros fantásticos.
Asistentes al Còmic Barcelona. © Laura Guerrero
Además de los salones, librerías y bibliotecas también juegan un papel esencial en la difusión de la lectura y de los libros. Tras unos años en los que estos espacios parecían condenados a desaparecer con el auge de Amazon y la compra online —como también parecía que lo haría el libro en papel, que continúa siendo el formato preferido por delante de ebooks o audiolibros, especialmente entre los más jóvenes—, hoy estos espacios han demostrado que no solo no se han extinguido, sino que incluso se han fortalecido: las librerías han crecido un 19,4% en volumen de euros desde 2021, según datos de GfK. “Paradójicamente, en un mundo hiperconectado, necesitamos más que nunca las conexiones presenciales y espacios donde compartir nuestras aficiones y pasiones”, admite Daniel Benchimol, consultor editorial y director de Proyecto451.Barcelona cuenta con una red de librerías muy activa: desde La Central, la resurgida Sant Jordi, hasta librerías de autor, que ofrecen una agenda llena de actividades para difundir la pasión por la lectura. Asimismo, también dispone de una red formada por 41 bibliotecas públicas con un fondo de más de tres millones y medio de libros, que ofrece una programación muy variada: donde destacan desde encuentros con autores, clubes de lectura, talleres de creación, pero también un intenso trabajo con escuelas, hospitales y otras instituciones de la ciudad para promover la lectura.
Un joven en la biblioteca de Barcelona Gabriel García Márquez.
En los últimos años, “hemos pasado de un modelo de biblioteca centrado en el libro a un modelo centrado en las personas. Un cambio de modelo que también se refleja en la programación de la red de bibliotecas, con actividades horizontales y muy pensadas para cada uno de los públicos”, remarca Cèsar Moreno, responsable del Programa de Acción Lectora del Consorci de Biblioteques de Barcelona.Y uno de estos públicos objetivo son precisamente los jóvenes: además de propuestas educativas para llevar la biblioteca y la lectura a las aulas, también cuentan con una programación específica para este grupo de edad, con jornadas, talleres e incluso espacios jóvenes en distintas bibliotecas de la ciudad, adaptados a sus gustos e inquietudes. Paralelamente, los clubes de lectura también han experimentado un resurgimiento desde la pandemia: solo la red de bibliotecas de la ciudad ofrece una programación de más de 170 clubes de lectura, además de los de las librerías.

El catalán, la asignatura pendiente

Con el trabajo de todos los agentes implicados en la industria literaria —desde bibliotecas o librerías hasta editoriales o autores que se acercan a sus preocupaciones—, el sector está logrando que una generación que habitualmente se considera perdida se movilice masivamente por la literatura, llenando eventos y ferias del libro e impulsando la compra de ejemplares, mayoritariamente en formato físico. Sin embargo, el reto actual es que estas nuevas generaciones lean en catalán: solo un 33,9% de los catalanes lee habitualmente en esta lengua (mientras que un 63,9% lo hace en castellano).
"Afortunadamente, hay mucha diversidad en la literatura, pero esa diversidad no siempre llega a la literatura catalana"
Aunque el porcentaje ha aumentado ligeramente en los últimos años, el castellano sigue siendo la lengua predominante en la lectura, especialmente entre los jóvenes: solo un 27,2% de las personas entre 14 y 24 años y un 27% de las personas entre 25 y 34 años lee habitualmente en catalán. El Govern trabaja ahora precisamente para revertir estas cifras a través del conocido Pla Nacional del Llibre i la Lectura, que define la estrategia del sector entre 2023 y 2030: con el objetivo el 76% de la población mayor de 14 años lea un libro al trimestre, que el 65% lo haga al menos una vez por semana y que el 40% lea habitualmente en catalán. La idea es implicar a todo el sector: desde el Departament de Cultura hasta el de Educación, pero también a la industria editorial para que publique más títulos.
Joven leyendo durante la Setmana del Llibre en Català. © Lucas Amillano

“Afortunadamente, hay mucha diversidad en la literatura, pero esa diversidad no siempre llega a la literatura catalana”, lamenta el autor Cristian Olivé. De hecho, todavía hay pocos ejemplares de traducciones de novelas del género young adult o romantasy —el género predominante entre jóvenes y adolescentes—, y aunque cada vez hay más, siguen faltando referentes en el cómic en catalán. Son sobre todo las pequeñas editoriales independientes, que predominan en el mercado catalán con una gran variedad de compañías (156 de las 268 editoriales catalanas son pequeñas empresas que no superan los 600.000 euros de facturación anual), las que trabajan para que los éxitos internacionales se puedan leer en catalán y para que los grandes autores catalanes se traduzcan a diversas lenguas.

Para Laura Huerga, presidenta de la asociación PEN Català, la literatura catalana tiene cada vez más reconocimiento internacional: “la calidad de nuestra cultura es excepcional y está atrayendo las miradas de la crítica mundial, gracias también a la incansable labor de instituciones como el Institut Ramon Llull”. Así lo ha podido constatar estos días también en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), la gran cita literaria que esta semana se celebra en Guadalajara (México), con Barcelona como ciudad invitada. Asegura que editores de todo el mundo se han interesado por los autores representados y también por la lengua en la que escriben, animándolos a leer fragmentos en catalán al final de cada presentación. Desde las redes sociales, diversos creadores como Marta Sangrà —que crea contenido sobre literatura únicamente en catalán— también luchan por difundir el uso de esta lengua entre los más jóvenes.

Hasta el domingo 7 de diciembre, Barcelona despliega su potencial literario en la FIL como ciudad invitada. © Ajuntament de Barcelona

Sin embargo, Huerga recuerda que, para que el prestigio internacional de los autores catalanes se consolide, hacen falta más traductores al catalán, pero también más incentivos económicos, reclamando la aprobación de los presupuestos y que Cultura alcance el tan deseado 2%. En este sentido, considera que propuestas como las becas de residencia Narrar Barcelona, anunciadas en el marco de la FIL y destinadas a autores latinoamericanos, suponen un retroceso en los derechos lingüísticos, “sobre todo por el agravio económico comparativo con otras ayudas pensadas para textos en catalán”, como las becas Montserrat Roig.

Es con el esfuerzo de todos estos agentes implicados para ofrecer a los jóvenes y adolescentes contenido de calidad que conecte con estas nuevas generaciones, que hable su lenguaje —y que también lo haga en catalán— que la literatura continuará seduciendo lectores generación tras generación. Con historias diversas y variadas que los interpelen y emocionen, porque esta generación, a la que algunos califican de “perdida”, está más que dispuesta a perderse en la magia de los libros.

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