La tapa suele asociarse a una experiencia informal, rápida y sin demasiadas ceremonias. Un bocado que acompaña una bebida rápida en la barra de cualquier bar, que se comparte entre amigos antes de comer o que incluso permite disfrutar de una comida que nos devuelva a los orígenes. En Barcelona, sin embargo, estos días la tapa adquiere un signado totalmente distinto. Del 5 al 15 de noviembre, se convierte en la llave que permite acceder a algunos de los hoteles más exclusivos de la ciudad. No hace falta reservar una habitación, ser huésped ni asumir el coste de una experiencia gastronómica de alta gama. Basta con acercarse a uno de los doce establecimientos participantes en Hotel Tapa Tour y pedir una de sus creaciones en pequeño formato.
La propuesta permite, así, entrar en hoteles de cinco estrellas, recorrer sus espacios gastronómicos y sentarse en restaurantes, bares, jardines o terrazas que muchas veces quedan fuera del circuito habitual de los propios barceloneses. Y hacerlo, además, a través de una experiencia que conserva el espíritu informal y asequible de la tapa, con precios que oscilan entre los 8 y los 15 euros, según el establecimiento.
Esta es precisamente la filosofía que Hotel Tapa Tour defiende desde hace más de una década. Impulsado por la emprendedora aragonesa Nona Rubio, el festival nació en 2016 con una idea pionera: convertir la tapa, tradicionalmente vinculada a bares y tabernas, en una puerta de entrada a la gastronomía de los grandes hoteles. Diez años después, la iniciativa se ha consolidado como un escaparate de la cocina hotelera y una manera de reivindicar estos establecimientos como espacios abiertos a la ciudad.
Porque, aunque los hoteles de lujo forman parte del paisaje urbano, sus restaurantes y terrazas no siempre están entre los lugares que los ciudadanos incorporan a sus planes gastronómicos. Hotel Tapa Tour propone cambiar esta percepción: descubrirlos sin necesidad de alojarse en ellos y hacerlo, además, sin que el precio sea una barrera. Durante once días, doce hoteles abrirán sus puertas con propuestas exclusivas concebidas para el festival. Cada establecimiento presentará entre dos y cuatro elaboraciones que trasladan la personalidad de sus cocinas al formato tapa.
La experiencia se articula en cuatro categorías: la Tapa Nacional, inspirada en la gastronomía española y acompañada de vinos de la D.O. Ribera del Duero; la Tapa Fusión, que explora influencias internacionales y se armoniza con cavas de Guarda Superior de la D.O. Cava; la Croqueta de Autor, servida con cerveza Damm o Free Damm; y la Tapa Dulce, que llega acompañada de un cóctel, con o sin alcohol.

BLESS Barcelona: descubrir el lujo desde plaza Catalunya
La primera parada de esta ruta por algunas de las tapas que se pueden degustar durante el festival empieza en el corazón de la ciudad: plaza Catalunya. En el número 10 de la plaza se encuentra BLESS Barcelona, una de las grandes novedades del mapa hotelero de lujo de la capital catalana. Su apertura supone la llegada de la marca Bless Collection Hotels a la ciudad y lo convierte en el primer hotel de cinco estrellas situado en esta emblemática plaza.
El establecimiento ocupa un edificio con una larga trayectoria, que ha albergado distintos negocios e instituciones a lo largo de las décadas: desde el antiguo Hotel Colón hasta la sede de Banesto y del PSUC, pasando por su etapa más reciente como Iberostar Selection Paseo de Gràcia, con una de las terrazas más codiciadas del centro. La reapertura de este espacio permite, así, descubrir un edificio muy ligado a la historia reciente de Barcelona. Y hacerlo todavía mejor con una tapa. Para la ocasión, el chef Borja Hontoria propone dos tapas que permiten asomarse a la personalidad de su cocina. La Tapa Nacional consiste en una cocotte de alcachofa en salsa verde de jamón y velo ibérico. La Tapa Fusión, por su parte, apuesta por unos arancini de rabo de toro con queso pecorino. Ambas propuestas tienen un precio de 12 euro, y se pueden degustar sin reserva, de lunes a domingo, de 13 a 23 horas.
Hotel Club 29: una puerta a la Barcelona de los años veinte
Desde plaza Catalunya, la ruta continúa por paseo de Gràcia. Tras unos minutos a pie llegamos al número 29, donde se encuentra Hotel Club 29, otra de las recientes incorporaciones al mapa hotelero de cinco estrellas de Barcelona. El establecimiento toma su nombre de la dirección que ocupa y del año que inspira su universo estético: 1929. A través de la recuperación de un edificio histórico, Hidden Hotels propone viajar a aquella Barcelona cosmopolita de finales de los años veinte, marcada por la arquitectura, el diseño y el estilo de vida de la burguesía.

El chef Pau Gascó firma las propuestas del hotel para el festival. Entre ellas destaca Caviar de la tierra, una Tapa Nacional que reinterpreta el consomé tradicional clarificado con caviar de trufa. La segunda propuesta, Pato & Maíz, lleva el formato de la arepa latinoamericana a una elaboración con pato laqueado al estilo Pekín. La primera tiene un precio de 15 euros y la segunda, de 12, ambas con bebida incluida. También aquí se pueden pedir individualmente y sin reserva, de lunes a domingo, entre las 12 y las 23.30 horas.
Mandarin Oriental, Barcelona: una parada frente a la Barcelona modernista
Apenas unos pasos más adelante, siguiendo por paseo de Gràcia, aparece otra de las direcciones más reconocibles del lujo barcelonés: Mandarin Oriental, Barcelona. Situado frente a la Casa Batlló, el hotel ocupa una posición privilegiada. Desde su apertura, se ha convertido también en uno de los alojamientos de referencia para visitantes internacionales y personalidades que pasan por la capital catalana.
Su propuesta para Hotel Tapa Tour permite acercarse a su universo gastronómico sin necesidad de sentarse a la mesa de uno de sus restaurantes. La Tapa Nacional es una tortilla de patata con caviar, que se ofrece por 12 euros. La Tapa Fusión mira hacia la cocina internacional con un katsu sando de pato con alioli de peras, por 14 euros. Completa la selección una croqueta de jamón ibérico de bellota y escudella, disponible por 12 euros. Las tres propuestas se sirven sin reserva, de domingo a viernes, de 13 a 18 horas.

Palace Barcelona: una leyenda de la hotelería barcelonesa
Para continuar el recorrido, toca dejar atrás paseo de Gràcia y bajar hacia Gran Via de les Corts Catalanes. A pocos minutos a pie se encuentra El Palace Barcelona, un hotel que forma parte de la memoria social y hotelera de la ciudad desde que abrió sus puertas en 1919. Su arquitectura y sus interiores evocan la tradición de los grandes hoteles europeos, aquellos concebidos no solo como lugares donde alojarse, sino también como escenarios de encuentro para la vida cultural y social.
Para Hotel Tapa Tour, el chef Jordi Ferruz presenta tres propuestas: La Tapa Nacional es un dado de carrillera de vacuno con puré de boniato y vainilla. La Tapa Fusión apuesta por una ostra a la parrilla con chimichurri. La Croqueta de Autor, por su parte, recupera un clásico con una croqueta de pollo de payés y setas de temporada. Las tres propuestas tienen un precio de 12 euros, bebida incluida, y están disponibles de 12.30 h a 22 horas.
Cotton House: una historia ligada a la industria textil catalana
Prácticamente al lado de El Palace, en el número 670 de Gran Via, se encuentra Cotton House Hotel. El edificio que hoy acoge el establecimiento está estrechamente vinculado a uno de los sectores que marcaron el desarrollo económico de Catalunya: la industria del algodón. La antigua sede de la Agrupació Industrial Tèxtil de Fabricants de Cotó y de la Fundació Tèxtil Algodonera fue concebida como centro de referencia para una actividad que durante generaciones tuvo un peso decisivo en la economía catalana. Su transformación en hotel ha conservado parte de ese pasado y lo ha integrado en una propuesta que combina patrimonio, diseño y hospitalidad.
Para esta edición, el chef Francisco Novoa presenta cuatro elaboraciones que recorren distintos registros de la cocina. La Tapa Nacional es un canelón de jabalí, mientras que la Tapa Fusión propone una gyoza crujiente de carrillera con salsa takoyaki. A ellas se suma una croqueta de pollo rustido a la catalana. Los precios son de 15 euros para cada una de las dos primeras propuestas y de 8 euros para la croqueta, siempre con bebida incluida. La experiencia se puede cerrar con la Tapa Dulce, Fresa y vainilla, una elaboración que reúne ganache de fresa, cremoso de chocolate blanco y vainilla, bizcocho de vainilla y helado de fresa. Se sirve acompañada de cóctel o mocktail y tiene un precio de 15 euros.
Torre Melina: una última parada con vistas a Barcelona
La última parada obliga a alejarse del centro y desplazarse hasta la avenida Diagonal, en la zona de Les Corts. Allí se encuentra Torre Melina Gran Meliá, un hotel que plantea una experiencia distinta a la de los establecimientos anteriores: con un entorno más amplio y tranquilo. La visita de Hotel Tapa Tour permite, además, descubrir tres propuestas de restauración bajo un mismo techo: Grand Café, ERRE y Entre Cielos, cada uno con una personalidad propia.

Los chefs Enrique Santamaria, Pere Nacarino y Bruno Peixoto firman las elaboraciones de esta parada. La Tapa Nacional es un Bombón de liebre: un bombón de chocolate relleno de parfait de hígado de liebre, acompañado de piñones tostados, sablé de naranja y romero y un consomé de caza al amontillado. La Tapa Fusión propone un ravioli de lubina marinada en jengibre y lima kaffir, envuelto en panceta ibérica y servida con jugo de miso y crujiente de algas. Ambas tapas cuestan 15 euros, bebida incluida.
Para terminar, la Tapa Dulce combina mousse de ceps, chocolate al 70 %, piñones tostados, bizcocho de pino y albahaca. Se sirve con un mocktail y permite poner el broche final al recorrido mientras se disfruta de las vistas de Barcelona.
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