Bagués: una joya que fue joyería

El interior del Hotel Bagués es una especie de oasis de paz en el corazón de la prácticamente siempre abarrotada Rambla
El interior del Hotel Bagués es una especie de oasis de paz en el corazón de la prácticamente siempre abarrotada Rambla

Una antigua joyería, oro escondido tras los azulejos y un hotel que conserva el brillo de su historia en La Rambla

30 de octubre de 2026 a las 05:30h

Se dice que en la esquina de la Rambla con la calle del Carme hubo durante años una báscula roja en la que cualquier vecino podía pesarse gratis, y que de ahí le vino el nombre al edificio: El Regulador. Otros aseguran que la joyería que estaba allí ya se llamaba así antes de que llegara la báscula. Nunca se ha podido confirmar del todo. Lo que nadie discute es que hoy, en el número 105, ya no se pesa nadie: ahora se disfruta de un espacio exquisito, se come o se duerme.

Rambla 105 es la dirección del Hotel Bagués, protagonista del capítulo 29 de Hoteles con Historia e Historias de Hoteles, la serie que cada 15 días publicamos en The New Barcelona Post, y el primero del grupo Derby Hotels que aparece en estas entregas. El orden lógico habría sido empezar por el Claris, buque insignia del grupo, aunque esta propiedad, que también merece un capítulo, ya llegará.

El Bagués se encuentra entre el Palau de la Virreina y la iglesia de Betlem, a pocos portales del Méridien que visitamos en el capítulo 15, el 1898 en el 16, y en el mismo paseo que el Cuatro Naciones, con el que arrancó la serie. Es la Rambla de los capítulos 1º, 15º y 16ª, aunque esta vez la historia no va de diligencias, tabacos o de solares vacíos, sino de joyas.

Un arquitecto, un promotor y cinco plantas

El edificio lo levantó hacia 1850 el arquitecto Josep Fontserè i Domènech por encargo de Francesc Piña. La idea era sencilla: cinco plantas de estilo clasicista romántico, con influencia italiana, para alquilar por pisos. En los bajos, portales de medio punto con aplacado de piedra para los comercios y, aparte, la puerta de la escalera. 

Fontserè no era un arquitecto cualquiera. Años después firmaría el Mercat del Born y el parque de la Ciutadella, donde un estudiante llamado Antoni Gaudí le echó una mano con los cálculos de la cascada monumental. En la Rambla, Fontseré dejó fue una casa de vecinos elegante y discreta. Lo extraordinario vendría después, y empezaría por la planta baja.

 
Rambla 105, una dirección con historia, como la de todos los hoteles de nuestra serie Hoteles con Historia.    

El Regulador, entre el reloj y la báscula 

Entre 1883 y 1895, pues las fuentes no se ponen de acuerdo en el  año exacto, Joan Boix, vecino de la casa y joyero, se hizo con los bajos, los reformó con un estilo recargadísimo y abrió una relojería-joyería a la que llamó El Regulador.

 Un nombre de relojero, por cierto, y no el de una báscula, aunque ya hemos visto que la báscula tiene su propia leyenda.  La versión que cuenta la cadena Derby dice que era de uso libre para vecinos y clientes del mercado de la Boqueria, a dos pasos. La versión contraria sostiene que se instaló en los años cuarenta, cuando la joyería ya tenía ese nombre. Elijan la que prefieran: las dos son buenas historias, y en esta serie sabemos que a veces las leyendas pesan más que algunos datos.

Los Bagués y el oro detrás de los azulejos

En 1926, los hermanos Narcís y Amadeu Bagués abrieron su propio taller y joyería en Ciutat Vella. Les tocó sobrevivir a la guerra y a la posguerra, y la tradición familiar cuenta que lo lograron escondiendo el oro del taller detrás de los azulejos de la trastienda. Gracias a ello, en 1948 pudieron dar el salto a la Rambla y hacerse con El Regulador. En 1955 reformaron los bajos para devolverlos al diseño original de Fontserè, con un pequeño cambio exterior que, según cuentan, dio mucho que hablar durante décadas.

En la entreplanta, los huéspedes y los curiosos que soliciten acceder pueden ver una singular sala-museo con delicadas piezas de vidrio.

Masriera, la otra mitad del apellido

El segundo nombre de la firma viene de más lejos. En 1839, Josep Masriera i Vidal abrió un taller de joyería en Barcelona, y su nieto Lluís Masriera, tras formarse en Suiza y París, trajo el Art Nouveau a la joyería catalana. Libélulas, hadas, flores y esmaltes tan transparentes como un vitral, con la técnica del plique-à-jour. Sus piezas han estado en el Metropolitan de Nueva York, en el Museo Van Gogh de Ámsterdam y en el MNAC.

En 1950, Masriera se fusionó con la casa Carreras, y los Bagués fueron adquiriendo participaciones hasta asumir el control en 1985. Desde entonces, la firma es Bagués-Masriera. Y sigue en activo: hoy tiene su tienda en el paseo de Gràcia, en la Casa Ametller de Puig i Cadafalch. 

La fachada del Hotel Bagués y el restaurante El Regulador, guiño directo al pasado del edificio.

De taller a hotel

Volvemos a la Rambla: en 2010, la casa del 105 cambió de oficio. Joan Oliveras Bagués, al frente de la firma, y Jordi Clos, presidente de Derby Hotels, crearon una sociedad al 50%: Oliveras aportó el edificio y Derby la gestión. Tras dos años de obras, se abrió un hotel de 31 habitaciones. Clos reconoció entonces que era el de mayor coste de construcción por habitación de toda la cadena. 

El interiorismo se inspiró en el arquitecto escocés Charles Rennie Mackintosh, con las líneas más sobrias del Art Nouveau, y se trabajó con ébano de Madagascar y pan de oro. Cada habitación exhibe una pieza de la colección Masriera, hay una sala-museo con jarrones de vidrio modernista de Émile Gallé y en la azotea una terraza con una pequeña piscina desde la que se ven la catedral, el campanario del Pi y la estrella de Betlem, que casi de puede tocar. El restaurante, cómo no, se llama El Regulador.

Una habitación de categoría superior. Desde su ventana prácticamente se podría tocar la entrada de la Iglesia de Betlem. 

Y La Rambla en obras

Desde octubre de 2022, la Rambla vive entre vallas, desvíos y polvo. La reforma, con una inversión de unos 55,6 millones de euros (11 más de lo previsto), debería estrenarse el fin de semana del 13 y 14 de febrero de 2027 con una gran fiesta ciudadana, si no hay más retrasos. Entre las novedades figura una plaza en la zona del Palau Moja-Betlem, es decir, casi a la puerta del Bagués.

Los huéspedes, comensales o curiosos que se acerquen estos dias, tendrán que sortear aun alguna valla, aunque el edificio ya ha visto cosas peores y más largas. Ha sido casa de vecinos, joyería, relojería, taller y hotel. Ha pasado por guerras, costumbres que cambiaron, alcaldes que llegaron y se fueron y modas que se acabaron. Las largas obras urbanas actuales, como todo, pasarán y el edificio seguirá allí.

Una pareja pasea por La Rambla en obras el día de Sant Jordi. © Àngel Bravo -

Una joya que fue joyería. O mejor dicho, una joya que sigue siéndolo: la que Fontserè talló en piedra, la que Boix puso a dar la hora, la que los Bagués hicieron brillar gracias a esconder oro tras unos azulejos y la que Clos supo engastar en una Rambla que, si todo va bien, estrenará montura en febrero. 

Y como en esta serie nos gusta dejar la puerta abierta, el siguiente hotel de Derby, el que por lógica debió ser el primero, llegará en unas semanas: el Claris. De momento, su Bagués ha protagonizado el capitulo 29 de esta serie en The New Barcelona Post. 

Una terraza con una pequeña piscina corona el Bagués. Desde allí, vistas directas sobre La Rambla y casi toda Ciutat Vella.