El agua que sale del grifo, residuos que se recogen, parques y playas, el bus y el metro que conectan calles, ciudades, metrópolis. Son elementos que se engloban dentro de la mirada metropolitana de Barcelona, con una estrategia conjunta que quiere dar respuesta a los retos a los cuales se enfrenta, desde la vivienda al cambio climático. Esta mirada metropolitana, de largo recorrido, se concretó en el AMB ahora hace 15 años, y ahora pone el foco en los próximos 15 para dibujar la metrópolis del futuro.
Este futuro pasa por dos pilares: la cohesión social y la sostenibilidad, como defiende el vicepresidente de Políticas Urbanísticas y Espacios Naturales del AMB, Damià Calvet. Y esto pasa también por “reforzar nuestras soberanías: la alimentaria, la energética, la hídrica, para conseguir esta máxima cohesión social y sostenibilidad”, ha proclamado el también concejal del Ayuntamiento de Barcelona en la segunda jornada de diálogos AMB 15+15, que se ha planteado desde el Port Olímpic con una pregunta: ¿Cómo queremos vivir a la metrópolis de aquí 15 años? La diversidad en un territorio en transformación.
Y es que esta diversidad es clave para entender el AMB y el camino que quiere trazar en los próximos años. “El AMB no es una suma de municipios, sino que es algo mucho más complejo. Son dinámicas interconectadas, un ecosistema. Y tenemos que poder mirarlo desde distintas escalas”, ha proclamado la coordinadora de Planeamiento Urbanístico del AMB, Loles Herrero. Estos territorios que no solo suman, sino que interactúan, lo hacen además desde una diversidad que, según ella, aporta complejidad y riqueza a la gestión y avance del entorno metropolitano barcelonés, en una mirada en la que no debe dejarse de lado tampoco la visión de cada municipio, como ha defendido la escritora y catedrática de Filosofía Moral y Política de la UAB, Victòria Camps.

La vivienda como prioridad
En este contexto de interrelación en el que las fronteras municipales quedan desdibujadas, la manera de afrontar los retos adquiere también una dimensión que va más allá del municipio. De entre todos estos retos, destaca uno, que ha emergido a lo largo de toda la jornada: la vivienda. Así lo han defendido ponentes como la alcaldesa de Sant Adrià de Besòs, Filo Cañete, que ha situado la prioridad de los próximos 15 años en “la emergencia habitacional, acompañada de servicios y equipamientos que den respuesta a esta emergencia, y también a la emergencia climática”. La alcaldesa, además, pone el acento en el desarrollo económico, y en buscar el equilibrio territorial, en un contexto en que se generan nuevas centralidades, como la que ganará Sant Adrià en las Tres Xemeneies.
Además, la dificultad de acceder a una vivienda asequible lleva a ciudadanos a moverse de un municipio a otro en una metrópolis que responde a estos movimientos con más desplazamientos. Y es que, cuando se puede una pieza (como la vivienda), genera efectos en otra (como la movilidad), en una cadena de interrelaciones dentro del ecosistema. “El tema de la movilidad es esencial, tanto para resolver la contaminación como la vivienda y los desplazamientos, y también porque el espacio que ocupa la movilidad no lo pueden ocupar otros usos”, ha resaltado en una mesa redonda junto a Cañete el director de Servicios del Espacio Público del AMB, Albert Gassull.
Este efecto en cadena requiere esa “mirada multiescala” a la que ha apelado Herrero, teniendo en cuenta la diversidad de situaciones y realidades que conviven en el área metropolitana. Badia del Vallès es uno de esos casos diversos que requieren una mirada distinta: todo su parque de vivienda se construyó de protección oficial, y eso ha generado que sus vecinos sean los mismos que llegaron hace décadas, cuando se levantaron los pisos: “Los hijos no se pueden quedar porque no hay capacidad de crecer más”, y de los vecinos originales siguen viviendo en los bloques sobre todo mujeres mayores de 65 años, y ahora viudas. Así lo ha explicado el alcalde, Josep Martínez, ilustrando esa diversidad de situaciones que deben abordarse en clave metropolitana.
Otras de esas realidades se da en gran parte de sus municipios, y es la máxima expresión de la emergencia habitacional: las personas sin hogar. La directora de la Fundació Arrels, Bea Fernández, ha puesto el foco también en la infravivienda y en situaciones invisibles que demuestran que “las soluciones que se han planteado hasta ahora no son suficientes”. Llegado desde Milán, el experto Alessandro Balducci esboza esa ciudad invisible y, en la ponencia inaugural, ha apostado por reforzar la metrópolis a través de la colaboración con otras instituciones y con la sociedad civil. “La planificación territorial y, en particular, la metropolitana, juega un papel esencial como estrategia para superar las crisis”, ha enfatizado Balducci, profesor titular de Planificación y Políticas Urbanas del Politecnico de Milán.

La naturaleza como infraestructura
Aunque pueda parecer inesperado, en esta planificación territorial metropolitana no sólo cuentan las ciudades, sino también la naturaleza. Y esta convicción viene de lejos: “La idea de que el proyecto de Barcelona debía incluir espacios naturales está ahí desde el inicio”, ha señalado el director general del Consorci del Parc Natural de la Serra de Collserola, Raimon Roda. Sin embargo, a lo largo de los años han ido cambiando los matices: “Al principio, el valor que se otorgaba a estos espacios era más por el uso humano que por su valor intrínseco”.
“De la preservación de estos espacios se pasó a la idea de red; luego, de matriz, y de que la naturaleza es tan importante como otros servicios. Ahora ya hablamos de infraestructura verde”, ha detallado Roda. Pero ser infraestructura no es solo terminología, sino que “ser infraestructura implica ser algo a lo que se le atribuyen unas funciones”, como ha puntualizado la profesora de Urbanismo de la ETSAB-UPC Pepa Morán. Y estas funciones dependen, a la vez, de los usos que se quieran dar a los espacios naturales, como ha resaltado la alcaldesa del Prat de Llobregat, Alba Bou: “Nos tenemos que preguntar para qué queremos los espacios naturales y, en función de la respuesta, gestionarlos de una forma u otra. Y dotarlo luego de estructura y de recursos”.

El futuro a 15 años, y a 50
Los 15 años del AMB se celebran coincidiendo con otra efeméride: los 50 años del Plan General Metropolitano (PGM), como ha destacado el periodista Jofre Llombart, conductor del acto. Pero el medio siglo de la planificación que ha dibujado la Barcelona metropolitana actual va más allá de ser una conmemoración simbólica, y es que el AMB está trabajando para actualizar el Plan Director Urbanístico Metropolitano (PDUM), la hoja de ruta que marcará el diseño y el modelo territorial del futuro del entorno metropolitano.

El PDUM se está planteando como un marco flexible que permita adaptarse a la realidad social y económica, que siempre avanza más rápidamente que el planeamiento administrativo. Esta doble velocidad se vivió también con la constitución de la propia AMB: “Los alcaldes dedicamos muchos esfuerzos no a construir el AMB, sino a revertir situaciones que se han producido al no tener antes un área metropolitana, como ciudades sin planificación y miradas endógenas”, ha destacado la alcaldesa de Sant Joan Despí y vicepresidenta de Ciclo del Agua y Análisis de Políticas Metropolitanas del AMB, Belén García.
Ahora, bajo el paraguas metropolitano, esa mirada endógena mira hacia su entorno con una estrategia común y, según García, debe hacerlo apuntando a tres direcciones: el desarrollo equilibrado y sostenible, la cohesión social y el desarrollo económico: “Tenemos que ser capaces de que estos tres ejes se desarrollen en equilibrio”. Ahora se abren 15 años más para avanzar en esta dirección, con un nuevo PDUM en el que el reto ya no es construir la institución, sino proyectar una metrópolis capaz de adaptarse a un futuro cada vez más cambiante.
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