Durante este último año he hecho muchos kilómetros. He recorrido Cataluña, he viajado por diferentes puntos de España y he tenido la oportunidad de hablar con jóvenes empresarios de realidades muy diferentes. Algunos continúan empresas familiares, otros empiezan desde cero; algunos dirigen compañías con decenas de trabajadores y otros todavía intentan consolidar su primer proyecto. También he podido compartir muchas conversaciones con empresarios que llevan décadas haciendo empresa, universidades, asociaciones e instituciones.
Después de todo este recorrido, hay una sensación que se me ha ido haciendo cada vez más evidente: hay una generación que quiere participar más y que, de alguna manera, está empezando a levantar la mano.
Durante muchos años hemos oído que los jóvenes somos el futuro, el relevo, la próxima generación. Seguramente se dice con la mejor de las intenciones, pero tiene un punto contradictorio cuando muchos de estos jóvenes ya están creando empresas, contratando personas, buscando financiación, tomando decisiones o intentando llevar sus proyectos más allá de nuestras fronteras. No estamos esperando que llegue nuestro turno para hacer empresa porque, sencillamente, ya la estamos haciendo.
"Hablar de relevo generacional no debería significar apartar a aquellos que hace años que ocupan posiciones de responsabilidad"
Creo que ahora toca dar un paso más y participar también en aquellos espacios donde se habla de empresa, economía y sociedad. Y para que esto ocurra hace falta voluntad por ambas partes.
Hablar de relevo generacional no debería significar apartar a aquellos que hace años que ocupan posiciones de responsabilidad. Sería absurdo renunciar a toda esta experiencia. Una de las cosas que más valoro de las conversaciones que he podido tener con empresarios de otras generaciones es, precisamente, escuchar cómo afrontaron momentos que nosotros no vivimos, qué errores cometieron y cómo consiguieron construir empresas que, en algunos casos, han sobrevivido durante décadas.
Tenemos mucho que aprender de ellos y creo que una parte fundamental del relevo consiste precisamente en conseguir que este conocimiento se transmita. Pero para que haya transmisión se tienen que encontrar dos generaciones: una dispuesta a compartir lo que ha aprendido y otra dispuesta a escuchar y, llegado el momento, asumir responsabilidades.
Esto último es importante porque a veces hablamos mucho de la necesidad de dar oportunidades a los jóvenes y bastante menos de la responsabilidad que tenemos nosotros de aprovecharlas.
Es fácil pedir que nos hagan sitio. Otra cosa es estar dispuesto a ocuparlo.
Participar significa dedicar tiempo a cuestiones que muchas veces no tienen un retorno inmediato para nuestra empresa. Significa ir a reuniones, implicarse en asociaciones, acercarse a las universidades, escuchar posiciones diferentes de las propias y dedicar una parte de nuestro tiempo a proyectos colectivos. Cuando estás intentando sacar adelante una empresa, especialmente durante los primeros años, no siempre es fácil encontrar este tiempo.
Pero cada vez estoy más convencido de que esto también forma parte de nuestra responsabilidad como empresarios.
Durante demasiado tiempo quizás hemos entendido la empresa como algo que se acaba en la puerta de nuestra oficina. Sin embargo, cualquier persona que haya intentado construir una sabe que depende constantemente de lo que ocurre fuera: de la formación y el talento que somos capaces de generar, de las infraestructuras, de las instituciones, del acceso a la financiación, de los servicios públicos y, en definitiva, del entorno económico y social en el que desarrollamos nuestra actividad.
Si queremos formar parte de este entorno, también nos tendremos que implicar.
"Si queremos que haya relevo, en algún momento tendremos que dar responsabilidades reales y aceptar también nuevas maneras de entender las cosas"
Las organizaciones empresariales tenemos aquí una responsabilidad importante. No tendría mucho sentido hablar continuamente de relevo generacional si después somos incapaces de incorporarlo a nuestras propias estructuras. Y tampoco creo que baste con incluir personas jóvenes simplemente para poder decir que están presentes. Si queremos que haya relevo, en algún momento tendremos que dar responsabilidades reales y aceptar también nuevas maneras de entender las cosas.
Es algo que estamos intentando hacer desde AIJEC. Durante este último año hemos salido mucho, probablemente más de lo que imaginábamos cuando empezamos. Hemos recorrido el territorio, hemos entrado en las universidades, hemos reforzado relaciones con otras organizaciones empresariales y hemos conocido proyectos muy diferentes entre sí.
Este recorrido también me ha servido para desmontar algunos tópicos sobre qué entendemos por un joven empresario. No hay un único perfil. Hay startups tecnológicas y empresas familiares, autónomos y compañías que ya tienen estructuras importantes, proyectos que han conseguido grandes rondas de financiación y otros que se han construido euro a euro con los ahorros de sus fundadores. También está el empresario que cada mañana levanta la persiana de un comercio y que probablemente nunca aparecerá asociado a la palabra emprendimiento.
Todos forman parte del mismo tejido empresarial y creo que debemos ser capaces de representarlo mucho mejor.

Por eso, una de las cosas que más sentido ha adquirido para mí durante este año es la idea de comunidad. No entendida como un lugar donde encontrarnos únicamente con personas que piensan como nosotros, sino como un espacio donde poder compartir experiencias, aprender de quienes ya han recorrido una parte del camino y conocer también realidades empresariales que no tienen nada que ver con la nuestra.
El relevo generacional debería producirse precisamente aquí. No creo en organizaciones de jóvenes contra organizaciones de mayores, como tampoco creo que una generación deba esperar a que la anterior desaparezca para empezar a participar. Me interesa mucho más la idea de construir puentes entre ambas.
Además, hay algo que a veces olvidamos: dentro de unos años nosotros estaremos al otro lado. Seremos quienes tendremos que decidir si abrimos espacios a los que vengan detrás nuestro y si somos capaces de transmitirles aquello que hayamos aprendido por el camino. Probablemente entonces entenderemos aún mejor la importancia de hacerlo bien ahora.
El relevo generacional, por lo tanto, no empieza el día que alguien deja una responsabilidad y otra persona ocupa su lugar. Empieza mucho antes, cuando diferentes generaciones empiezan a trabajar juntas y cuando los que somos más jóvenes también dejamos de observar desde fuera y decidimos implicarnos.
"Quizás hemos interiorizado tanto esta idea que hemos acabado esperando que alguien nos avisara de cuándo llegaba nuestro turno"
Durante años nos han dicho que somos la generación que viene. Quizás hemos interiorizado tanto esta idea que hemos acabado esperando que alguien nos avisara de cuándo llegaba nuestro turno.
Creo que no hay que esperar.
Podemos seguir escuchando y aprendiendo de quienes llevan muchos más años que nosotros haciendo empresa, pero al mismo tiempo podemos empezar a asumir responsabilidades y a participar en las conversaciones que definirán los próximos años.
No se trata de ocupar el lugar de nadie. Se trata, simplemente, de empezar a ocupar el nuestro.
Y por eso, quizás, ha llegado el momento de levantar la mano.
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