Durante más de un siglo, el Col·legi de les Teresianes ha sido una de las obras más inaccesibles y desconocidas de Antoni Gaudí. Mientras la Sagrada Familia, la Pedrera o la Casa Batlló se han convertido en iconos mundiales visitados por millones de personas cada año, este discreto edificio del barrio de Sarrià-Sant Gervasi —donde Gaudí ensaya algunos de los elementos clave de su lenguaje arquitectónico— ha permanecido prácticamente cerrado al gran público, reservado al uso interno del centro educativo y a la comunidad religiosa que lo habita.
Ahora, esta situación está a punto de cambiar: el edificio del Col·legi de les Teresianes donde intervino Gaudí se convertirá en el Museo Gaudí Teresianes a principios de 2028 y, por primera vez, será visitable por el público general. Pero el proyecto no se concibe como una simple apertura del edificio, sino como una experiencia inmersiva completa para descubrir al Gaudí más desconocido. Así, el recorrido combinará piezas originales y documentación histórica con recursos audiovisuales, maquetas e instalaciones interactivas.
En su conjunto, el museo se articulará como un recorrido experiencial por las diferentes estancias del edificio, que conducirá al visitante desde el Espacio Gaudí 360º, toda una planta dedicada a la trayectoria vital del arquitecto, hacia las salas de exposiciones temporales, donde se explorarán las ideas que atraviesan su obra —como la luz, la trascendencia o la belleza—, hasta llegar a una sala inmersiva que, a través de la realidad virtual, propondrá una aproximación a su proceso creativo.
Con todos estos espacios, el nuevo equipamiento permitirá descubrir de manera regular el interior del edificio de las Teresianes concebido por Gaudí, hasta ahora solo accesible para los alumnos y familias del centro educativo y abierto al público en visitas guiadas muy excepcionales. También se podrá acceder a una parte de los jardines del recinto, desde donde se podrá contemplar la arquitectura en su conjunto.
El futuro museo convivirá con la actividad habitual —docente y religiosa— del Col·legi de les Teresianes, un conjunto formado por diversos edificios. Esta convivencia es posible porque el edificio donde intervino Gaudí, que es el espacio que se convertirá en museo en 2028, no acoge actividad docente. Actualmente, este edificio se destina únicamente a funciones complementarias y de gestión del centro, mientras que la docencia se desarrolla en otros edificios del recinto. Cuando el museo se ponga en marcha, estos usos vinculados a la gestión escolar se trasladarán progresivamente a otros espacios del conjunto.
En cambio, sí se mantendrá dentro de este mismo edificio la residencia de la comunidad de religiosas, que continuarán viviendo en él a pesar de su transformación en museo. De esta manera, visitantes y vida conventual convivirán en un mismo edificio, pero con espacios diferenciados.
Laboratorio del universo gaudiniano
El Col·legi de les Teresianes es una de las obras más singulares de la trayectoria de Gaudí y uno de los primeros espacios donde el arquitecto empieza a definir algunos de los elementos que marcarán su lenguaje posterior. Proyectado a partir de 1888, el conjunto parte de la propuesta arquitectónica de Joan Pons i Trabal, de quien Gaudí respeta los cimientos y el volumen general, pero la transforma completamente desde su propia concepción arquitectónica.
En aquel momento, coincidiendo con la Exposición Universal de Barcelona, Gaudí ya es un arquitecto reconocido y trabaja en proyectos de envergadura como la cripta de la Sagrada Familia. A pesar de todo, acepta un encargo aparentemente modesto: un convento y colegio para la orden de Santa Teresa, fundado por el padre Enric d’Ossó. El resultado es una construcción austera en los materiales —ladrillo, piedra y hierro—, fiel al voto de pobreza de la orden de las teresianas, pero extraordinariamente rica en significados espirituales e innovaciones arquitectónicas.
En este espacio, Gaudí ya experimenta con algunos de los elementos que se convertirán en aportaciones clave de su arquitectura. Los arcos parabólicos del patio interior del colegio son uno de los ejemplos más claros: se trata de arcos de forma curva que permiten sostener la estructura sin necesidad de pilares o columnas intermedios, ya que el peso se distribuye hacia los laterales. Esta solución hace posible que el patio del claustro quede completamente abierto y vació, sin la presencia de obstáculos visuales.
Al mismo tiempo, en el edificio aparecen las columnas helicoidales, que giran sobre sí mismas como si imitaran el movimiento de una espiral, aportando una sensación de dinamismo al interior. Y, finalmente, también se pueden observar las cruces de cuatro brazos, presentes en las torres y en diversos puntos de la fachada, que más allá de su simbolismo religioso se convierten en un elemento formal recurrente en la arquitectura de Gaudí. Esta tipología de cruz reaparece, por ejemplo, en la Sagrada Familia, donde culmina la Torre de Jesús.
Redescubrir las Teresianas
Declarado Bien Cultural de Interés Nacional en 1969, y a pesar de su importancia, el conjunto ha permanecido durante décadas prácticamente fuera del alcance del gran público. Ahora, el proyecto del Museo Gaudí Teresianes —que ha sido autorizado por el Vaticano—, permitirá descubrirlo por primera vez de manera regular.
La reconversión en museo llega en un momento especialmente simbólico, marcado por los 150 años de la fundación de la Compañía de Santa Teresa de Jesús, gestora del conjunto arquitectónico, y por la conmemoración del Año Gaudí, que recuerda el centenario de la muerte del arquitecto y que ha situado su figura en el centro de diversos actos institucionales y culturales, como la visita del papa León XIV a Barcelona para bendecir la Torre de Jesús de la Sagrada Familia.
El desarrollo del Museu Gaudí Teresianes recaerá en IngeniaCultura, spin-off de MagmaCultura —responsable de proyectos como el IDEAL Centre d’Arts Digitals o el centro XRLAB de Poblenou—, que se encargará de definir el relato y la experiencia del visitante. Por su parte, la propuesta arquitectónica de la transformación del edificio será liderada por el estudio Arquitectura Genís Planelles, equipo ganador del concurso para la intervención en el conjunto. El despacho catalán ha participado también en otros proyectos de restauración patrimonial, como el Instituto Verdaguer o la Casa de la Festa Major de Vilafranca del Penedès.
