¿Cómo se prepara una ciudad para un encuentro de dimensión global que prevé movilizar a cerca de 50.000 personas en un par de días? Riadas de personas, autocares de peregrinos, seguridad, recorridos blindados, coordinación entre administraciones y limpieza tejerán un dispositivo transversal para recibir al Papa en Barcelona el 9 y 10 de junio. Aunque la ciudad está acostumbrada a acoger grandes eventos, la llegada de León XIV va mucho más allá, tanto por espiritualidad y simbolismo, como por complejidad y trascendencia.
Y eso, la ciudad lo sabe. Por este motivo, aborda la llegada de León XIV de la mano de diversas instituciones: Ayuntamiento, Generalitat, Estado, y también Arzobispado de Barcelona se encargan de la planificación y la gestión operativa de todo lo relacionado con la visita, a través de un comité creado ad hoc. Con reuniones semanales, radiografiarán cada detalle del dispositivo junto a otros actores —como la Sagrada Família—, en un proceso que empieza a concretarse, después de que el Vaticano haya pormenorizado el recorrido de la visita.
Para recapitular: León XIV llegará a Barcelona, después de visitar Madrid, el martes 9 de junio al mediodía. El primer punto de la visita no se hará esperar, en la Catedral a las 13 horas, con un Rezo de la Hora Media y con un encuentro con voluntarios. Luego, el acto más multitudinario de la visita llegará a las 20 horas, en el Estadi Olímpic Lluís Companys. Con una capacidad de 37.000 personas —ampliable a 39.000—, el recinto será el escenario de liturgia, y también de actuaciones musicales, como las de la Escolania de Montserrat y Sergio Dalma.
Del total de entradas, cerca de la mitad se destinarán a la representación de la Conferencia Episcopal Tarraconense —que incluye el Arzobispado de Barcelona—, con parroquias, comunidades y escuelas parroquiales. El resto, será de acceso público (y gratis), en un encuentro para el que el Ayuntamiento ha decidido gratuitamente el estadio, al considerar que se trata de un “evento de gran interés ciudadano”. Así lo afirma el alcalde, Jaume Collboni, siguiendo la estela de otras ocasiones en las que se ha cedido, como el concierto solidario por la DANA y el partido Catalunya-Palestina.
El Papa continuará su visita desplazándose hasta el centro penitenciario de Brians 1, donde mantendrá un encuentro con presos. De ahí se desplazará hasta Montserrat, donde será recibido por el abad Manel Gasch para la oración del Rosario, y almorzará con la comunidad benedictina de Montserrat. Por la tarde, continuará su viaje con representantes de entidades sociales que combaten la pobreza. Será en una visita en la parroquia de Sant Agustí del Raval, dentro de un viaje con una marcada “dimensión social”, según la organización.
Luego llegará el turno de la visita en torno a la cual se ha construido el viaje apostólico: la misa en la Sagrada Família, que servirá de inauguración de la Torre de Jesucristo que ya protagoniza la silueta de Barcelona, en pleno Año Gaudí. La visita del Papa se recoge desde el templo como “un reconocimiento y un regalo”, como celebró el director general de la basílica, Xavier Martínez, en una sesión del ciclo Moments Estel·lars, organizado por The New Barcelona Post.

Dentro del engranaje
Para que todos los servicios funcionen como un engranaje, el comité interadministrativo —creado por la Generalitat en marzo— trabaja para dimensionar y diseñar los dispositivos necesarios para la visita. Con un doble objetivo: que se desarrolle con éxito, y que a la vez la ciudad pueda mantener su ritmo habitual, según explican fuentes municipales. El Ayuntamiento participa en estos encuentros de coordinación semanales con áreas como la Gerencia Municipal, la de Movilidad y la Guardia Urbana, para “aterrizar las necesidades que tendrá la ciudad con la llegada del Papa”.

La seguridad tendrá un peso principal en este dispositivo, para el que se coordinarán cuerpos policiales y equipos de seguridad, en unos dispositivos que se están trabajando desde hace meses, también desde el Ministerio del Interior. Desde la Delegación del Gobierno en Catalunya se convocarán juntas de seguridad, que reúnen los diversos cuerpos policiales para que aborden la visita de forma coordinada.
Todo, para asegurar que todos los dispositivos, desde la seguridad a la limpieza, vayan coordinador y al mismo ritmo; un ritmo marcado por más de 47.000 personas movilizadas en dos días, con peticiones de más de 1.600 periodistas de todo el mundo y con un simbolismo que dejará huella en la ciudad, y en la Sagrada Família. Quince años después de la visita de Benedicto XVI, también con la basílica de fondo, la ciudad se prepara para un viaje apostólico que entrelaza fe y espiritualidad con patrimonio, arquitectura, proyección e identidad de ciudad.
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