En Barcelona, cada vez que hay que hacer obras en una vía pública, alguien tiembla en su despacho. Podríamos decir que eso pasa porque la ciudad se ha construido a base de estratos superpuestos que, cada vez que se abre una zanja, dejan al descubierto una nueva parte de la historia.
Lo mismo ha sucedido con su identidad urbana, que sigue el mismo patrón de capas históricas imbricadas. Desde las viejas acequias del Rec Comtal y las primeras naves textiles articuladas en torno a la calle Pere IV, hasta la apertura de la Avinguda Diagonal y la consolidación del distrito 22@, el barrio del Poblenou ha sido siempre un gran laboratorio donde la ciudad ha ensayado su futuro. Hoy, en pleno 2026, ese pasado fabril no se borra ni se enmascara; se transforma. Y también se sigue poniendo en valor.
En la intersección entre la Plaça de les Glòries y el corazón del Poblenou, la arquitectura industrial y el ecodiseño han dejado de ser polos opuestos para convertirse en el nuevo motor de la marca Barcelona. Y uno de los mejores ejemplos de ello es el Disseny Hub Barcelona (DHub).
Poblenou ha sido siempre un gran laboratorio donde la ciudad ha ensayado su futuro
Faro internacional y escaparate del diseño regenerativo, tras más de una década desde su apertura en 2014, el centro se ha consolidado como el epicentro de las industrias creativas catalanas y es una plataforma de proyección internacional. Bajo un mismo techo conviven instituciones históricas como el FAD, el Museo del Diseño, la Barcelona Creativity & Design Foundation, MATERFAD o el Art Directors Club of Europe (ADCE).
"El DHub no solo divulga el patrimonio y la cultura del diseño, sino que promueve el sector conectando centros de formación, creadores y entornos empresariales a escala local e internacional", señala Mireia Escobar, directora de Industrias Creativas y del Disseny Hub Barcelona.
Esta proyección exterior se traduce en hitos como la reciente participación catalana en la Milan Design Week con la instalación Inspired in Barcelona: Matèria prima, o la presencia en la Bienal de Arquitectura de Venecia 2027 con la muestra Seny i rauxa. Notícia de l’arquitectura catalana en el marco de la capitalidad mundial de la arquitectura que ostenta la ciudad.
Pero la mirada institucional también apunta hacia adentro, respondiendo a la emergencia climática. La exposición de larga duración Matter Matters. Dissenyar amb el món propone una transición urgente hacia modelos regenerativos tras el agotamiento del sistema extractivista. A través de 700 piezas y más de 200 creadores, la muestra dialoga con iniciativas de talento emergente como el programa Matèria Prima o la maratón de creación sostenible Sustainable Challenge organizada por MODA-FAD, demostrando que el diseño en Barcelona ha dejado de ser una cuestión meramente estética para convertirse en una disciplina ética.
A este mapa de transformación se suma la labor de cohesión de iniciativas comunitarias y plataformas locales como Poblenou Urban District, articuladoras de la tupida red de galerías, showrooms, agencias y talleres independientes que dan vida al barrio a pie de calle. A pocos minutos del gigante de cristal y hormigón de Glòries, en esta trinchera creativa -como a mí me gusta llamarla- el tejido creativo se vuelve más poroso, orgánico y militante.
En el recinto fabril de Can Ricart, Hangar opera como un espacio de residencia y producción artística que reivindica el valor de la memoria obrera frente a la voracidad inmobiliaria. Es la resistencia en las naves recuperadas.
"Reutilizar edificios industriales responde a la necesidad de combatir la precariedad de nuestro sector, pero también aporta un valor político y social enorme al situarnos en barrios con tradición trabajadora", explica Sergi Botella, director de Hangar. "En medio de procesos acelerados de gentrificación, estos recintos funcionan como espacios de respiro donde el vecindario encuentra dinámicas comunitarias fuera de la lógica de las grandes corporaciones".
En las naves de Hangar, la sostenibilidad no se expone en vitrinas, se investiga en laboratorios. Desde su Wetlab, artistas residentes como Lara Campos investigan con materia orgánica, flujos de residuos y ontologías regenerativas multiespecie; creadoras como Laura Subi exploran el diseño especulativo y el cuidado de la materialidad digital; mientras que Efe Ce Ele cruza el transfeminismo, la ecología y la ciencia ficción para cuestionar el diálogo entre la tecnología y la naturaleza. Para Hangar, preservar estas estructuras públicas comunitarias es una condición indispensable para que Barcelona conserve su soberanía creativa y su identidad histórica.
Transformar recintos industriales en espacios de trabajo eficientes para el siglo XXI exige equilibrar el respeto patrimonial con la innovación técnica
Y entre la gran institución pública y las naves de creación independiente, podemos hablar también, de arquitectura de continuidad. El estudio de arquitectura Batlleiroig ha sido uno de los agentes clave en la traducción física de este cambio de paradigma en el 22@. Su filosofía rechaza la tabula rasa y defiende que la decisión más sostenible es, precisamente, reutilizar lo que ya existe.
"Entendemos la transformación urbana como un proceso de continuidad, no de sustitución", reflexiona Paula Amargós Molina, Principal Architect en Batlleiroig. "Nuestros proyectos nacen de interpretar las trazas históricas de Poblenou. Nos interesa preservar la memoria colectiva, favorecer la convivencia entre nuevos usos y actividades históricas, y proteger elementos tan valiosos como el arbolado existente".
Transformar recintos industriales en espacios de trabajo eficientes para el siglo XXI exige equilibrar el respeto patrimonial con la innovación técnica. Para superar las limitaciones de orientación o ventilación de los antiguos edificios, Batlleiroig ha integrado infraestructuras del 22@ como la red urbana de frío y calor de Districlima, al tiempo que implementa Sistemas Urbanos de Drenaje Sostenible (SUDS), reduce superficies impermeables y coloniza cubiertas y fachadas con vegetación.
Esta premisa se materializa, por ejemplo, en proyectos concretos que aplican sobre el terreno su filosofía de descarbonización y biofilia. Ejemplo de ello es el edificio de oficinas Entegra, célebre por su innovadora fachada de madera carbonizada con jardineras integradas, o el complejo Inspire (en la calle Pamplona), proyectado con estructura y envolvente de madera para minimizar su huella de carbono y maximizar la eficiencia energética a través del reciclaje de agua y cubiertas productivas.
Asimismo, intervenciones como el edificio A111 (en la calle Àlaba) apuestan por permeabilizar las plantas bajas para abrir jardines al vecindario y recuperar el interior de manzana tradicional del Eixample. Estas arquitecturas, equipadas con terrazas ajardinadas que actúan como "islas de frescor" urbanas y conectadas a la red de climatización de Districlima, demuestran cómo los nuevos espacios de trabajo dialogan en escala y sensibilidad con la masa de las antiguas naves vecinas.
Por ello, en la proyección exterior de sus trabajos, la etiqueta "Designed in Barcelona" va más allá de un rasgo cosmético. "No exportamos un modelo formal o una estética concreta, sino una metodología basada en la lectura profunda del lugar, el clima y las dinámicas sociales. Es una aproximación fundada en la sostenibilidad y la calidad urbana a largo plazo", añade Amargós.
Pero toda esta transformación del tejido urbano no se entendería sin el motor académico que late a pocas manzanas de distancia. Centros universitarios como BAU (Centro Universitario de Diseño), el IAAC (Instituto de Arquitectura Avanzada de Cataluña) o el campus de LCI Barcelona actúan como la auténtica cantera creativa del 22@. Es en sus aulas e incubadoras donde germinan las primeras investigaciones sobre biomateriales, ecodiseño y fabricación digital, alimentando directamente convocatorias de las que hablábamos, como Matèria Prima del DHub o los maratones de creación del Sustainable Challenge.
Esta densidad académica genera un circuito orgánico único en la ciudad: los estudiantes pasan de probar con impresoras 3D, biotextiles y procesos compostables en los laboratorios de las calles Pujades o Àlaba a nutrir las residencias independientes de Hangar o los despachos de arquitectura del distrito. La transferencia constante de conocimiento entre las aulas, la trinchera creativa y las grandes instituciones convierte al Poblenou en un campus urbano continuo dedicado a ensayar el diseño del futuro.
El futuro de la metrópoli no pasa por acumular metros cuadrados de hormigón
Si cada vez que se abre una zanja en el asfalta de Barcelona la tierra devuelve vestigios del pasado, hoy el barrio de Poblenou demuestra que la verdadera riqueza de sus estratos no es solo lo que fuimos, sino la semilla de lo que estamos ensayando ser.
El eje que conecta Glòries con el corazón del barrio evidencia que la ciudad ha encontrado un equilibrio frágil pero fértil entre sus distintas escalas: la proyección del DHub y su conexión con las aulas donde germina el talento joven; la investigación radical de Hangar y los posibles futuros residentes de alguna escuela próxima; y el rigor sostenible de Batlleiroig que, quizás y con un poquito de suerte, podría recuperar un edificio fabril y que resultase en un espacio creativo para un nuevo concepto del Made in Barcelona.
El futuro de la metrópoli no pasa por acumular metros cuadrados de hormigón, sino por reinterpretar con inteligencia y cierta ternura lo que ya tenemos. Del antiguo telar a la economía circular, el Poblenou sigue siendo el lugar donde Barcelona teje su propio relato.
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