Esta vez, Nao Albet y Marcel Borràs cambian el monopatín por los saltos al vacío y las peleas de cine, saltando sin red al mundo de la ópera para reflexionar sobre el héroe y la violencia. ¿El resultado? Una puesta en escena grandilocuente, de estética de cómic y superhéroes, que nos entra por los ojos pero que nos deja con ganas de más.
La historia de Els Estunmen: El periplo de Evangelina
La trama de Els Estunmen nos presenta la tragedia de Evangelina y su pareja, unos padres rotos después de que su hijo adolescente haya causado una masacre en su instituto. Ante este horror, la madre inicia una odisea particular para entender qué ha llevado a su hijo a esta deriva violenta. En este viaje, Evangelina choca de cara con una sociedad masculinizada donde los estímulos de violencia (videojuegos, cómics, rabia) lo inundan todo, dejando el amor en un segundo plano.
Es aquí donde aparecen los stuntmen, los especialistas de cine. Estos actores que normalmente viven en la sombra, poniendo el cuerpo por el bien del espectáculo, se ponen aquí en primera fila para mostrarnos su realidad de riesgo y testosterona. Incluso vemos cómo la misma Evangelina se va transformando, masculinizándose, a medida que se adentra en este mundo de violencia social.
Lo mejor de la noche: La ópera 2.0
Si Els Estunmen se mantiene en pie es gracias a su formato. Estamos ante una ópera 2.0 que funciona a la perfección. La música de Fernando Velázquez (un maestro de las bandas sonoras) y las voces en directo son, sencillamente, espectaculares. Los diálogos tienen la frescura y el humor que caracterizan a los autores, y la orquesta crea momentos de gran belleza sonora. Por eso sí que vale la pena ver la propuesta.
Los especialistas, por su parte, regalan momentos de gran impacto visual, con saltos de altura y un número final incendiario que nos mantiene clavados en la butaca. Pero volvemos a lo mismo: hay mucho espectáculo y mucho ruido, pero la dramaturgia se tambalea.
Demasiados temas para tan poco discurso
Pero, ¿qué pasa con el guion? Albet y Borràs intentan tocar demasiadas teclas a la vez. Quieren hablar de la tragedia familiar, de la masculinidad tóxica, de la violencia en las aulas y del mundo de los especialistas de acción. Aunque buscan un hilo conductor, el resultado es un popurrí difícil de digerir. Las ideas se mezclan y ninguna de ellas acaba de cuajar; nos hubiera encantado profundizar más en el drama de la familia o en la raíz de esta violencia social, pero todo queda en la superficie del show.

Mención aparte merece el intento de discurso feminista, que resulta bastante extraño y simplista. Hay una escena donde los stuntmen se disfrazan de mujeres para ser "aliadas" de la lucha de la protagonista... ¿Cómo? Las mujeres no necesitamos a los hombres para visibilizarnos. Es un mensaje extraño, demasiado poco trabajado y demasiado básico.
Els Estunmen es un rompecabezas visual y sonoro que nos confirma que Albet y Borràs son maestros del artificio. Aun así, en esta ocasión, la forma ha devorado el fondo. Mucha pólvora, muchos saltos y mucha ópera, pero un mensaje que se pierde entre el sudor y los efectos especiales.
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