En una ciudad donde los edificios hablan tanto como las personas, La Capell ha sabido construir un relato propio, hecho de libros, objetos y diseño con autoría. Fundada en 1976 como cooperativa de consumo vinculada al Col·legi d'Arquitectes de Catalunya (COAC), hoy es mucho más que una librería especializada: es un ecosistema cultural para profesionales, estudiantes y curiosos. Al frente está Marc Longaron, arquitecto y director de la cooperativa desde 2019, quien lleva más de dos décadas dentro de la casa. Con él hablamos sobre la historia de Jordi Capell, la vigencia de las cooperativas y el futuro de las librerías de arquitectura y diseño en el siglo XXI.
--- ¿Arquitecto director?
--- Este cargo podría desempeñarlo cualquier profesional, pero, al ser una cooperativa de consumo, viene ligado a los servicios de librería, papelería, informática y objetos de diseño a arquitectos, así que parecía razonable que la persona que dirigiera La Capell fuera un arquitecto o una arquitecta.
--- Parece una declaración de intenciones: un arquitecto puede hacer más que diseñar y construir edificios.
--- Sí, pero creo que es, sobre todo, una cuestión de lenguaje: por un lado, los socios de la cooperativa han sido, generalmente, arquitectos; por otro lado, por la institución que históricamente nos acoge: el Colegio de Arquitectos. Tenemos un lenguaje y una manera de expresarnos diferente: hablamos de proyectos, hablamos de capas, hablamos de entregas. Creo que por eso se escogió un director arquitecto.
--- ¿Quién es Jordi Capell?
--- Jordi Capell fue un arquitecto que, en la década de 1960, pedía insistentemente en las asambleas del Colegio de Arquitectos que se creara una cooperativa de crédito, una entidad de la economía social, que entendiera y avalara que una hoja de encargo de un proyecto ya era suficiente para tener un respaldo legal y jurídico. Capell murió antes de que se creara la cooperativa, pero su fuerza y su insistencia hicieron que un grupo de jóvenes arquitectos impulsaran esta empresa. La ley de cooperativas era compleja, así que se inició con una cooperativa de consumo con una línea de crédito que permitiera, con el tiempo, constituir la de crédito.
--- ¿En qué año se crea?
--- Finalmente, en 1976 se instaura la cooperativa con el nombre de su iniciador. Así que, en 2026, año de la Capitalidad de la Arquitectura y del centenario de la muerte de Gaudí, La Capell celebrará los 50 años de trayectoria. Se trata de un aniversario poco común en el mundo de las empresas del tercer sector.
--- ¿Cómo es La Capell de 2025?
--- Tenemos ocho apartados: por un lado, la librería de arquitectura, que es la más conocida. Otro es la papelería técnica: aquellos materiales para arquitectos, diferentes a los que se pueden encontrar en cualquier papelería de barrio o en grandes almacenes. En otra línea tenemos los objetos de diseño para espacios (como muebles y lámparas, por ejemplo), y otra recoge elementos que puedes llevar encima (como un bolso o un pañuelo). También tenemos una línea dedicada a juguetes, objetos y libros infantiles. Otra a objetos singulares: piezas de arte o series limitadas. Existe un apartado de productos gourmet relacionados con la arquitectura que se activa, sobre todo, por Navidad. Finalmente, contamos con una línea de servicios profesionales de informática, que ha sido la más constante en los últimos 30 años.
--- Un espacio muy variado...
--- Y con un catálogo también muy diverso: compuesto por objetos y elementos auténticos. Auténtico quiere decir que el diseño tiene un autor y, si alguien lo reproduce o edita, se pagan derechos de autor o regalías sobre ese objeto. Hay un público que busca este tipo de piezas: se trata de personas que no saben excesivamente sobre diseño (y no tienen por qué saberlo), pero saben que aquí encontrarán objetos bien diseñados. Nos esforzamos, también, por seleccionar productos locales; aunque parezca mentira, es una máxima que cuesta, pero seguimos apostando por ella.
"Para aprender algo, debemos dedicar tiempo y emplearse un poco para que los nuevos conceptos se fijen bien en el cerebro, una paciencia que requieren, por ejemplo, los libros"--- ¿Y el público de La Capell es también tan variado?
--- Aunque se trata de un púbico muy variado, resumiendo podría agruparse en dos: socios —arquitectos o no— y no socios. En este segundo grupo se incluye cualquier ciudadano que entra en los edificios que tenemos sedes. También personas que vienen a buscar una pieza o un diseñador específicos que, además, conviven con estudiantes de arquitectura e incluso turistas.
--- ¿Cómo es, y quisieras que fuera, una librería de arquitectura y diseño en el siglo XXI?
--- Este es un concepto bastante extraño. En España solo existen tres: La Capell, Naos en Madrid, y Recolectores Urbanos en Málaga. Lo que me gustaría es que la gente leyera con más frecuencia y comprara más libros, y que las librerías se convirtieran en sitios donde estar, tomarse un café, atender a una presentación o formar parte de un club de lectura.
--- ¿Qué relación tienen las siete sedes de LaCapell con la ciudad?
--- La Capell es una gran librería segmentada, ya que en cada sede se hace énfasis en libros y objetos que tienen que ver con el edificio que la alberga. El reto es que cada lugar se especializa en un tema porque se adapta a su espacio: por ejemplo, en el MUHBA, el énfasis se pone en la historia, mientras que en el DHUB en el diseño local. De esta manera, también, el fondo editorial de la librería se enriquece constantemente.
--- ¿Has escuchado los comentarios de la influencer María Pombo sobre la lectura y los libros? Cree que leer libros no nos hace mejores personas.
--- ¡Me conformaría con que no nos hiciera peores! Fuera bromas, sí, es cierto que a menudo aparecen voces que cuestionan la utilidad de leer libros. Pienso que, para adquirir conocimientos, parece ser que los libros siguen siendo un buen recurso, aunque requieran bastante paciencia para leerlos. A esta paciencia para aprender “a la antigua usanza” le llaman “modernamente” paciencia cognitiva: para aprender algo, debemos dedicar tiempo y emplearse un poco para que los nuevos conceptos se fijen bien en el cerebro. Estoy totalmente convencido de la capacidad de transmisión de conocimientos a través de la pantalla de cualquier dispositivo electrónico, pero hay conocimientos para los que los libros parecen ser más eficientes. En mi caso, tengo la suerte de trabajar rodeado de libros interesantes, por lo que es un placer poder seguir aprendiendo cada día de ellos, unos objetos que tan solo esperan que tengamos un poco de paciencia o, quizás es al revés, son los libros los que tienen muchísima paciencia con nosotros.