El mundo oculto de la interpretación con La segona millor

Entrar en "La segona millor" es bajar directamente al sótano de las ilusiones perdidas.

(Redactora)
20 de marzo de 2026 - 09:30
 Berta Giraut y Ester Villamor vuelven a la Atrium con"La segona millor ©Laia Tubio
Berta Giraut y Ester Villamor vuelven a la Atrium con"La segona millor ©Laia Tubio

La obra de Berta Giraut y Ester Villamor nos pone delante de un espejo incómodo: el de todas aquellas mujeres que han pasado la vida archivadas, haciendo de madres o de sirvientas. Ellas han sido las que sostenían la rueda del espectáculo desde la invisibilidad mientras los focos y los aplausos siempre caían sobre alguien más.

La segona millor y la lavadora: el bucle de la interpretación

La obra comienza con una mujer bajando al sótano, a un lugar donde tiene todos los enseres y objetos que la han acompañado a lo largo de su carrera. En este escenario, la escenografía de Alfonso Ferri pone la lavadora en el centro: un aparato que da vueltas y más vueltas con una energía frenética para acabar haciendo, exactamente, el mismo recorrido. 

Esto es precisamente lo que le pasa a nuestra protagonista: siempre está dando vueltas en el mundo del espectáculo y la interpretación, y ya empieza a estar mareada y con ganas de bajarse de esta montaña rusa eterna. Esta es la tóxica relación de amor-odio que Giraut disecciona sobre el escenario: una profesión que te hace daño, que te marea, pero que elegirías una y otra vez si volvieras a nacer.

El talento encerrado en el piso de abajo

Aquí, en la oscuridad del sótano, vemos desfilar a diferentes "segundas": mujeres que han interpretado papeles de madres, de sirvientas... actrices que nunca han sido protagonistas y a quienes nunca les han dado la oportunidad de demostrar todo su potencial.

Es en esta penumbra donde finalmente libera su talento y su creatividad, dejándose llevar por la fantasía. Vemos el discurso de haber ganado un premio o retazos de escenas interpretadas con fuerza y entrañas, pero todo se queda ahí abajo, encerrado en el piso de abajo mientras, arriba, hay alguien cantando en voz alta y triunfando bajo los focos.

Tráiler de "La segona millor" en la Sala Atrium

El trabajo actoral de Berta Giraut es inmenso y catártico; se arrastra, grita y se abre en canal en una exhibición de talento que es, por sí sola, una reivindicación de su lugar en la escena.

La importancia de las "segundas" 

La segona millor es un monólogo en tono de comedia que reivindica el papel de estas actrices que no tienen el protagonista, pero que también forman parte del espectáculo. Es un papel difícil de digerir, que siempre te da la sensación de estar a punto de tocar el cielo... pero el momento no llega nunca. Lidiar con esta esperanza durante tanto tiempo hace que, finalmente, te plantees abandonar la carrera. 

Esto es lo que le pasa a Berta Giraut, que al final de la obra se abre en canal para explicarnos su relación de amor-odio con el teatro: una relación tóxica que le hace daño, pero que volvería a escoger si volviera a nacer.

Escena de "La segona millor" ©Laia Tubio
Escena de "La segona millor" ©Laia Tubio 

El riesgo de perder el hilo en la metáfora

A pesar de la potencia del mensaje, la obra corre un riesgo importante en su ejecución. El texto bebe de un lenguaje poético y metafórico que, si bien le da momentos de brillantez absoluta, también acaba generando un cierto caos narrativo. La sucesión de escenas inconexas y monólogos aislados puede llegar a abrumar al público, que a veces se encuentra buscando un hilo conductor que no llega nunca de manera clara.

Es una de esas piezas donde la forma acaba devorando el contenido. Si el espectador no llega "leído" de casa con la sinopsis, es fácil perderse entre tantas voces y personajes. El ritmo, en consecuencia, se hace pesado en algunos momentos donde la confusión gana la partida a la emoción. 

Una cara B necesaria

Lo más interesante de La segona millor es, sin duda, su valentía. Hablar de la frustración, del fracaso y de este 80% de la profesión que vive en la sombra parece que dé vergüenza, pero es una realidad brutal que había que poner sobre la mesa. 

A pesar de su estructura fragmentada que puede desorientar, es un ejercicio de honestidad brutal que cualquier amante del teatro debería ver para entender qué hay bajo las tablas del escenario.

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Sobre el autor

Elia Tabuenca
Elia Tabuenca

Redactora

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