Con [AGON]IA, la Cia del Corb nos propone un viaje que entra por los ojos desde el primer segundo: un despliegue estético y actoral que nos traslada, sin movernos de la butaca, a una soledad a miles de kilómetros de la Tierra. La obra nos presenta a una astronauta (Berta Pipó) sola en el espacio, enfrentándose a ruidos extraños y a una profunda crisis de identidad.
[AGON]IA: El reto de la soledad en el Ícaro
[AGON]IA, firmada por Marcel Clement y bajo la dirección de Victòria Boixadera, nos propone un viaje: acompañar a una astronauta (Berta Pipó) en su misión de aislamiento total en la estación orbital Ícaro. Pero, como ocurre en los mejores relatos de género, cuando el oxígeno escasea, las certezas empiezan a aparecer. Esta propuesta busca desgranar esa necesidad tan nuestra de ser reconocidos, incluso cuando estamos a miles de kilómetros de la mirada del otro.
Lo primero que te impacta al entrar en la sala es la potencia visual del montaje. La escenografía es una maravilla: un gran cilindro iluminado que emula el interior de una nave, pero que también se convierte en una jaula para la protagonista. Hay un gran trabajo en el diseño de las luces y el espacio sonoro que consigue recrear una atmósfera de hard sci-fi que nos envuelve desde el primer minuto.
Berta Pipó, la única actriz de la obra
El peso de la obra recae sobre Berta Pipó, una actriz que trabaja con una gran naturalidad. En su papel de astronauta, Pipó está fantástica. Lo más interesante de la obra es cuando descubrimos la cara más humana de esta astronauta. A pesar de ser una heroína valiente y entrenada para una misión única, en su intimidad nos muestra una mujer vulnerable y perdida. Esta reflexión sobre por qué hacemos lo que hacemos o a quién queremos demostrar algo con nuestros logros es, sin duda, la línea narrativa más potente de la propuesta.
Pero, Berta Pipó también encarna a un segundo personaje: una especie de conciencia metafórica. Aunque se entrega al máximo con un trabajo corporal muy fluido, casi de danza, esta vertiente más simbólica se ve un poco forzada. En lugar de conseguir crear más misterio, acaba por nublar la conexión que ya habíamos establecido con la astronauta "real".

La fina línea entre el mito y la claridad
Es evidente que Marcel Clement es un autor con un mundo interior rico y una formación culta envidiable. La obra hace referencias a Ícaro, al Leviatán y a otros pilares del pensamiento clásico. No obstante, en este afán por dotar la historia de capas intelectuales, la dramaturgia peca, a veces, de ser demasiado rebuscada. Las referencias son tan densas y se lanzan con tanta rapidez que el espectador puede llegar a sentirse un poco fuera de juego. Quizás, menos "lección" y más "sugerencia" habrían ayudado a que el mensaje calara de forma más orgánica, sin que sintamos que nos hace falta un diccionario de mitología para seguir el ritmo de la nave.
Una reflexión necesaria, un cierre por pulir
La idea central de [AGON]IA es interesante y necesaria: enfrentarnos a nuestra propia insignificancia en el cosmos. Pero la dramaturgia opta por un trasfondo metafórico y lleno de cultismos que dificulta la comprensión total de la obra y hace que el ritmo decaiga. Al final, nos quedamos con el sabor de haber visto un ejercicio teatral de altísimo nivel técnico y actoral, pero que pierde fuerza a causa de un guion demasiado enrevesado y distante.
Aun así, [AGON]IA nos deja con ganas de seguir la pista a la Cia del Corb, que aquí demuestra una capacidad de montaje y un talento interpretativo que prometen grandes noches de teatro.
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