Barcelona es una ciudad innovadora gracias a su ecosistema empresarial, sobre todo aquellas compañías emergentes que con poco levantan un proyecto fresco y nuevo que pretende cambiar algo de la vida cotidiana. Es evidente, sin embargo, que no lo pueden hacer solas. Aquí es donde la financiación, tanto pública como privada, juegan la parte más importante. El capital es lo que hace que una buena idea se convierta en el nuevo producto de las estanterías del supermercado, el nuevo software inteligente o la nueva manera de trabajar. Hace años que Catalunya y el estado español intentan mantener el ritmo de inversiones en empresas emergentes o en scale-ups —start-up que ya ha superado la fase inicial de prueba y consigue un crecimiento rápido, constante y sostenido en el tiempo—, pero no siempre pueden competir con los mercados exteriores. En clave europea, tanto la inversión pública como la privada son más lentas, sin tanta capacidad de arriesgarse y muy a corto plazo, lo cual estanca el crecimiento de las empresas que tienen que escoger entre la soberanía o la aceptación de inversores extranjeros. Son estas las que miran al inversor y piden un cambio; tres claves para competir sin marcharse: mercado único, paciencia y retención de talento.
El Cercle d'Economia convocó el pasado jueves una jornada de reflexión sobre una pregunta: ¿Quién financia la innovación? En las primeras sesiones, representantes de la financiación pública y privada salían por separado a reconocer que intervenían todo lo que podían, pero quedaba mucho por hacer. Dos horas después subían al escenario los testimonios: Factorial, Qilimanjaro y Lumiris Spectral Solutions. Tres compañías con un proyecto ambicioso, escalado o escalable, que piden una mejora del ecosistema de financiación para facilitarles la vida. La primera cuestión es la fragmentación del mercado europeo. Jugar en el tablero europeo de las inversiones es todo un reto. Es evidente que las compañías escalables e internacionales buscan financiación más allá del país que las ha visto nacer. Por lo tanto, no es extraño que las start-ups catalanas salgan a Europa para testear el mercado. Ahora bien, a diferencia de los Estados Unidos, cada país de la Unión Europea tiene unas regulaciones, normativas y evaluaciones diferentes, lo cual hace muy complicado conseguir financiación en un mercado dividido.
"Esta fragmentación no juega a favor de las empresas en los primeros años", expresa Marcel Queralt, Chief Partnerships Officer en Factorial, la scale-up catalana que desarrolla software de recursos humanos. De esta manera, el empresario recuerda que proyectos más grandes y comunes pueden escalar la empresa de una manera "más rápida y sólida". Queralt asegura que estas inversiones son las más interesantes y que sin ellas, "muchas compañías recurrimos a capital extranjero", argumenta y reconoce que en sus rondas de financiación Estados Unidos y el Reino Unido son los máximos representantes.
Estados Unidos es el gran competidor de Europa
Estados Unidos es el gran competidor de Europa. Los norteamericanos no solo financian proyectos dentro de su territorio, sino que se saltan las fronteras y entran a participar en empresas de aquí. Además, en el momento en el que una start-up tiene que ir a buscar financiación se le hace más fácil entrar en un mercado único. "En Europa tenemos regulaciones diferentes, diversas evaluaciones y normativas que cambian dependiendo del país", dice Queralt, quien confirma que "competimos con mercados únicos". La realidad es que las regulaciones y normativas siempre se ponen sobre la mesa como problemas para las empresas emergentes, sobre todo en el momento que se busca un crecimiento en clave europea sin un mercado unificado. Es por este motivo que, muchas veces, las empresas buscan capital fuera de su país natal o incluso fuera de Europa: "Queremos hacer crecer la compañía de manera soberana, pero al final lo que queremos es hacerla crecer", explica Marta P. Estarellas, CEO de Qilimanjaro Quantum Tech, la empresa catalana de ordenadores cuánticos, ganadora del premio a Mejor Start-up del Mundo 2024 del Mobile World Congress (MWC).
Otra de las claves para mantener la competitividad es una financiación a largo plazo; capital paciente. "Nuestros tiempos son mucho más largos, por lo tanto, necesitamos una financiación que nos pueda esperar. Que no vaya por plazos, que vaya por objetivos", aclara Anna Seriola, cofundadora y CEO de Lumiris Spectral Solutions. La suya es la compañía más pequeña de las tres y la que se encuentra en fases más iniciales. Han desarrollado un dispositivo médico que ayuda a los especialistas en fertilidad y la reproducción asistida (FIV) a seleccionar el mejor embrión para implantar, con el objetivo de conseguir un embarazo más rápido y reducir el número de tratamientos fallidos. Una tecnología compleja, pero con grandes posibilidades de crecimiento que necesita inversores que puedan obviar los resultados inmediatos y que "se necesita más capital antes del producto", remata Seriola.
Fuga de talento
Sin duda, el punto donde coinciden las tres empresas es en la capacidad de retener talento. Se puede tener buena financiación, pero si no hay trabajadores, expertos y profesionales que se encarguen de hacer que un proyecto avance, este muere. Estarellas asegura que la fuga de talento es un problema real del ecosistema empresarial catalán y español. Ella misma confiesa que se marchó al extranjero y reconoce que ha visto muchos directivos de empresas de fuera que son barceloneses. "El capital también debe servir para retener nuestro talento", destaca. Una opinión similar tiene Seriola, quien reconoce que en su empresa necesitan perfiles muy específicos y, por lo tanto, tienen que competir en un mercado feroz para conseguirlos: "El talento se queda porque tenemos buenos proyectos", remarca la CEO de Lumiris Spectral Solutions, haciendo referencia al hecho de que los sueldos no siempre son competitivos. Queralt por su parte, recuerda que el talento "es esencial" para hacer funcionar una empresa, pero también reconoce que sin un mercado único y facilidades en la regulación "es difícil no marcharse".
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