Ciutat Vella encara su segunda gran transformación para volver a ser el centro de Barcelona

El comisionado por el Pacte per Ciutat Vella, Ivan Pera (c) Anna Badia
El comisionado por el Pacte per Ciutat Vella, Ivan Pera (c) Anna Badia

El Pacte per Ciutat Vella define la hoja de ruta para la próxima década para reconvertir el distrito con más comercio enfocado a sus barrios y a la ciudad y como epicentro de la emprendeduría social, con retoques urbanísticos y nuevas centralidades, como la futura Gardunya

(Redactora)
22 de agosto de 2025

Una renovada Ciutat Vella emergió entre la década de los 80 y 90 a raíz de un proceso de transformación que la dotó de nuevos espacios públicos y equipamientos. Ahora, más de tres décadas después, el distrito que acunó la ciudad se prepara para una segunda transformación, con el objetivo de que mire hacia sus vecinos y a los de la ciudad, para que la identifiquen de nuevo como centro de Barcelona.

“El proceso de transformación de los 80 y 90 fue un éxito. Pero con los años y los cambios demográficos y económicos, la situación ha ido cambiando. Ciutat Vella se empezó a escapar y, cuando Ciutat Vella se te escapa, es complicado recuperarla”, asegura el comisionado del Pacte per Ciutat Vella, Ivan Pera. Para reencauzar el distrito y las actividades que alberga, el Ayuntamiento ha impulsado el proceso del Pacto, “con la voluntad de hacer una transformación integral y estratégica de Ciutat Vella”.

Así, el Pacte se propone regresar a la Ciutat Vella que conviene a Barcelona y a los barceloneses mediante una visión estratégica integral a diez años vista, que va mucho más allá del urbanismo y las obras. De hecho, pone la mirada tanto en el bienestar de los vecinos —teniendo en cuenta desde la vivienda hasta la salud, la educación y la seguridad— como en el modelo económico y el espacio público, así como en la comunidad, con un objetivo: “Recuperar la identidad y el orgullo de Ciutat Vella para toda la ciudadanía”.

Para avanzar en este sentido, el proceso arrancó a finales de 2024 con el diálogo como herramienta básica. “Y no sólo con vecinos, comercios, asociaciones del distrito, sino también con gente de toda Barcelona que quiera comprometerse con Ciutat Vella”, puntualiza Pera. Como destaca el comisionado, la voluntad es avanzar en la renovación del distrito con el máximo consenso posible, incluso entre actores con intereses aparentemente enfrentados que ahora “se sientan en una misma mesa”.

El objetivo es, después de fijar las prioridades y concretar propuestas, presentar las conclusiones en otoño, “como una hoja de ruta con actuaciones definidas”, que después deberán acompañarse de presupuesto para irse desarrollando a lo largo de la próxima década. Para definirla, el Pacte ha celebrado debates y unas primeras jornadas, que previsiblemente tendrán continuidad con un segundo encuentro.

La estrategia se propone que Ciutat Vella se vuelva a situar como “el centro de la ciudad”, que se ha ido moviendo ligeramente en el mapa hacia arriba, hasta una zona con Paseo de Gràcia y Gran Via como epicentro, según Pera: “Ahora parece que Ciutat Vella es para los visitantes, y queremos volver a bajar el centro de la ciudad hacia abajo”. Y es que el distrito está marcado por los visitantes que lo pisan a diario: mientras que los turistas por kilómetro cuadrado en la ciudad se sitúan en cerca de 1.600, en Ciutat Vella son 14.000.

Jornada dentro del proceso de debate del Pacte per Ciutat Vella.

En este contexto, la Ciutat Vella de 2035 debe buscar el equilibrio, también en su modelo económico y comercial, con comercio local y de proximidad en equilibrio con el que está más enfocado al visitante. Así, el nuevo Plan de Usos en el que trabaja el Ayuntamiento apuesta por una oferta pensada para los vecinos, y para la ciudad: “No queremos más salones de uñas, ni carcasas de móvil ni grow shops”. De hecho, la intención es que el comercio vire el enfoque y pase de los visitantes a los vecinos, no sólo del distrito: “Queremos comercio de proximidad y comercio de ciudad, para que los barceloneses vuelvan a hacer eso de bajar a Ciutat Vella”.

Este modelo, sin embargo, debe ir más allá del comercio, y los impulsores del Pacte han decidido poner el foco en la emprendeduría social: “Si el 22@ es el distrito tecnológico, queremos que Ciutat Vella sea el distrito de la innovación social”. Para ello, se plantean crear un espacio para fomentar la atracción de talento en este ámbito, que explore propuestas innovadoras en cuesiones como la vivienda y la convivencia, que puedan transformar Ciutat Vella y que a la vez se puedan exportar a otros lugares.

El comisionado Ivan Pera (c) Anna Badia

Ivan Pera lidera el proceso para definir la hoja de ruta para la Ciutat Vella de 2035. © Anna Badia

Y es que la convivencia juega un rol imprescindible en este proceso. En un distrito condicionado por la presencia de visitantes, demográficamente está marcado también por la inmigración, incluidos expats que “deben integrarse entre los vecinos”. El objetivo es fortalecer la comunidad y tejer vínculos, y es que “la comunidad ayuda a afrontar los retos del barrio y del distrito”. Uno de los principales retos que afronta la comunidad está en la vivienda. En un distrito sin espacio para construir, Pera defiende priorizar la rehabilitación, con medidas para incentivarla. En cuanto a la atención a las personas sin hogar, el Ayuntamiento defiende abordarla también a nivel catalán, y es que el asunto trasciende a la ciudad, con personas que llegan al distrito desde más allá de Barcelona: “Hay que tener muy clara la estrategia de país y que se coordine entre todas las ciudades”.

Nuevas plazas y ejes

La transformación tendrá efectos en el entramado urbano del distrito. La más visible generará una nueva centralidad en el Raval, a tocar de La Boqueria, y convertirá la Plaza de la Gardunya “una nueva gran plaza”, con una biblioteca hacia la que mirarán nuevas paradas del mercado, que ahora parece estar dándole la espalda a la plaza. “El proyecto es que el antiguo Hospital de la Santa Creu se convierta en un pulmón cultural del Raval”, también con horizonte 2035.

A pocos metros, otra gran avenida se perfila como gran eje cultural: La Rambla avanza en su reforma con la voluntad de ser un polo de atracción con la cultura como emblema. Para ello, hay algo pendiente: el Principal. En manos de un privado, el antiguo teatro sigue sin previsión de reabrir. Cuando lo haga, debe hacerlo con un proyecto que perdure y que sea sostenible económicamente, como destaca el comisionado: “Ahora que hemos recuperado el Capitol, falta el Principal. Es un asunto que se debe abordar”.

Además, se quiere reducir la densidad de entornos como el de la calle Picalquers, donde se está planteando la posibilidad de crear una nueva plaza. Pero las mejoras irán más allá de grandes obras, e incluirán precisos retoques en ejes como el que va desde el Macba hasta Liceu, que ahora se quiere ampliar estirándolo hacia el mar y dándole continuidad por la Avenida de las Drassanes, “que ahora queda un poco como el patio de atrás del Raval”. Otro eje que se potenciará, además de los esenciales de La Rambla y Via Laietana, es el que resigue el antiguo Decomanus —ahora la calle del Bisbe, Ciutat y Regomir—, con la intención de “potenciarlo comercialmente, como un eje comercial”. Más allá del comercio, también se promoverán ejes culturales, como el que va desde el Palau Martorell hasta Portal de l’Àngel, pasando por el futuro Borsí y el Reial Cercle Artístic, con una máxima de fondo: “Tenemos que volver a llenar de vecinos el Gòtic”.

Calle Elisabets de Barcelona, en Ciutat Vella, por Laura Guerrero.

Calle Elisabets de Ciutat Vella. © Laura Guerrero

Un debate en red

Barcelona no está sola en este debate. “Otras ciudades del mundo están haciendo este proceso”, recalca Pera. Con el fin de compartir experiencias y puntos de vista, el comisionado plantea crear un espacio de trabajo entre ciudades con problemáticas y oportunidades similares, para afrontarlas compartiendo propuestas en red. Con un fin: avanzar decididamente hacia ciudades para sus ciudadanos.

Porque, en definitiva, el objetivo final está ahí: “Que los barceloneses vean Ciutat Vella como un lugar en el que pasear, de cultura y de compras”, que dejen de lado estigmas que vinculan el distrito únicamente con el turismo, problemas y seguridad. “Queremos mostrar el distrito hacia fuera y que los barceloneses vean más allá”, y que vuelvan al distrito o, en algunos casos, que lo descubran por primera vez: “Queremos volver a enamorar a Barcelona”.

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Anna Badia López
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