Toda grieta tiene una historia. También las geopolíticas. Explica de dónde venimos e insinúa hacia dónde vamos.
Antes de convertirse en fractura, acostumbran a presentarse disfrazadas de episodios puntuales. Una crisis financiera. Una pandemia. Una guerra en Europa. Un conflicto en Oriente Próximo. Unos aranceles. Un presidente de políticas estridentes. Una tecnología que lo cambia todo. Durante años las observamos por separado, como si fueran excepciones. Hasta que llega un momento en que dejan de ser acontecimientos independientes y pasan a formar parte del mismo dibujo.
Y este lunes, en la 41ª Reunión del Cercle d'Economia, la sensación era precisamente esta: que la grieta del orden mundial ya es lo suficientemente visible para que nadie pueda seguir hablando de incidencias aisladas. El orden internacional que Europa había dado por descontado se está redefiniendo ante sus ojos y la pregunta ya no es cómo evitar el cambio, sino qué papel quiere jugar cada uno. Europa, España y Catalunya.
"Ya no nos preguntamos si debemos actuar, sino cómo debemos actuar y si seremos capaces de hacerlo", ha sintetizado Teresa Garcia-Milà, presidenta del Cercle, en la inauguración de una reunión que, sin celebrar ningún aniversario redondo, ha registrado una asistencia récord —unos 400 asistentes— y que ha arrancado con una idea compartida: entender cómo Europa puede dejar de ser espectadora de los cambios globales para convertirse en actor. Dejar de mirarse el ombligo, dejar de diagnosticar, y pasar a la acción, a los planes de transformación.
Y para hacerlo, el pistoletazo de salida de la reunión ha condensado en pocas horas una ausencia inesperada —la del alcalde Jaume Collboni, que excusó su presencia por motivos personales—, un anuncio de inversiones millonarias, un toque de atención por las políticas de vivienda, un llamamiento a reforzar la industria de defensa, una reflexión sobre la transformación que necesita Europa tanto de puertas adentro como ante el mundo y, de fondo, una melodía conocida que se resiste a abandonar el debate económico catalán: la productividad.
El anuncio: 3.300 millones en inversión público-privada para acelerar infraestructuras estratégicas
Salvador Illa ha aprovechado su intervención —la primera del pistoletazo de salida de la jornada del Cercle— para anunciar un plan de acción: el presidente de la Generalitat ha anunciado la movilización de 3.300 millones de euros en inversión público-privada destinada a acelerar infraestructuras estratégicas en Catalunya.
Según ha explicado, el Govern prevé licitar de manera inmediata un primer paquete de proyectos valorado en 1.800 millones de euros y trabaja en una segunda fase de 1.500 millones más. Entre las actuaciones previstas se encuentran las estaciones del tramo central de la L9, el despliegue del programa de carreteras 2+1, el desdoblamiento parcial del tramo Berga-Bagà, la mejora de la C-55, la segunda fase del tranvía de Tarragona hasta Reus y la terminal ferroviaria de Lleida-Quatre Pilans.
Illa: "Ya no se trata de preguntarse qué puede hacer Europa por Catalunya, sino qué puede hacer Catalunya por Europa"
"Hay que pensar en grande, con ambición y empuje", ha defendido Illa, que ha argumentado que la colaboración público-privada permitirá ejecutar en seis años infraestructuras que, en condiciones ordinarias, requerirían entre dos y tres décadas.
El presidente también reivindicó el Plan Catalunya Lidera y la voluntad de reforzar la productividad y la competitividad de la economía catalana. "Ya no se trata de preguntarse qué puede hacer Europa por Catalunya, sino qué puede hacer Catalunya por Europa", ha afirmado, defendiendo que el país debe tener un papel activo en la nueva etapa que se abre en el continente.
Illa, que también observa la grieta interna de su partido, ha aprovechado su intervención para cerrar filas con los gobiernos socialistas, defendiendo que "nada ni nadie" los "desviará" de su "propósito" y "deber". Y, de hecho, en su intervención ha cuestionado que haya "tantas coincidencias en determinadas agendas" a raíz de las investigaciones al PSOE. Ante las "coincidencias" ha assegurado que los socialistas continuarán "gobernando con rigor, con responsabilidad y con verdad por delante de todo".
Con un toque de atención: la vivienda
Si en infraestructuras Illa ha encontrado complicidades, en vivienda ha topado con una de las pocas discrepancias explícitas de la jornada. Garcia-Milà ha querido dejar claro que el Cercle comparte el diagnóstico sobre la gravedad de la crisis habitacional, pero no algunas de las recetas impulsadas por el Govern. "Necesitamos ampliar la oferta", ha insistido, antes de advertir que medidas como el control de los precios del alquiler, aunque estén bien intencionadas, pueden acabar produciendo el efecto contrario al deseado.
"El tope de precios no es una buena medida", ha afirmado “con franqueza” la presidenta del Cercle, que ha criticado que la regulación de los alquileres limita la oferta disponible, genera inseguridad jurídica y traslada a los propietarios una responsabilidad que corresponde a la administración pública. "La administración debe proteger a las familias vulnerables, pero no puede trasladar esta responsabilidad a los propietarios", defendió.
La respuesta de Illa, que ha sido bastante esquiva, ha puesto el foco en las personas afectadas por la crisis de la vivienda para justificar las medidas adoptadas. "Necesitábamos medidas con mirada a corto plazo", ha argumentado, sin entrar a rebatir directamente la crítica sobre los efectos de los topes.
Con deberes pendientes: reforzar la defensa
En una reunión dedicada a la autonomía estratégica europea, Garcia-Milà ha aprovechado su discurso inaugural para reclamar una apuesta más decidida por la industria de defensa en Catalunya. La presidenta del Cercle ha recordado que el país cuenta con más de un centenar de empresas vinculadas a los sectores aeroespacial y de defensa, señalando que el peso actual de esta actividad sigue siendo demasiado reducido teniendo en cuenta la base tecnológica existente. "Esta es una anomalía que ahora tenemos la oportunidad de corregir", ha afirmado.
Y la reflexión, de hecho, ha tenido después continuidad en la primera mesa redonda de la jornada. El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, y su homólogo polaco, Radosław Sikorski, han coincidido en la necesidad de reforzar la capacidad europea en materia de seguridad y defensa en un contexto internacional cada vez más exigente.
Ambos han defendido una mayor integración de la industria militar europea, el impulso de grandes programas industriales compartidos y una coordinación más estrecha entre los estados miembros para preservar la capacidad de disuasión del continente.
Según el titular de Exteriores español, se deben impulsar programas europeos y consorcios como el de Airbus para fortalecer la industria militar en el Viejo Continente y también “un ejército europeo que no sustituya a los ejércitos nacionales” pero que pueda actuar cuando “la talla de la amenaza sea europea o se tengan que proyectar fuerzas al exterior”. Para Sikorski, es necesario mejorar la interoperabilidad de la industria de defensa europea y desarrollar la fabricación europea.
Con Europa ante el espejo
Pero la autonomía estratégica no depende solo de la capacidad industrial o militar. También obliga a Europa a revisar su propio funcionamiento. Sikorski, de hecho, ha cuestionado los límites del sistema actual de toma de decisiones en la UE y ha advertido que la regla de la unanimidad dificulta a menudo la capacidad de respuesta de la Unión Europea. El ministro polaco ha llegado a defender que la unanimidad no es "la única expresión de la democracia" y ha puesto en duda algunos de los equilibrios actuales entre los estados miembros.
Albares, por su parte, ha situado el debate en el terreno de los valores. El ministro ha propuesto que la Unión Europea incorpore no solo requisitos de entrada, sino también de permanencia para garantizar el respeto a los principios democráticos que sustentan el proyecto comunitario.
Y la banda sonora de fondo: la productividad
Pero detrás de todas las conversaciones sobre autonomía estratégica, reindustrialización o competitividad hay una misma pregunta —cómo generar más valor en un mundo que se ha vuelto más fragmentado y más incierto— y una banda sonora que sigue sonando reunión tras reunión, informe tras informe, y que tiene que ver con la productividad.
"Sin un salto en productividad, ni los salarios mejorarán ni seremos capaces de mantener el estado del bienestar que queremos", ha advertido Garcia-Milà. Innovación, financiación, políticas públicas, dimensión empresarial o talento son algunas de las piezas de una ecuación que hace años que acompaña el debate económico catalán
Quizás por eso el debate sigue volviendo. Porque a pesar de que el diagnóstico es cada vez más compartido, las respuestas siguen abiertas. En Catalunya. Y también en Europa: Autonomía estratégica de Europa, ¿mito o realidad?
