La Boqueria está viva

¿La Boqueria está muerta? Ni de lejos. Está más viva que nunca. Leí con sorpresa la reciente columna de opinión 'Muerta La Boqueria, salvemos Santa Caterina' publicada en The New Barcelona Post donde se afirmaba que la Boqueria está muerta. Y no pude evitar preguntarme: ¿hemos llegado al punto de confundir una crítica personal con una sentencia definitiva? Porque la Boqueria no es una metáfora. Es una realidad diaria que implica a más de 1.300 personas que trabajan en sus paradas, muchas de ellas barcelonesas.

Un mercado con más de 175 puestos activos, que recibe más de 25 millones de visitas al año y que en 2024 ha sido reconocido como el mejor mercado del mundo por los Global Tastemakers Awards de la revista Food&Wine. Y, sobre todo, sigue siendo el mayor mercado de producto fresco de Catalunya. ¿Eso es estar muerto? Entiendo que a algunos no les guste lo que representa hoy la Boqueria. También es legítimo que les moleste que no encaje en su ideal de ciudad. Pero de ahí a enterrarla en un titular... hay un abismo. Se puede opinar sin desinformar. Se puede discrepar sin despreciar lo que representa para miles de personas.

A mí, personalmente, no me entusiasma ver una Barcelona bloqueada por obras eternas, que parece estar en guerra consigo misma. Ni una ciudad donde llegar caminando al centro se ha convertido en una misión imposible. Tampoco me gusta ver camiones de basura invadiendo las calles a todas horas mientras seguimos teniendo una ciudad sucia. Y me cuesta entender que se vayan a invertir 200 millones de euros en eliminar dos muelles de cruceros sin abrir un debate serio sobre el modelo económico. Pero ni así se me ocurriría decir que Barcelona está muerta.

Porque Barcelona está más viva que nunca. Y lo está gracias a quienes seguimos creyendo en ella. A quienes abrimos cada día nuestras persianas. A quienes invertimos, innovamos y apostamos por un comercio con alma. En estos últimos años, pese a las dificultades, la ciudad ha dado señales claras de renacimiento: más comercios abiertos, mayor seguridad, una gastronomía de más calidad, un renovado orgullo de pertenencia y una visión de futuro que vuelve a ilusionar. 

Y la Boqueria no es ajena a este impulso. Hoy conviven en ella bares con historia que siguen sirviendo almuerzos de cuchara, paradas familiares que llevan más de cuatro generaciones apostando por la excelencia, y programas de cuina per nens que enseñan a los más pequeños el valor de nuestra cultura gastronómica. Durante la pandemia, cuando las calles estaban vacías, Vidal Pons (cuarta generación de paradistas) seguía montando cada día su parada, aunque supiera que nadie pasaría. Lo hacía por compromiso, por respeto a su oficio y por amor al mercado. Esa es la Boqueria de verdad: la que no sale en los titulares, pero sigue latiendo con fuerza cada mañana.

¿No te gusta la Boqueria? Perfecto. Pero ven y conócela de nuevo. Habla con sus paradistas. Observa cómo conviven historia y modernidad en sus pasillos. Mira más allá del tópico. Porque si alguien dice que la Boqueria está muerta, quizá es porque hace mucho que no la pisa. Y una cosa más: quien quiere matar la Boqueria, en el fondo, quiere matar Barcelona. Y eso no lo podemos permitir. Salvemos Barcelona y defendamos lo que nos hace únicos.

Sobre el autor

Jorge Mas[3]-2
Jorge Mas
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