Repensar Barcelona es un ejercicio de imaginación y de futuro. De cómo se quiere vivir la ciudad y qué modelo de ciudad se quiere construir. Pero es también, y sobre todo, un ejercicio de presente: de qué decisiones se está dispuesto a tomar —o a evitar— hoy para que la ciudad sea realmente más habitable mañana. Desde esta mirada, el programa Barcelona 2040 de Barcelona Global se proponía un objetivo ambicioso: transformar las reflexiones de futuro de los jóvenes de la ciudad en propuestas concretas, reales y viables para avanzar hacia una Barcelona más habitable.
Propuestas para afrontar retos nada fáciles de resolver, que se sitúan en cuatro ámbitos clave de la ciudad: el turismo, la preservación del comercio de barrio, la participación en los grandes eventos deportivos y la adaptación al cambio climático. Cuatro propuestas que, además, no se han quedado en un simple ejercicio teórico, sino que los jóvenes participantes en el programa las han presentado en el Saló de Cent del Ayuntamiento de Barcelona, ante la segunda teniente de alcaldía, Maria Eugènia Gay.
La presentación de estas propuestas ha servido, además, como clausura del programa Barcelona 2040, impulsado por Barcelona Global para formar y conectar talento joven con el tejido institucional y empresarial de la ciudad. En su séptima edición, el programa ha reunido a 33 jóvenes profesionales de entre 27 y 33 años —que se suman a los más de 250 participantes de todas las ediciones—. Concretamente, el programa se ha desarrollado entre octubre de 2025 y mayo de 2026, con 11 sesiones en diferentes espacios de la ciudad, 42 directivos y expertos como ponentes y dos dinámicas de grupo lideradas por Xavier Verdaguer, CEO de Imagine Creativity Center.
Uno de los grandes retos de la Barcelona del futuro es la gestión del turismo, en una ciudad consolidada como uno de los principales destinos urbanos del mundo. El aumento continuado de visitantes, la presión sobre el espacio público y la tensión entre la actividad turística y la vida cotidiana de los barrios han situado este ámbito en el centro del debate sobre el modelo de ciudad. Este ha sido también el primer reto que han trabajado los jóvenes participantes con la propuesta Real BCN, que plantea la creación de un distintivo para identificar establecimientos y experiencias auténticamente vinculadas a la identidad local. El sello tendría en cuenta criterios como la cultura, la sostenibilidad, la gastronomía de proximidad o la innovación, con un sistema de certificación público-privado.
Estrechamente vinculado a esta cuestión, el segundo gran reto es la preservación del comercio de proximidad, ya que una gran parte de establecimientos históricos y de barrio afrontan dificultades no solo para sobrevivir al paso del tiempo, sino también para garantizar el relevo generacional. Ante este reto, los jóvenes participantes en el programa Barcelona 2040 plantean la creación de la Plataforma de Relevo Comercial para conectar negocios históricos que busquen relevo con jóvenes profesionales interesados en continuar su legado.

Más allá del ámbito económico y comercial, el tercer gran reto de la ciudad se traslada al terreno del deporte y de los grandes eventos. Los jóvenes han observado que, aunque Barcelona destaca como ciudad organizadora de grandes competiciones y eventos internacionales, los residentes tienen dificultades para participar en ellos, ya sea por los precios elevados de las entradas o por las limitaciones de acceso. Además, a menudo tienen que asumir afectaciones como cortes de calles, problemas de movilidad u ocupación del espacio público, sin percibir siempre un retorno directo.
Ante este contexto, los jóvenes proponen Barcelona Esperit92, un programa que prevé recuperar el espíritu participativo de los Juegos Olímpicos de 1992, con acceso preferente, reserva de dorsales, actividades y experiencias vinculadas a los grandes eventos para reforzar el sentimiento de pertenencia.
El último reto no es exclusivo de Barcelona, pero ocupa un lugar central en el debate sobre su futuro: el impacto del cambio climático. Ante esta realidad, los jóvenes plantean la creación Fresc.cat, una aplicación de navegación que calcula rutas priorizando las calles con más sombra, vegetación y refugios climáticos. Además de facilitar desplazamientos más confortables durante las olas de calor, la aplicación generaría datos útiles para detectar los puntos de la ciudad con falta de sombra y planificar nuevas intervenciones para hacer el espacio urbano más resiliente.


