Art Nou, un mapa para descubrir dónde nace el arte del mañana

Exposición de Art Nou en IP Studios. © Marc Llibre
Exposición de Art Nou en IP Studios. © Marc Llibre

De la calle de Trafalgar a L'Hospitalet, el festival de arte emergente convierte el verano en una ruta para descubrir a más de 110 creadores que están redefiniendo el arte contemporáneo y las galerías que les abren sus puertas

11 de julio de 2026 a las 05:30h

Todo gran artista fue, antes que nada, un nombre desconocido. Antes de encontrar un lugar en museos, grandes colecciones o ferias internacionales, tuvo que aprender a montar una exposición, convencer a una galería de que apostara por su obra y confiar en que alguien cruzaría la puerta para descubrirla. Pero, en el mundo del arte, la incertidumbre que generan esas primeras veces no solo es cosa de artistas. También la experimentan los galeristas que deciden asumir el riesgo —y el coste económico— de apostar por un nombre desconocido y personas que, pese a mirar constantmente las galerías desde fuera con curiosidad, no se atreven a entrar, convencidos que son espacios reservados para expertos o coleccionistas dispuestos a comprar. 

Tras quince ediciones, el festival de arte emergente Art Nou sigue existiendo para hacer un poco más fácil ese primer paso, tanto para los jóvenes artistas como para las galerías y el público. Impulsado por Art Barcelona, el festival nació en 2012 cuando la asociación de galerías detectó una paradoja: mientras Barcelona concentraba una nueva y diversa generación de artistas con ganas de abrirse camino, eran pocos los espacios de la ciudad dispuestos a asumir el riesgo de darles una primera oportunidad. 

Para las galerías, cuya supervivencia depende de la venta de obra, apostar por artistas emergentes supone un elevado riesgo económico. Para muchos creadores, en cambio, el reto comienza al intentar abrirse camino en un circuito profesional para el que su formación no siempre los ha preparado. "El objetivo del festival era acompañar a ambas partes en ese salto al vacío", resume Pilar Cruz, directora de Art Nou. La fórmula es sencilla: cada verano, el festival consigue que galerías y espacios de arte de Barcelona y L'Hospitalet reserven parte de su programación a artistas emergentes menores de 35 años. Para muchos de ellos, supone la primera oportunidad de trabajar con una galería y presentar su obra al público.

Más de 110 artistas participan en un programa que se despliega por 21 galerías, 23 espacios independientes y cinco instituciones de Barcelona y L'Hospitalet. © Marc Llibre.

La fórmula ha demostrado funcionar. Hasta el 3 de septiembre, Art Nou celebra su decimoquinta edición con cifras récord: más de 110 artistas participan en un programa que se despliega por 21 galerías, 23 espacios independientes y cinco instituciones de Barcelona y L'Hospitalet. “Haber doblado el número de participantes significa, por un lado, que el ecosistema artístico joven y emergente goza de buena salud, ya que hay galerías dispuestas a apostar por nuevos artistas y también una nueva y talentosa generación de creadores. Y, por otro, demuestra que el festival sigue creciendo como una plataforma inclusiva, capaz de dar visibilidad al mayor número posible de propuestas”, afirma Cruz.

Pero ¿qué significa hoy ser un artista emergente? La respuesta ya no es tan sencilla como poner un límite de edad —aunque Art Nou la siga marcando a los 35 años—. "La emergencia cubre, en realidad, una horquilla muy grande", resume Pilar Cruz. Bajo ese paraguas conviven quienes acaban de salir de la universidad y presentan su primera exposición, artistas que empiezan su primera relación profesional con una galería y otros que, pese a llevar años trabajando, aprovechan el festival para experimentar con técnicas o formatos nuevos. 

Precisamente por ese motivo, el objetivo de Art Nou no es únicamente ofrecer una primera exposición, sino convertirse en un punto de encuentro capaz de fortalecer esas trayectorias, estén en el momento que estén. La aspiración es que las relaciones que nacen durante el festival no terminen cuando se desmontan las muestras, sino que den lugar a colaboraciones duraderas entre artistas, galerías e instituciones. Pero para que ese primer paso resulte un poco menos incierto, el trabajo empieza mucho antes de inaugurar una exposición. Por ese motivo, Art Nou en esta edición ha reforzado sus vínculos con universidades y escuelas, como la Facultad de Bellas Artes de la Universitat de Barcelona, La Massana, BAU y el Interactive Arts and Science Lab de La Salle con el objetivo de estrechar la distancia entre la formación artística y el circuito artístico profesional. 

Ese espíritu de acompañamiento es con el que trabaja también BETA Contemporary, una de las galerías participantes en esta edición. Instalada en Barcelona hace apenas dos años tras una primera etapa en Berlín, el espacio nació casi por casualidad, cuando un estudio compartido entre un fotógrafo y un pintor acabó convirtiéndose en galería. Desde entonces, BETA ha apostado por acompañar a artistas con los que construir una relación a largo plazo. "Hay artistas con los que empezamos desde el principio y hemos ido creciendo en paralelo", explica su cofundador, Mauricio Sauma.

La exposición 'Velar' de Carlos Herraiz en BETA Contemporary, dentro del programa de de Art Nou. 

Esa manera de entender el trabajo con los artistas se refleja también en su programación. Frente a las exposiciones colectivas, BETA ha optado casi siempre por las muestras individuales. "Un solo show es un momento muy importante en la carrera de un artista. Nos gusta entrar en su taller, conocer su práctica y construir la exposición con él”, añade el galerista. “Sobre todo, nos interesa acompañar procesos”.

Acompañar a los artistas implica también facilitar que esos encuentros entre galeristas y artistas lleguen a producirse. Con esa idea, este año Art Nou ha actuado como puente entre galerías y creadores.Para ello, ha puesto en contacto a espacios que querían participar en Art Nou, pero todavía no habían encontrado al creador adecuado, con los dosieres presentados a convocatorias públicas como las de Sala d'Art Jove o Sant Andreu Contemporani. De ese intercambio han surgido varias de las exposiciones que forman parte de esta edición. A estas se suman las convocatorias abiertas impulsadas por Espai Souvenir, Fundació Úniques, Anywhere o Afterschool, concebidas para descubrir nuevos talentos y ampliar la mirada más allá de los nombres habituales.

Performance inaugural de Mourae dentro del programa de Art Nou. © Marc Llibre

Un mapa para perderse por el arte contemporáneo

Después de quince ediciones, Art Nou ya no es solo un festival: durante unas semanas dibuja un mapa distinto de Barcelona y L'Hospitalet. Un mapa hecho de galerías, talleres y espacios independientes que abren sus puertas al talento de la nueva generación de artistas. Así, la mejor manera de entender la filosofía del festival no es consultar el programa, sino simplemente ponerse a caminar. Basta con seguir las X -en el suelo de la calle- que identifican las galerías participantes: cada una marca una parada del recorrido de Art Nou, pero también que detrás de esas puertas se encuentra un tesoro por descubrir

Seguir las X también permite observar como, detrás de la enorme diversidad de propuestas —desde la pintura figurativa hasta la escultura, la instalación o el arte digital—, muchas de las obras comparten unas mismas inquietudes. La vivienda, la experiencia migratoria, la memoria, la salud mental, el cuerpo o la crisis ecológica reaparecen una y otra vez. "Art Nou termina siendo, así, un retrato generacional", resume Pilar Cruz.

Ese retrato generacional tiene un punto de partida casi inevitable: la calle Trafalgar. Hace apenas unos años era una calle más del Eixample; hoy basta recorrer unos metros para enlazar una galería con otra y comprobar, puerta a puerta, dónde empieza buena parte del arte contemporáneo más joven de la ciudad. Así, la primera parada del recorrido puede ser Sorondo Projectscon la muestra El calor de otros soles, que reúne a cuatro fotógrafas latinoamericanas afincadas en Europa que retratan inquietudes comunes como la migración, la memoria y la identidad.

A pocos metros, Aura Roig transforma Prats Nogueras Blanchard en un universo de criaturas híbridas y formas cambiantes que desafían las fronteras entre lo humano, lo animal y lo vegetal; mientras que Marcel R. Nuliana nos sumerge en el universo marino en Galeria Senda, llenándola de pinturas murales, criaturas marinas y formas orgánicas que invitan, al menos por un momento, a olvidarse del calor de la ciudad.

La galería Senda. © Marc Llibre

Pero Art Nou, como el arte emergente, no termina en Trafalgar, sino que se extiende por toda la ciudad. En Gràcia, BETA Contemporary presenta Velar, la tercera exposición de Carlos Herraiz junto a la galería. El espacio ha acompañado al artista casi desde sus inicios, cuando todavía desarrollaba una práctica centrada en la pintura. "Recuerdo el día que me dijo: ya no va a haber más pintura'", rememora Sauma, cofundador de la galería. 

Aquel giro marcó el inicio de una nueva etapa: hoy Herraiz reúne telas y documentos encontrados —desde notas escritas por su abuela hasta cartas de amor rescatadas del olvido— y los recubre con capas de cera que dejan entrever fragmentos de esas historias, Las palabras todavía permanecen, aunque visibles sólo a medias, convirtiendo cada pieza en un juego constante entre lo que se revela y lo que se oculta. A pocos metros, la fotógrafa Marta Gironès también recurre a la memoria familiar. Sus fotografías nacen de los diarios que su abuela escribió durante años y construyen un relato íntimo sobre la enfermedad mental y la capacidad de los vínculos cotidianos para sostenernos cuando todo parece tambalearse. 

La exposición de Marta Mas Gironés en Galeria H2O. © Àlex Castro

Pero el recorrido no termina ahí. También se adentra en barrios donde quizá pocos esperarían encontrarse una galería de arte contemporáneo, como Sant Andreu, el Clot, Les Corts o Sarrià. Y, por supuesto, invita a cruzar la Gran Via hasta L'Hospitalet de Llobregat, donde espacios como ethall, Tangent Projects o Raccoon Projects confirman que el mapa del arte —y especialmente el del arte emergente— hace tiempo que dejó de tener un único centro creativo.