World Press Photo y el poder de las imágenes para mirar de frente al mundo

Fotografía de Saher Alghorra, una de las imágenes del World Press Photo de este año. © Saher Alghorra
Fotografía de Saher Alghorra, una de las imágenes del World Press Photo de este año. © Saher Alghorra

Un recorrido por las fotografías de World Press Photo, expuestas en el CCCB hasta el 13 de diciembre, que ponen rostro a conflictos, injusticias y realidades que a menudo quedan fuera de foco

06 de noviembre de 2026 a las 05:30h

Una familia come mientras sus miembros se miran con aparente normalidad, rodeados de los restos de lo que fue su hogar: paredes, puertas y apenas algunos fragmentos del techo, en una Gaza completamente en ruinas. Como si intentaran mantener cierto orden dentro del desorden más generalizado. Otra familia, a muchos kilómetros de allí, intenta guardar en la retina esa última mirada compartida, ese último contacto piel con piel, antes de ser brutalmente separada por el ICE en Estados Unidos. Una anciana mira al robot doméstico que se sienta frente a ella y le hace compañía en una residencia de ancianos, para evitar que la soledad se apodere de sus días. Una joven cierra los ojos y se desploma durante el funeral de su madre, fallecida a causa de las heridas provocadas por la metralla de un obús en el conflicto entre India y Pakistán. 

Son algunas de las 144 imágenes que protagonizan la exposición World Press Photo, que hasta el 13 de diciembre se podrá visitar en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB). Fotografías realizadas en múltiples países, contextos y desde perspectivas muy distintas, pero que comparten una misma característica: la fuerza de la mirada. Miradas cómplices, esquivas, frontales o de perfil. Ojos cerrados. Miradas dolidas, tristes e incluso indiferentes. Expresiones que transmiten dolor, violencia y rabia.

En una exposición que reúne las fotografías que han marcado todo un año, seleccionadas entre más de 57.000 imágenes presentadas por más de 3.000 profesionales de 141 países, es inevitable encontrar algunos de los temas que también han protagonizado la actualidad informativa: conflictos, guerras, desplazamientos, violencia y crisis humanitarias. Sin embargo, son pocas las imágenes que muestran esa violencia de forma directa. Apenas hay sangre, bombardeos o armas, pero está ahí, latente, en todas y cada una de las miradas que recorren la exposición.

Una joven se desmaya en el funeral de su madre. © Yasir Iqbal

Miradas que, aunque a veces no se dirigen directamente al espectador, obligan a enfrentarse a realidades a las que a menudo, ya sea por la distancia física o emocional, acostumbramos a dar la espalda. Sin embargo, basta detenerse ante algunas de estas imágenes para que sus expresiones se nos claven, nos ericen la piel y nos acerquen a aquello que pocas veces queremos ver: los conflictos armados en Ucrania, una Gaza reducida a cenizas y escombros, las violaciones, los devastadores efectos que dejan las guerras incluso años después de su final, el racismo o realidades más cercanas, como los incendios forestales, el deterioro de la salud mental de la población o la soledad que sienten muchas personas mayores.

Situaciones, todas ellas, que forman parte del mundo actual, pero a las que a menudo preferimos no prestar atención, o de cuya existencia ni siquiera somos conscientes. Sin embargo, cuando esas imágenes nos atraviesan, resulta imposible seguir mirando hacia otro lado. Y esa es precisamente una de las funciones del fotoperiodismo que World Press Photo lleva más de dos décadas defendiendo: su capacidad para denunciar y visibilizar realidades distintas, poniendo sobre ellas el foco del debate público. Porque no es hasta que vemos esas imágenes, hasta que ponemos rostro a las personas que hay detrás de las cifras, cuando logramos empatizar. 

"La fotografía actúa como un puente entre quienes los medios de comuniación acostumbran a reducir a simples cifras y la sociedad, acercando sus testimonios para humanizarlos", ha expresado el fotoperiodista español Diego Ibarra durante la presentación de esta edición de World Press Photo. Galardonado por su trabajo Educación secuestrada, muestra los devastadores y muchas veces invisibles efectos de los conflictos armados sobre derechos tan básicos como la educación. Desde 2011, el fotógrafo, hijo de una maestra y padre de un niño de 11 años, ha documentado esta crisis en nueve países, desde Colombia hasta Afganistán. 

Pero el impacto de estas imágenes puede ir incluso más allá de la denuncia. Algunas también contribuyen a cambiar las realidades que documentan. Es el caso de la serie Polvo lunar, del fotógrafo Mohamed Mahdy, que retrata la situación de una aldea cercana a su pueblo natal. Allí, una comunidad de más de 30.000 residentes vive en el conocido como Moon Valley, a menos de 15 metros de una fábrica de cemento que cubre sus casas de polvo tóxico y provoca enfermedades, desde asma hasta distintos tipos de cáncer y daños respiratorios irreversibles, también entre los niños. El proyecto no solo ha visibilizado esta realidad, sino que también ha contribuido a conseguir ayuda médica y legal para las familias afectadas, incluida la del propio fotógrafo, que también sufre asma.

Una de las imágenes de la serie Polvo lunar, del fotógrafo Mohamed Mahdy. © Mohamed Mahdy

Sin embargo, acercarse a estas realidades también tiene un coste para quienes las documentan. Ibarra ha recordado que la violencia se ejerce no solo contra quien es mirado, sino también contra quien mira: el fotoperiodismo es cada vez una profesión más peligrosa. Tan solo el año pasado, 93 periodistas fueron asesinados mientras ejercían su profesión, tal como advierte la exposición en su tramo final. Junto a estas cifras, varias infografías recuerdan que la libertad de expresión, por mucho que a menudo se dé por sentada, sigue estando negada en muchos países.

Parar, mirar y cuestionar

Estas fotografías consiguen, además, un hito no menor: nos invitan a deternos. Cada día pasan ante nuestros ojos miles de fotografías, vídeos e imágenes, ya sea en el ordenador, el móvil o incluso por la calle, por lo que detenerse a observar no es una tarea sencilla. Además de parar, también nos fuerzan a entender a quienes nos miran desde el otro lado de la cámara y a cuestionarnos nuestra propia realidad y la información que tenemos del mundo en el que vivimos.

La muestra de fotografías en el CCCB se podrá contemplar hasta el próximo 13 de diciembre. -

Parar, mirar y cuestionar. Son también los tres ingredientes principales que Silvia Omedes, fundadora y directora de la Fundación Photographic Social Vision —entidad que este año celebra su primer cuarto de siglo—, considera esenciales en el fotoperiodismo. "Una buena imagen nos tiene que informar, es decir, informar de una realidad; nos tiene que emocionar y, sobre todo, nos tiene que interrogar: tiene que poner a trabajar e interpelar intelectualmente a la audiencia", ha explicado.

Lo dice con conocimiento de causa. No solo dirige una entidad dedicada a promover la fotografía documental, sino que también es la responsable de traer el World Press Photo a Barcelona por vigésimo segundo año consecutivo, en coproducción con el CCCB y con la colaboración de la Fundación Sabadell. Y este año, Omedes también ha formado parte del jurado global de World Press Photo 2026. Un proceso que describe como "agotador", por el "coste emocional que supone" revisar imágenes que nos enfrentan a realidades a las que no siempre resulta fácil mirar de frente. 

La injusticia de quienes deberían impartir justicia: la fotografía del año

"Cada año vemos a los ganadores como un reflejo del mundo en el que vivimos y de los temas que ocupan a la humanidad hoy en día", ha expresado Marta Echevarria, comisaria de exposiciones de World Press Photo Foundation. Entre las temáticas de esta edición destacan los conflictos bélicos y sus consecuencias en Gaza, Ucrania, India, Siria o Sudán; la crisis medioambiental y los efectos del cambio climático; las protestas ciudadanas en distintos puntos del planeta; la salud mental y la resiliencia del ser humano incluso en los contextos más devastadores.

La imagen del año según el World Press Photo. © Carol Guzy

Entre ellas, la fotografía del año condensa una de las grandes paradojas de este siglo:  quienes deberían impartir justicia son también quienes acaban ejerciendo la injusticia. Tomada en el interior de uno de los pocos edificios federales de Estados Unidos en los que se permite el acceso a fotógrafos, la imagen recoge un instante desgarrador: una familia una familia queda separada cuando agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE) detienen al padre. La hija se aferra a la camiseta de su padre, tratando de retenerlo en un último gesto, sin saber cuándo —o incluso si— volverán a verse. La imagen condensa, en buena parte, la exposición del World Press Photo: una situación de violencia institucional que no necesita mostrar golpes ni sangre para resultar desgarradora, sino que con una sola mirada y un gesto, el de una hija a su padre, puede resultar desgarradora.

Además de la violencia, en la muestra también reaparece, en varias fotografías, la capacidad del ser humano de adaptarse e incluso normalizar las situaciones más adversas. Es el mensaje que transmite la serie Boda en plena inundación, de Aaron Favila, en la que una familia intenta celebrar el amor y conservar el recuerdo del que debería ser uno de los días más felices de su vida, con los pies sumergidos en el agua que ha inundado Filipinas por el tifón Wipha. 

Una familia filipina intentando celebrar una boda en medio del tifón. © Aaron Favila

Esa misma capacidad de adaptación se observa en una de las imágenes de la serie Testigos en Gaza, de Saher Alghorra. En ella, una familia intenta comer como si el mundo a su alrededor no estuviera ya derruido, tratando de mantener cierta normalidad en medio de una realidad que no ha elegido. Gaza vuelve a ser protagonista de una de las fotografías finalistas, Emergencia humanitaria en Gaza, de Saber Nuraldin, que muestra cómo varios palestinos se enfilan a un camión de ayuda humanitaria a su entrada en la Franja de Gaza para conseguir harina. Una escena que, sin mostrar la violencia de forma directa, vuelve a evidenciarla en toda su crudeza. 

La otra finalista es Los juicios de las mujeres Achí, de Víctor J. Blue que retrata a Doña Paulina Ixpatá Alvarado junto a otras mujeres achíes frente a un tribunal de Guatemala, después de conocer la condena a 40 años de cárcel de sus agresores por violación y crímenes contra la humanidad. 

Palestinos enfilándose por el camino de la ayuda humanitaria. © Saber Nuraldin

Miradas que nos interpelan de cerca

Las historias que recoge World Press Photo llegan de todos los rincones del planeta, pero algunas nos interpelan desde una realidad mucho más cercana. Es el caso de Brais Lorenzo, con su serie Tierra quemada, que retrata los incendios forestales en Galicia, su tierra natal. Allí se quemaron más de 200.000 hectáreas durante el verano de 2025, la temporada de incendios más grave registrada en España en las últimas tres décadas. Lorenzo está acostumbrado a trabajar con el fuego, que incluso puede resultar bello desde el punto de vista fotográfico, pero cuyo impacto sobre el territorio es devastador.

No se trata solo de las víctimas humanas: también están las tierras destruidas, las familias desplazadas y los negocios que desaparecen. "Creo que debemos sentir cualquier injusticia como propia en cualquier lugar del mundo", ha remarcado el fotógrafo. En su caso, sin embargo, se añade ese componente personal. "La cámara ejerce de filtro, pero en este caso es mi tierra, mi gente, y nuestro patrimonio natural", ha lamentado. De hecho, muchas de las fotografías las ha tomado a escasos metros de la aldea natal de su padre.

Una de las fotografías de Brais Lorenzo sobre los incendios forestales de Galicia. © Brais Lorenzo

Con Lorenzo, son tres los fotógrafos españoles distinguidos este año por World Press Photo. Otro de ellos es Diego Ibarra, con sus imágenes sobre las consecuencias de los conflictos armados en la educación en distintos países. El tercero es Luis Tato, con la serie Protestas de la Generación Z en Madagascar, que retrata las movilizaciones juveniles en el país. En una de las imágenes, un joven con el rostro cubierto, camiseta de Naruto y una bandera de One Piece participa en las protestas.

Nos interpelen de cerca o de lejos, las fotografías nos acercan a vidas y realidades que, de otro modo, quizá seguirían quedando fuera de nuestro campo de visión. Nos recuerdan que ningún conflicto ocurre en un mundo ajeno, que detrás de cada noticia hay personas y miradas. Ese es el poder del fotoperiodismo que reivindica World Press Photo: obligarnos a detenernos, cuestionar lo que vemos y evitar que aquello que sucede ante nuestros ojos acabe pasando desapercibido,

Etiquetas