Veinte años con LaBreu

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30 de mayo de 2026 a las 05:30h

La nostalgia siempre es un error y, justo llegando a la celebración de los veinte años de LaBreu, me doy cuenta rápidamente de que ya no estamos donde estábamos, y con esto quiero decir que ya no nos encontramos en el lugar que asocié siempre a esta maravillosa editorial y los recitales poéticos de sus autores (el bar L'Horiginal de la calle Ferlandina número 29), antro maravilloso que la avidez inmobiliaria de la ciudad y blablablá desahució, dejando así perdidas a unas cuantas generaciones de nuestros mejores cuartilleros. Pero bueno, lo importante del caso es que los recitales han continuado su curso ---ahora en la Deskomunal del barrio de Sants, muy bien tramados por las poetas Maria Sevilla, Laia Carbonell y Raquel Santanera--- y que nada más irrumpir en el lugar enseguida me encuentro como en casa, con el molthonorable Enric Casasses protegiéndose con su mítico capazo y mi querida princesa Blanca Llum Vidal recordando cómo ha llovido desde que escribió La punyetera flor. Yo voy diciendo a todo el mundo que tranquilos, que los años han pasado y que atesoramos mucha tralla en el esqueleto, pero que estamos todos la mar de estupendos.
 
Hay cosas que no cambian, y en los recitales de poesía siempre tiene que haber muchísima gente dentro de un espacio angustiosamente limitado (que dificulte el camino hacia el abrevadero de cerveza), el micrófono no puede funcionar del todo bien, tarde o temprano tiene que aparecer alguien haciendo sonar la sempiterna guitarrita dels collons… y que todo sea per molts anys. Bien, vayamos al grano y hagamos nuestras las palabras del poeta Marc Romera (padre fundador de LaBreu, junto con Esther Andorrà, un primer consulado al que ahora se han sumado felizmente Ignasi Pàmies, Teresa Florit y Bernat Reher): sería imposible glosar la poesía catalana de los últimos veinte años, y tampoco la literatura catalana de nuestro tiempo, sin el catálogo de la colección Alabatre de LaBreu. No estamos donde estábamos, en efecto, pero hoy todavía puedo escuchar recitar de nuevo las tres primeras espadas de esta esplendorosa colección: Jordi Vintró (Cartes de sotamà), Andreu Subirats (L’ull entorn) y mi coetáneo Josep Pedrals (El furgatori) quien, a base de sudor y tenacidad hercúlea, se ha convertido en uno de los mejores recitadores del planeta.
 
Los organizadores de esta orgía poética nos han fotut una mala pasada y, mientras la nómina de autores va desfilando por el escenario, podemos admirar una colección de fotografías ampliamente proyectadas donde se puede ver al maestro Francesc Garriga ---¡cómo te echo de menos, panxut!--- y alguna versión aproximada de nosotros mismos, con una juventud ahora cretina. Yo intento no mirar las instantáneas y así puedo concentrarme en los versos magistrales de Antoni Clapés o volver a reír con la alegría gutural de Josep Ramon Roig, capitán superviviente del Parnasso Tortosí; también ---por qué negarlo--- me emociono con los cantos arrodillados de Martí Sales y la memoria algo temblorosa de Eduard Escoffet (¡qué cosecha de mentes, la del año 1979!). Mientras van pasando los poetas (son muchos años de fer campana, y me he perdido los versos de Anna Enrich, Núria Mirabet y tantas otras escritoras magníficas), alabo para mis adentros la contemporaneidad infinita de esta empresa, que nos alejó del azúcar horripilante del martipolismo-margaritismo, encabezando también el estallido de la literatura oral y de las editoriales independientes que marcarían el renacimiento de nuestra gran letra.

Parada de LaBreu este Sant Jordi.

Veinte años después, LaBreu sigue marcando el rumbo poético del país, y sus colecciones Cicuta i La instrusa han convertido en un oasis prosístico de altísima calidad (lo escribo mientras ojeo un ejemplar de Ferit de mort, el libro de Raffaele La Capria que conforma el número cincuenta de la segunda). Para mí, el intrusismo va muy ligado a la recuperación de la obra de Sergei Dovlátov (alter ego de un autor catalán llamado Miquel Cabal) y también la de Anaïs Nin, que en Catalunya todos leemos con tonalidad de ponent, por culpa de la bella amazona Nú Miret. Todo esto continuará por los siglos de los siglos, aunque el papel de las editoriales independientes haya llegado también a un cierto colapso (esto merece un artículo aparte), y es así como espero celebrar en breve los cuarenta años de la editorial. Yo desearía festejarlo en un auditorio algo más amplio, con un servicio de bar que incluya cócteles y una amplificación sonora que tenga algo más de efectividad. Anhelo en vano, pienso mientras me las piro de la Deskomunal, porque aquí siempre hacemos las cosas disculpándonos un poco.
 
Ya no estamos donde estábamos, porque apenas son las once de la noche... y aquí me tenéis, haciendo mutis por el foro y pillando el metro para largarme a casa. ¡Per molts anys, senyors i senyores de LaBreu!

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