Triángulo de tapeo feliz: Colmado Carpanta, Bar Alegría y Sofía

Plato de carpanta, en Barcelona
Plato de carpanta, en Barcelona
28 de junio de 2026 a las 05:30h

Compartir, picar, tapear… la gastronomía informal en la que los platillos unen apetitos, conversaciones y placer se extiende por Barcelona, aunque no siempre con fortuna. Pero en las tres propuestas de hoy, dispares pero con el nexo de los sabores infalibles del tapeo local, el comensal saldrá con una sonrisa en la boca y ganas de volver.

Colmado Carpanta: donde uno quiere volver pronto

El pequeño establecimiento abierto como restaurante hace apenas unos meses en la zona alta, en la calle de Sant Joan Bosco, 51, es uno de esos sitios al que uno iría cada semana si vive o trabaja cerca. Pero que también merece la excursión si se viene de lejos. Sencillo, pero rotundo, casero, pero algo gamberro, y siempre cocinado con amor.

Sentarse a la barra o mesas del Colmado Carpanta es como llegar a casa y tener a punto un platazo de la abuela. Y comer con gula, porque la carta no es muy larga pero todo incita a relamerse y a volver. Es una cocina sin florituras ni inventos, “reconocible” y “para mancharse”, definen con acierto.

Exterior del Colmado Carpanta, para llevar o para comer en su interior. 

Sus ideólogos son Guillem Pico (chef) y Adrián López (al frente de la sala), amigos de toda la vida que crecieron en Sants y a los que gustaba tanto comer (y mucho) que los llamaban Carpanta, como el personaje del cómic Pulgarcito, siempre hambriento, al que homenajean con su pequeño restaurantes.

Siempre habían querido montar algún negocio calórico, aunque no se formaron para la hostelería, pero esta se cruzó imparablemente en sus currículos. Hasta que un día apareció el local adecuado, al precio asumible que requerían, y en el momento justo para iniciar la aventura conjunta. La cosa empezó en 2024 con un local de comidas para llevar donde bordaban un pollo a l’ast estudiadísimo, con un marinado de su creación que combina un exterior crujiente y una carne jugosa. También ensaladillas de traca, y artillería con la que conquistar muchos domicilios cercanos. Le seguiría primero una pequeña barra de picoteo.

Una de las tortillas de Carpanta.

Hasta que el año pasado, ya rodados y con la clientela pidiéndoles un paso más, reformaron el almacén lateral y estrenaron comedor. Un espacio acogedor que comulga con su rollo, de barrio, de charloteo y largas sobremesas. Igual que buscaron una cocina “honesta y sin artificios”, se hicieron ellos mismos el interiorismo, que parece llevar allí toda la vida, servida en vajilla retro de Duralex ámbar.

Pero lo que cuenta es que el estómago brinque de alegría, sea recuperando guisos eternos (callos, carrilleras o frincadó, ahora en boga) o rememorando sabores de la infancia, recreados con mimo. Como el relleno del canelón de pollo con manzana más generoso que uno se pueda comer en Barcelona (con horas de cazuela, 13,95 euros), los portentosos macarrones a la Cardenal de pollo que también sirven en bandeja de aluminio (12 euros), las tortillas poco hechas que se funden en la boca (clásica; con sobrasada y membrillo, o de cap i pota), las croquetas caseras de pollo a la catalana que ahondan en un cocina circular donde todo se ha aprovecha con gusto, el rabo de vaca con patatas, las albóndigas con sepia…

Y también algunos platos vegetales, como el bestial Puerro asado con hinojo, vinagreta de almendras y romesco (7,5 euros), entre otros.

Interior del comedor de Carpanta. 

Todo es compartible y, de hecho, por su tamaño es idóneo hacerlo para poder probar más platos. Como las raciones de rusa, la bomba de la Barceloneta, los fabulosos buñuelos de bacalao y demás.

También tientan con los postres: de la Torrija para gordos a los canutillos rellenos de crema catalana, el arroz con leche y un flan de esos que tiemblan en la cuchara y hacen bailar al paladar.

Su cocina es también para llevar, aunque en el comedor el tíquet medio es de 23 euros, precisan. Y abren todos los días.

Bar Alegría, el toque (de Gràcia) de Tomàs Abellán crece

Tras siete años consolidando la nueva etapa del centenario Bar Alegría de Sant Antoni (Gran Via-Borrell), el chef Tomàs Abellán decidió que era hora de darle un hermano en Gràcia. Hacía falta otro espacio con caliu, y lo encontró en Torrent de l’Olla, 77, donde durante más de 75 años latió la casa de comidas Can Tosca, que llegó a ser punto de encuentro de la comunidad gitana del barrio, atrayendo incluso a Lola Flores y Peret.

El Bar Alegría de Barcelona.

El reciente fichaje para la marca quiere rendir memoria al territorio y su historia, manteniendo el espíritu de bar social, donde comer bien, respetar el producto de temporada y proximidad, y maridarlo como merece. Solo que el Alegría afianza el radio de acción en el horario nocturno, de forma que abarca desde el público de mediodía de paso, al vecino que baja a cenar o el barcelonés que conoce ya el pulso firme del chef, hijo de Carles Abellán, y acude expresamente. También para un buen vermut.

La ensaladilla rusa con gambas del Bar Alegría.

Tapear y compartir es lo natural en sus mesas, por donde desfilan platillos y medias raciones, con una base de recetario catalán, pero la justa manipulación de las materias primas, todo anunciado en una pizarra. Pese a los pocos meses que lleva abierto, resulta tan solvente como su hermano mayor de Sant Antoni, y a un precio medio que ronda los 30 euros por persona, según bebidas.

No faltan clásicos de la casa, consolidados del Grup Alegria, como la tortilla trufada (15 euros), el bikini de la familia (mozzarella fresca, jamón ibérico y trufa negra, 11€), la ensaladilla rusa con pan feo (también con gambas de 24 kilates), o joyas de temporada como los guisantes del Maresme con butifarra negra. Destacan también el calamar a la plancha con pil-pil y tinta (16€), o el canelón tradicional, entre otros infalibles.

El calamar a la plancha con pil-pil del Bar Alegría.

Como remate, merece la pena elevar la glucosa con la tarta de queso estilo La Viña o el Flantástico.

El interiorismo es obra de los Eros Interiorismo (que también desarrolló el primer Alegría), que fusiona pasado y nuevos elementos, creando carácter propio. Sigue la tendencia de los bares que, siendo nuevos proyectos, parecen llevar toda la vida.

Sofía Bar & Tapas, compartir con glamur

Sofia Bar & Tapas, restaurante propio del lujoso hotel Grand Hyatt Barcelona (plaza Pius XII, 4), ha estrenado nueva carta, siguiendo su argumento mediterráneo, pero incorporando matices creativos.

El chef Fiorenzo Paolo Migliavacca actualiza la oferta gastronómica del estiloso pero cálido restaurante de la planta baja, priorizando sabores identificables y productos cercanos, abarcando “cocciones precisas, brasas, salazones, marinados suaves y toques de humo” para realzarlos, relata. La consigna también es compartir, abarcando del tapeo frío al caliente.

Tartar de vaca cortado a cuchillo y ahumado -

No faltan esenciales y bocados como las ostras del Delta de l’Ebre, gambas a la sal, delicadas croquetas (de jamón ibérico, de ceps y trufa negra, o de queso payoyo) o bravas de autor. Pero afloran otras perlas como la mojama artesanal de atún con cremoso de aguacate, melón osmotizado y vinagreta de hierbabuena, el pulpo a la brasa con ajada tradicional (19 euros), el tremendo tartar de ternera ahumado (19 euros), o el brioche tostado con costilla ibérica (14€), enfatizando que la técnica está muy presente pese al aparente protagonismo del producto.

Lingotes de paella con tartar de gamba. -

Pero si algo sorprende es el giro creativo a un plato tan tradicional como la paella. Aquí se sirve en una estimulante versión de Lingotes crujientes de paella de marisco con tartar de gambas. Para ello, han enfriado el arroz del senyoret, cortado en porciones y envuelto en su propio sucarrat, creando bocados pletóricos de sabor, que coronan con marisco.

El estilo informal, y el hecho de estar en los bajos del hotelazo internacional, hace que el repertorio se remate con pizzas gourmet, desde 14 euros. De la margarita esencial a una de butifarra con crema de trufa, scamorza ahumada y champiñones.

Pulpo a la brasa con ajada tradicional y puré de patatas

Mientras, los postres van de los hits catalanes actualizados (espuma de crema catalana con corazón de caramelo salado) al tiramisú, en un horario que alcanza de la comida a la cena, pero que recuerda específicamente al público local a mediodía entre semana con una propuesta de menú ejecutivo, con entrantes, principales, postres y bebidas incluidos.

Los precios son contenidos para un hotel y servicio cinco estrellas, aunque los vinos por copas cotizan a partir de 9 euros, y los cócteles, en su mayoría, a 17.