El 21 de marzo está lleno de conmemoraciones internacionales —desde el Día Internacional para la Eliminación de la Discriminación Racial hasta el de los Bosques o la Poesía—, pero hay una, menos conocida, que se vive con cuchara en mano: el Día Internacional del Tiramisú. En todo el mundo, el postre italiano más universal sigue ganando adeptos y, en Barcelona, la celebración llega este año a lo grande.
En el barrio del Born, la tienda especializada Demartini ha querido sumarse a la efeméride con una acción singular: la creación del tiramisú más grande jamás hecho en España. Se trata de un dulce de tres metros cuadrados —siguiendo la receta clásica, con ese característico sabor entre dulce y amargo— que se repartirá gratuitamente entre todos los que se acerquen al local (C/ dels Carders, 44) a partir de las 16 h y hasta agotar existencias —unas 500 porciones aproximadamente—.
Más allá de la espectacularidad, la iniciativa es también un homenaje a un postre que ha conquistado el mundo —hasta tener su propia celebración— y una manera de festejar el crecimiento de este proyecto en el barrio del Born, que con menos de un año de vida ya prevé nuevas aperturas en la ciudad y más allá.
La elaboración de este gran tiramisú supone también todo un reto para la tienda, especialmente si se tiene en cuenta que Demartini ha apostado desde el principio por un formato muy concreto: tarrinas individuales para llevar, con un precio de entre 5,5 y 6 euros. Además del tiramisú clásico, ofrecen variantes de pistacho, avellana, fresa o caramelo salado, así como sabores estacionales —como el tiramisú de panettone durante las fiestas de Navidad—. A pesar de esta variedad, el tiramisú es el centro absoluto de la propuesta: no sirven café ni otros postres. “Queremos elaborar solo este postre, pero hacerlo bien, siendo fieles a la auténtica receta italiana”, resume Daniele Demartini, uno de los impulsores del proyecto.
Detrás de la iniciativa hay tres emprendedores italianos —Daniele Demartini, Marcella Tarroni y Francesco Ferruzzi, propietario del obrador italiano Nabucco, en Gràcia (C/ de la Fraternitat, 31)— que han decidido convertir la nostalgia y la receta familiar en un proyecto con ambición local. Instalados en la ciudad desde hace dos décadas, los tres detectaron una oportunidad clara: a pesar de la popularidad del tiramisú, Barcelona contaba con pocos obradores especializados en este dulce —aunque existen locales como Valentina e Pasqualina (C/ Provença, 226) o Mamma Tiramisù (C/ Sant Pere Més Baix, 14)—, especialmente si se compara con ciudades italianas como Roma o Florencia.
Los tres impulsores encontraron en el Born su espacio natural, un barrio que en los últimos años se ha consolidado como polo dulce de referencia en la ciudad, especialmente con tiendas monoproducto, como las tartas de queso de Jon Cake o la crema catalana de Sucre Cremat, que se suman a grandes referentes pasteleros como Brunells o Hofmann.
El objetivo era claro: conseguir un tiramisú fiel a la tradición, pero más ligero y cremoso. “El verdadero tiramisú es aquel que, justo al terminarlo, ya te apetece otro”, explica Demartini. Durante siete meses, y partiendo de recetas familiares —las que preparaban sus abuelas los domingos o en celebraciones especiales—, investigaron, probaron y ajustaron hasta dar con una fórmula propia.
El secreto, explica Demartini, se encuentra en la crema —a base de huevo, azúcar y mascarpone—, un elemento aparentemente sencillo pero que requiere una gran precisión técnica. Uno de los puntos clave es la doble pasteurización del huevo, que garantiza la seguridad alimentaria —incluso para mujeres embarazadas— sin alterar su sabor ni su textura.
Cada día elaboran la crema fresca y dejan reposar el producto para que adquiera consistencia y profundidad de sabor. El resultado es un tiramisú equilibrado, con esa justa mezcla entre el amargor del café y el dulzor de la crema, con una textura ligera que se aleja de versiones más pesadas, habituales en otros restaurantes de la ciudad. Además, también cuidan el origen de sus ingredientes: pistachos de Sicilia, avellanas del Piamonte, huevos ecológicos de Galicia, fresas del Maresme y savoiardi producidos en Italia —el único elemento que no elaboran directamente en el obrador—, empapados con café preparado en una auténtica cafetera italiana.
