La alpargata es uno de esos clásicos que nadie se plantea cambiar. Atemporal, tradicional y ligada al Mediterráneo, siempre ha funcionado tal y como es. Precisamente por eso, cada intento de reinterpretarla resulta especialmente revelador. En los últimos años, el concepto barefoot —basado en una relación más natural entre el pie y el suelo, respetuoso con la forma natural del pie— ha ido ganando presencia en el mundo del calzado. Hasta ahora, lo había hecho desde un lenguaje más técnico que cultural. Pero ahora este nuevo enfoque empieza a trasladarse a piezas reconocibles, de las de siempre.
Lo hace de la mano de una marca experta precisamente en este tipo de calzado: Toni Pons lleva produciendo alpargatas desde 1946. Nacida en Girona como una empresa familiar, la marca ha crecido sin alejarse demasiado de su origen, manteniendo la producción en España y una forma de trabajar muy vinculada a la artesanía. Lo que empezó como un pequeño taller ha evolucionado hasta convertirse en una firma con presencia internacional, sin romper del todo con esa lógica de oficio que sigue marcando su identidad. “La tradición forma parte de nuestro ADN, pero nunca la entendemos como una característica estática”, explica Jordi Pons, CEO de Toni Pons. “Siempre trabajamos desde la voluntad de evolucionar, pero sin perder de vista nuestros valores fundamentales”.
De ahí nace su colaboración con Ohne Project. La propuesta no busca romper con lo anterior, sino de desplazarlo ligeramente. La alpargata sigue siendo reconocible, pero empieza a responder a otras formas de uso. “Detectamos un interés creciente por un calzado más respetuoso con el cuerpo y el movimiento natural del pie. Con Ohne encontramos una conexión muy natural entre su conocimiento técnico y nuestro saber hacer artesanal”.
La cápsula introduce elementos propios del barefoot, como una horma más amplia, suela plana (zero drop) y mayor flexibilidad, pensados para que el pie se mueva con más libertad. Se concreta en dos modelos unisex: el 026 JUTE, más cercano al náutico y confeccionado en suede vegano, y el 080 JUTE, una versión más ligera en algodón pensada para el día a día.
El desarrollo, sin embargo, no ha sido inmediato. “El mayor reto ha sido la propia construcción del calzado”, señala Pons. “El barefoot responde a unos estándares muy exigentes y ha supuesto repensar procesos, patrones y formas sin perder la esencia estética y mediterránea de la alpargata”.
Pero lo más relevante de la colección no está solo en el producto final, sino en la filosofía que deja entrever. Incluso las tipologías más asentadas empiezan a revisarse desde nuevas prioridades, donde el confort gana peso y deja de ser algo secundario. “Cuando vimos que el resultado mantenía intactos nuestros estándares estéticos y de calidad, entendimos que el producto funcionaba”, añade. “No era una adaptación forzada, sino algo coherente y reconocible”.
Ese cambio responde también a una transformación más amplia. “El consumidor actual está mucho más informado y es más consciente del impacto que el calzado tiene en su bienestar”, apunta. “Creemos que el barefoot no es una moda puntual, sino parte de un cambio más profundo en la relación con el cuerpo y con el consumo”.
La colección sigue produciéndose en España, con procesos artesanales que forman parte de la identidad de la marca. Esa decisión no es solo una cuestión de origen, sino también de control y calidad. La producción cercana permite ajustar procesos, materiales y acabados sin perder el vínculo con el oficio.
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