“Cuando llegué a Barcelona me prometí que llevaría la cocina a lo más alto de la ciudad”. Difícilmente podía imaginar entonces Rafa Zafra, recién llegado desde Sevilla para formarse en elBulli junto a Ferran Adrià, que aquella ambición juvenil acabaría convirtiéndose en una realidad literal. Dos décadas después, y ya consagrado como uno de los cocineros más reconocidos del país, rememora aquellas palabras con una sonrisa y cierta ironía, consciente de que el tiempo ha terminado por darle la razón.
A 512 metros sobre el nivel del mar, con Barcelona desplegándose a sus pies y las atracciones del Tibidabo como telón de fondo, Zafra acaba de cumplir aquella promesa, llevando su gastronomía al punto más alto de la ciudad. Pero la reapertura del restaurante Masia Tibidabo, en la plaza del parque de atracciones, no es únicamente la historia de un chef que suma un nuevo proyecto a su extensa trayectoria, también es un nuevo paso en la transformación del Tibidabo, espacio que forma parte de los recuerdos de diversas generaciones de barceloneses y que ahora busca reconectar con la ciudad ofreciendo nuevas experiencias.
Pero la reapertura de este restaurante no debe leerse como un hecho aislado, sino como una pieza más de la transformación que impulsa el Tibidabo junto a B:SM (Barcelona Serveis Municipals) —la empresa del Ayuntamiento de Barcelona encargada de su gestión—, con el objetivo de enriquecer la experiencia de visita y estrechar su vínculo con la ciudad y los barceloneses. Una estrategia que llega en un momento significativo para el parque, con la celebración de su 125 aniversario. A raíz de esta efeméride, el espacio ha ido incorporando nuevos elementos simbólicos, como la instalación de las nuevas letras de Barcelona en el mirador.
"Tenemos muchos motivos para sentir el Tibidabo como algo nuestro y seguir subiendo a disfrutarlo", ha destacado la primera teniente de alcalde y presidenta de BSM, Laia Bonet, durante la inauguración del restaurante. La reapertura de la Masia suma ahora una razón más para ascender al parque de atracciones: disfrutar de la cocina de Rafa Zafra —con un ticket medio de unos 45 euros, alejado de los precios habitualmente asociados a la alta gastronomía— en un entorno privilegiado, con algunas de las mejores vistas sobre Barcelona.
Y, de paso, contribuir a desmontar uno de los grandes tópicos asociados a este tipo de recintos: que en los parques de atracciones solo se puede comer rápido y sin demasiadas pretensiones.
Recuperar la memoria del Tibidabo
Pero, en realidad, la reapertura de la Masia no supone tanto la creación de un nuevo proyecto como una reconexión con los orígenes del Tibidabo y con una tradición gastronómica que lo ha acompañado durante más de un siglo. El parque de atracciones, uno de los más antiguos de Europa y del mundo, incorporó la restauración como parte esencial de la experiencia prácticamente desde sus primeros años de vida.
Mucho antes de que las montañas rusas y las atracciones definieran su identidad, la montaña ya se había concebido como un lugar de encuentro para los barceloneses. En 1886 se levantó en la cima la primera construcción estable, una pequeña capilla dedicada al Sagrado Corazón. Sin embargo, fue en 1901 cuando el proyecto impulsado por el farmacéutico y empresario Salvador Andreu adquirió la dimensión con la que ha llegado hasta nuestros días, gracias a la puesta en marcha del funicular —el primero construido en España— y del tranvía que conectaba la ciudad con la montaña.
Con el tiempo, llegarían las atracciones que acabarían convirtiéndolo en uno de los espacios más emblemáticos de Barcelona, pero la gastronomía ya ocupaba entonces un papel protagonista. El Gran Café Restaurant Tibidabo y el Hotel-Restaurant Coll se convirtieron en puntos de referencia para quienes ascendían a la montaña atraídos por las vistas o estas nuevas formas de entretenimiento. En 1947, ambos establecimientos evolucionaron hasta convertirse en La Masia, que permaneció abierta hasta hace un año.
Un espacio para los cinco sentidos
Con el paso del tiempo, el edificio modernista de la Masia, inaugurado en 1901, había quedado muy deteriorado. En palabras de Dani Freixes, fundador de Varis Arquitectes y responsable del proyecto de rehabilitación, un espacio “castigado por el paso del tiempo y por la intemperie”. El estudio, que lleva años interviniendo en distintos espacios del parque, recibió un encargo claro: crear un espacio confortable y singular.
Los arquitectos interpretaron el reto como un espacio pensado para el disfrute de los cinco sentidos. “La propuesta gastronómico de Rafa Zafra se ocupa del gusto y del olfato. Nosotros hemos trabajado el tacto, para crear un espacio cómodo; la vista, con grandes ventanales que convierten las vistas panorámicas de Barcelona en protagonistas del espacio; y el oído, cuidando una acústica que favorece la conversación y la sobremesa”, ha resumido el arquitecto.
La rehabilitación del espacio, con capacidad para 300 comensales, combina tecnología y tradición. Las propias lámparas del restaurante funcionan como superficies de proyección, permitiendo mostrar en ellas imágenes históricas del Tibidabo, desde fotografías antiguas hasta elementos del imaginario del parque, como las marionetas. A pocos metros de este despliegue tecnológico, elementos icónicos de la cultura catalana, como el porró, presiden las estanterías.
Todo ello forma parte de una experiencia pensada para comenzar incluso antes de llegar al restaurante. Quienes reserven podrán acceder a través de la Cuca de Llum, el funicular que conecta la ciudad con la cima de la montaña en apenas cinco minutos y que el Tibidabo recuperó en 2021 como parte de su apuesta por la movilidad sostenible y la conexión con sus orígenes.
Una carta que recorre el parque
Del gusto y el olfato se encarga el equipo del chef Rafa Zafra, responsable de restaurantes como Estimar o Amar Barcelona y uno de los cocineros más reconocidos del panorama nacional. El chef sevillano ha diseñado una propuesta que busca acercar la cocina catalana tradicional a todo tipo de públicos. “Queremos que los niños coman bien, con una cocina rica, saludable y equilibrada, pero que los adultos también encuentren un sitio donde disfrutar como niños”, ha resumido Zafra.
"Comer aquí es volver a lo esencial: producto, cocina y momentos para recordar", resume el lema que preside la carta. Una propuesta que rinde homenaje no solo a la cocina catalana, con platos reconocibles para todos los comensales, sino también al propio Tibidabo. El recorrido culinario se articula a partir de algunas de sus atracciones más emblemáticas: la sección Montaña Rusa reúne entrantes como la xatonada, el salmorejo o la ensaladilla; el apartado Avión —en referencia a la histórica atracción inaugurada en 1928 y convertida en uno de los símbolos de Barcelona— incluye platos tradicionales catalanes como los canelones de rustido, los cargols a la llauna o el fricandó.
Los productos del mar, sello personal de Zafra, encuentran su espacio en el Barco Pirata, mientras que las carnes protagonizan la sección Caída Libre. El recorrido culmina con unos Autos de Choque convertidos en postres, donde aparecen clásicos como la crema catalana, el flan de huevo o la tarta de la abuela.
