Montjuïc afronta la tercera gran transformación en un siglo. La montaña ha sido desde la época de los romanos una especie de cajón de sastre en el que se han ubicado actividades que han hipotecado su acceso y su planificación urbanística. Canteras, un cementerio, un castillo y restricciones por motivos militares, barraquismo… No se acometió una planificación global de Montjuïc hasta la celebración de la Exposición Internacional de 1929. Después vinieron los Juegos de 1992. Hoy, a punto de conmemorar el centenario de la muestra, Barcelona ha lanzado un nuevo plan para integrar la montaña en la ciudad.
El paisaje de Montjuïc cambiará sustancialmente en los próximos años. Lo que sin duda tendrá más impacto entre los ciudadanos será el cambio de piel de la Plaza Espanya, que es básicamente una gran rotonda que distribuye el tráfico entre la Gran Via, el Paral·lel, la calle Tarragona, la Avenida Maria Cristina y la carretera de Sants. Un infierno para el peatón, que debe superar varios semáforos con sus esperas para ir de un punto a otro y que solo alivia el túnel con el que la Gran Via supera la plaza.
Cerdà ya previó este punto como el nudo de comunicación con el Baix Llobregat. Fue también la entrada a la exposición de 1929 a través de las torres venecianas. Ahora, se plantea darle la vuelta a la plaza y convertirla en un eje peatonal friendly que conduzca de una manera natural a una Avenida Maria Cristina liberada de coches que aspira a ser el gran acceso ciudadano a Montjuïc y sus equipamientos culturales, deportivos y congresuales, así como a sus espacios ajardinados y de valor medioambiental.
La urbanización de la montaña hace cien años se planificó en el marco del noucentisme, aquel movimiento cultural y político que la Mancomunitat de Catalunya y su presidente, Enric Prat de la Riba, asumieron como propio. Así, Montjuïc se diseñó bajo los cánones de la ciudad jardín. Es, de hecho, un monumento al noucentisme.
Pero hay que decir que a las actividades antes señaladas que han hipotecado la planificación de la montaña se han sumado otras hipotecas consolidadas en el último siglo. Los propios edificios conservados en el antiguo recinto de la exposición internacional son un claro ejemplo. Inicialmente concebidos para una vida efímera, buena parte de ellos han sobrevivido al evento. Es el caso de los pabellones de la Fira, el Museu Arqueològic, el Institut Cartográfic, la actual sede del Teatre Lliure, el Poble Espanyol, el Grec y, especialmente, el Palau Nacional, que acoge el MNAC.
Cuando se decidió convertir Montjuïc en la zona cero olímpica, se planteó el derribo del Palau Nacional, a lo que se opuso firmemente el entonces alcalde, Pasqual Maragall. A cambio, se tuvo que afrontar una inversión millonaria para consolidar el edificio, pues, como el resto de pabellones de 1929, carecían de cimientos por su carácter efímero. Precisamente, el MNAC y su ampliación en el pabellón Victòria Eugènia será uno de los frentes de la tercera gran transformación de Montjuïc.
Pero habrá más. Los edificios de la Fira también mejorarán y renovarán su aspecto. Habrá viviendas en un nuevo barrio del Poble-sec ganado a los pabellones feriales. El Palau d’Esports volverá a la vida. También se ejecutará una importante inversión en la Anella Olímpica, modernizando el Estadi y para que la explanada tenga mayor uso ciudadano. Se transformará igualmente la sala anexa del Palau Sant Jordi para que pueda acoger eventos para 8.000 personas. La gran guinda será, aunque más allá del centenario, la llegada del metro, por fin, a la montaña, algo que fue muy reivindicado en su día por Maragall a lo que la Generalitat nacionalista del momento impidió.
Con este paquete de actuaciones se pretende poner fin a la que podríamos calificar de ordenación de cajón de sastre de Montjuïc y que deje de vivir de espaldas a Barcelona. Elementos que se han añadido en las últimas décadas, como la Fundació Miró o el parque de atracciones que existió en su día, se ubicaron al margen de una planificación integral para la montaña.
La cuestión ahora es si esta tercera transformación de Montjuïc va a solventar por fin sus problemas de relación con la ciudad. El tiempo lo dirá, pero lo que no se puede negar es que la vasta renovación urbana prevista desde la Plaza Espanya hasta la Anella Olímpica puede ser una gran oportunidad.
