Todo empezó una noche de fiesta en la calle Mallorca de Barcelona. Manu Pintado acababa de estrenar piso, y estaba preparando la fiesta de inauguración, a principios de 2020. El día de antes coincidió con Pepe, un rumbero que cantaba a menudo en el Quilombo, a pocos minutos del piso, y le propusieron que fuera a tocar. Lo que tenía que ser una actuación de una hora se fue alargando, y convirtió la fiesta en un concierto y un espectáculo dentro del piso, bautizado con el nombre de Can Pepacio en honor al artista.
Pintado, dedicado al ámbito tech-startup, y su compañero de piso, Manel Torrents, desde el real state, se dieron cuenta de que la capacidad de Pepe de generar aquel ambiente —“de liarla”— no disponía de canales para llegar a más gente. “Le dijimos: ¿quieres que te montemos un Instagram?”, explica Pintado, y esta intención de echar un cable al rumbero fue el inicio de lo que ahora es Tacatra.
Pepe empezó a acumular actuaciones, primero en bares y después en fiestas privadas y eventos. Durante la pandemia, con las discotecas cerradas, llegaron también encargos para celebraciones más pequeñas. Luego, fue creciendo la demanda, y Pintado y su entorno incluso hacían de chóferes para llevarlo a los bolos. Hasta que llegó el momento en que ya no había bastante Pepes para cubrir todas las peticiones.
Esta demanda hizo nacer Tacatra. Junto con Pintado, en 2024 se unió el DJ y técnico de sonido Pol Rosario como cofundador, para impulsar una nueva vertical: precisamente, la de DJs. Desde entonces, el proyecto ha ido tomando forma hasta convertirse en una plataforma digital que permite contratar "jaleos", el concepto insignia de la plataforma.
Así, Tacatra funciona como una agencia de artistas especializada sobre todo en rumba y música para fiestas, con una decena de artistas —incluido Pepe— y DJs. Los clientes pueden contratarlos para bodas, cumpleaños, eventos privados, fiestas de empresa o cualquier otra celebración. Cómo reivindican Rosario y Pintado, la diferencia con una agencia de contratación de artistas es que “cuando alguien contrata con nosotros no está contratando un artista de un marketplace: está contratando Tacatra. Si un músico falla, garantizamos un sustituto”. Y ofrece sello de garantía, según Rosario: “No es con solo que toquen bien; tienen que saber estar, tener actitud y saber montar jaleo”.
El negocio factura actualmente unos 120.000 euros anuales y el objetivo es llegar a los 350.000 euros en 2026 y empezar a llevar el modelo fuera de Catalunya. Además, como defiende Pintado, Tacatra puede contribuir a la expansión de la rumba catalana más allá del territorio: “Fuera de Catalunya, la rumba catalana es poco conocida, y puede tener recorrido”.
Desde aquella primera noche en Can Pepacio, Tacatra continúa creciendo y buscando más Pepes, para seguir “liándola” y expandiéndose en nuevas ciudades, como una startup que nació sin pretenderlo y que ahora trabaja con la voluntad de convertir el “jaleo” en un negocio escalable.
