Mucho por ver, mucho por leer. El lema de la 44ª edición de La Setmana del Llibre en Català hace evidente nada más cruzar el Arc de Triomf. En el paseo de Lluís Companys, los libros se extienden hasta la Ciutadella y cuesta saber dónde fijar la mirada: una portada que llama la atención, una parada llena de libros, un autor rodeado de lectores, una conversación que empieza, un escenario que se prepara para la siguiente actividad. Y no es extraño que la mirada se pierda entre tanta oferta. Más de 282 sellos ocupan los más de 9.000 metros de la feria y hacen del paseo de Lluís Companys una gran librería a cielo abierto.
Después de esta primera impresión, casi abrumadora, ante la extensión de La Setmana, la mirada continúa avanzando. Recorre las mesas llenas de libros, se detiene en una portada, reconoce a un autor y se deja llevar por el movimiento constante que llena el paseo. A cada paso aparece una propuesta diferente: una conversación entre lectores, un recital de poesía, un cuento teatralizado que adentra a los más pequeños en historias de monstruos y zombis o una firma. Cuesta decidir dónde detenerse porque, mientras los ojos recorren una parada, alguna actividad ya se está cociendo en la siguiente.
También hay quien opta por, en medio de este ritmo, detenerse: lectores que han conseguido convertir cualquier rincón del paseo en un espacio de lectura improvisado, en los bancos, en el césped o incluso detrás de los expositores. Pero basta con volver a enfocar la mirada y recorrer unos metros más del paseo para descubrir que detrás de esta primera impresión hay una inmensidad de libros, editoriales, géneros y también miradas.
Entre los expositores se pueden encontrar grandes sellos como Anagrama, Destino, Columna, Salvat o Planeta, pero también editoriales independientes como Raig Verd o Quaderns Crema. Hay cómic, novela negra, excursionismo, libros de artista y literatura infantil. También cocina, viajes, política, fútbol, ecología o literatura erótica. En total, 332 expositores y más de 350 actividades entre conferencias, recitales y podcasts en directo.
Detrás de estas cifras hay una muestra de la variedad del sector editorial catalán, con proyectos muy diferentes que comparten espacio durante diez días. Oriol Magrinyà, presidente de Editors.cat, entidad organizadora de La Setmana, lo reivindica como “un motivo de orgullo”, porque “demuestra la vitalidad de un sector, el sector del libro, más necesario que nunca”. Un sector que, según reivindicó durante el discurso inaugural de La Setmana, es “rico y potente, con editoriales de todos los tamaños y condiciones: desde pequeños proyectos casi individuales, hasta grandes grupos o proyectos cooperativos”.
Pero detrás de esta abundancia, que el ojo del visitante a la Setmana recorre continuamente, también hay un gran reto: conseguir que esta oferta de libros en catalán llegue a más lectores. Porque, aunque, según el informe Hábitos de lectura y compra de libros en Catalunya 2024, el 73,9% de la población mayor de 14 años lee al menos un libro cada trimestre, solo un 33,9% declara leer habitualmente en catalán.
Para Magrinyà, estas cifras también ponen sobre la mesa el momento de “emergencia lingüística” que vive el catalán. Así lo remarcó en el discurso inaugural de La Setmana, una cita que el editor reivindica como un “contrapunto” a esta situación: “no como un oasis, no como un espacio de resistencia, sino como la demostración fehaciente y festiva de que, a pesar de todo, tenemos una lengua viva”.
La variedad de sellos, géneros y temáticas presente en la Setmana responde precisamente a esta voluntad: ofrecer opciones para gustos e intereses diferentes y hacer que los lectores puedan encontrar en catalán aquel libro que buscan, sea cual sea el género o la temática.
Un espacio de conversación y encuentro
Pero, con el reto de la lectura en catalán presente, La Setmana también quiere ser un espacio de calma y conversación, que permita al visitante detenerse entre miles de propuestas y salir con una bolsa cargada de libros o con una lista de próximas lecturas apuntada en el bloc de notas. “Ya llevo cinco libros y todavía no he terminado de pasearme por todas las editoriales”, comenta una visitante mientras guarda su nueva adquisición en una bolsa ya llena de libros en catalán. Unos pasos más allá, otra lectora asegura que llevaba “todo un año esperando el momento de volver a La Setmana”.
Pero detenerse también permite poner cara a aquellos que hacen posible que los libros lleguen a las mesas de las librerías y, después, a las manos de los lectores. Figuras imprescindibles de la cadena editorial que a menudo quedan en segundo plano, como los editores, traductores o ilustradores, que durante estos diez días comparten espacio con lectores y autores.
Para Carlota Rodríguez, de la editorial barcelonesa Blume, esta es precisamente una de las claves de la feria: “Es un espacio de conversación, donde conocer y poner cara a los lectores pero también a otros escritores, autores, traductores, ilustradores...”. Así, los libros dejan de ser solo objetos expuestos encima del puesto y pasan a formar parte de una conversación. Lectores que se recomiendan libros entre ellos. Editores que conversan con sus autores. Lectores que, después de haber sido conquistados durante años por las palabras de un escritor, finalmente tienen la oportunidad de ponerle cara.
La Setmana precisamente quiere ser un catalizador de estos encuentros. Durante diez días, más de 200 autores participan en firmas de libros, desde voces de la literatura catalana como Albert Om o Regina Rodríguez a autores internacionales como Zadie Smith, Clare Pollard o Leonardo San Pietro. Entre ellos se encuentra Fàtima Saheb, que firma por segundo año consecutivo el poemario Mares Migrants, publicado por la cooperativa editorial JANDE. Fundada en enero de 2025 por Aissata M’ballo y Diana Rahmouni, la editorial nace con el objetivo de dar espacio a voces de ascendencia racializada y migrante poco representadas en la literatura catalana. Mares Migrants quiere ser, en palabras de Saheb, “un contrapeso a las narrativas que hablan demasiado alto” y dar “un poco de esperanza a todas las generaciones futuras”.
Para Saheb, la firma es mucho más que dedicar un libro: “Es una oportunidad para ver cómo la apuesta que ha hecho el escritor trasciende y resuena en los lectores”. El contacto con ellos le permite poner cara a quien está al otro lado de las páginas, conocer historias de primera mano y recibir “este retorno tan valioso”.
Nuevos lectores, nuevas miradas
Pero si La Setmana quiere que esta pasión por los libros y por la literatura en catalán continúe, también debe mirar hacia las nuevas generaciones. Durante los diez días de la feria, los más pequeños tienen su propio espacio, con decenas de actividades pensadas para acercarlos a la lectura. Cuentos, talleres, espectáculos y propuestas que intentan que el primer contacto con los libros sea también una experiencia compartida. Una apuesta especialmente necesaria en un mundo cada vez más rodeado de pantallas y estímulos. “En una era dominada por las pantallas y los estímulos, los libros son un refugio más simple, que permite a los niños dejar volar su imaginación”, explica Carlota Rodríguez, de la editorial barcelonesa Blume.
Y esta apuesta no se acaba con los más pequeños: también hay espacio para los lectores un poco más mayores, los adolescentes, con actividades pensadas para conectar con sus intereses y maneras de leer. Y las cifras muestran que, a pesar de los tópicos, los jóvenes no han dejado de leer: el 76,1% de los catalanes de entre 14 y 24 años ha leído al menos un libro durante el último trimestre, la proporción más alta entre todas las franjas de edad. Pero leer más no implica necesariamente comprender mejor, como advertía Manuel González, presidente de Liber en una entrevista en The New Barcelona Post. Los resultados de PISA alertan de las dificultades de comprensión lectora de textos largos entre los estudiantes de 15 y 16 años. “Nos preocupan unos índices de comprensión lectora que no es que no mejoren, sino que parecen continuar descendiendo. Nos preocupa como editores, naturalmente, pero también como ciudadanos”, advertía Oriol Magrinyà en su discurso inaugural.
Y al reto de la comprensión lectora se le suma otro: conseguir que esta lectura sea también en catalán, ya que solo un 27,7% de los jóvenes entre 14 y 24 años leen habitualmente en esta lengua. Por este motivo, La Setmana también busca nuevos espacios para reconectar con los jóvenes, y la Casa de la Creación Digital es una de las grandes apuestas. Allí se pueden conocer booktokers y otros creadores de contenido literario como Mar Isern (La Contracoberta), que comenta que empezó el proyecto como un “diario, donde recoger los libros que le habían ido gustando y compartirlos con una comunidad que sabría que también conectaría con ella”. Una manera de convertir las pantallas, precisamente, en una puerta de entrada a los libros en catalán.
Una apuesta por seducir a todas las generaciones, no solo a las jóvenes, que, además, también se traduce en cifras. El año pasado, La Setmana reunió a 120.000 visitantes e incrementó entre un 12% y un 15% la facturación respecto a la edición anterior, a pesar de quedar por debajo del millón de euros, y se convirtió en el tercer gran punto de venta de libros, después de Sant Jordi y Navidad. Pero, más allá de las cifras, cuando nuestro paseo llega al final, queda la sensación de que nos falta una segunda vuelta. Que aquella portada que hemos visto de reojo merece una parada, que todavía hay una parada por descubrir, un editor con quien conversar o un libro que no habíamos visto al pasar por primera vez. Porque en una Setmana y una literatura tan diversa, la mirada no llega a abarcarlo todo.
