El fuego que religa la noche más corta del año

Foguera encesa amb la Flama del Canigó a la Barceloneta per Jordi Bataller : ACN
Foguera encesa amb la Flama del Canigó a la Barceloneta per Jordi Bataller : ACN

Sant Joan evoluciona sin perder su esencia como una de las fiestas más arraigadas de la ciudad, entre hogueras, pirotecnia que se reinventa y una Flama del Canigó que llega a las plazas desde el Pirineo pasando de mano en mano

(Redactora)
23 de junio de 2026

Los momentos de cambios naturales, solsticios y equinoccios, suelen ir ligados a tradiciones que se van dibujando y mutando a lo largo de los años. Algunas tienen siglos de antigüedad, otras se siguen construyendo todavía hoy en día. Pocas, sin embargo, tienen la capacidad de recorrer cientos de kilómetros para llegar a barrios y pueblos, en este caso, en forma de fuego.

La Flama del Canigó es una de ellas: es una llama que se mantiene viva en el macizo del Canigó y, cada año, atraviesa carreteras, montañas y ciudades para acabar encendiendo las hogueras de Sant Joan. Así, esta tradición con poco más de 70 años de historia se ha convertido en un hilo conductor que conecta el territorio en una de las celebraciones más populares en Catalunya. 

Es así como, antes de los petardos, las cocas y las cenas al fresco de la verbena, Sant Joan empieza en el Pirineo. Y es que el fuego de la Flama del Canigó no se apaga nunca: durante todo el año se mantiene encendido en el Castellet de Perpinyà y, el 22 de junio, se lleva a la cima del Canigó. A medianoche, el fuego de la llama se distribuye con voluntarios que deciden escalar hasta la cima, a 2.780 metros. Después, empiezan su recorrido hasta las hogueras de cientos de poblaciones, con un dispositivo que coordina Òmnium Cultural. 

El foc de la Flama del Canigó es transporta amb làmpades de gas. © Maria Garcia / ACN
El fuego de la Flama del Canigó se transporta con lámparas de gas. © Maria Garcia / ACN

Los voluntarios, ya sean a título personal, de entidades culturales o agrupaciones excursionistas o vecinales, se encargan de transportar la llama, a menudo en relevos que se alargan durante horas y protegiendo el fuego dentro de lámparas de gas. Lo hacen desde 1955, cuando empezó lo que ahora ya es tradición por iniciativa de Francesc Pujades, vecino de Arles de Tec, al pie del macizo, inspirado en el poema Canigó de Jacint Verdaguer.

Barcelona también ocupa un espacio en esta historia. Cada año, la ciudad recibe la llama en la plaza Sant Jaume en un acto que da el pistoletazo de salida oficial a la verbena. En él, participan figuras emblemáticas de la cultura popular, como gegants, castellers, música y danza, que acompañan la llegada del fuego hasta el centro de la ciudad. Este año el recibimiento empezará con la salida desde el Camp Nou a las 17 horas, y llegará a la plaza Sant Jaume una hora después. Una vez terminada la fiesta en Sant Jaume, el fuego se distribuirá por diferentes puntos de la ciudad, incluido el Parlament y barrios que encenderán con él fuegos y hogueras, como las de la Barceloneta y la del Guinardó.

Rebuda de la flama del 2025 al Parlament. © Maria Pratdesaba / Pau Cortina (ACN)
Recibimiento de la llama del 2025 en el Parlament. © Maria Pratdesaba / Pau Cortina (ACN) 

La tradición lleva años recorriendo Catalunya desde el Canigó, pero es una de esas que todavía está construyéndose. Aunque la llama tiene sus inicios a mediados del siglo XX, ha conseguido arraigar con rapidez. 

Las hogueras de la ciudad conviven con un indispensable de la noche de Sant Joan: los petardos. Sin embargo, la manera de vivir esta tradición también está cambiando. Sin renunciar a la pirotecnia, cada vez más ciudadanos buscan alternativas que mantengan la espectacularidad de la fiesta, pero sin tanto ruido. Así, las fuentes de colores, las bengalas, los volcanes y otros productos eminentemente visuales ganan terreno frente a los artículos más detonantes.

Hoguera en la Barceloneta encendida con la Flama del Canigó. © Jordi Bataller / ACN
Hoguera en la Barceloneta encendida con la Flama del Canigó. © Jordi Bataller / ACN -

La transformación se refleja también en las cifras dentro del sector. Empresas pirotécnicas como La Traca prevén que los productos de baja sonoridad representen ya cerca del 65% de las ventas de la campaña de Sant Joan, una tendencia que no ha dejado de crecer en los últimos años. La gama low noise va cogiendo fuerza, para adaptar la tradición en una ciudad más consciente de las necesidades de colectivos como los niños, personas con hipersensibilidad auditiva y animales. 

Esta conciencia también ha dado forma a iniciativas enfocadas a facilitar la participación de las personas con hipersensibilidad auditiva, como los kits sensoriales que impulsa la Asociación Española de la Pirotecnia (Aepiro), y que distribuyen empresas como la catalana Petardos CM, con elementos como protecciones auditivas y gafas de seguridad. Josep Maria Vilardell, director de la empresa con sede en Palau Solità i Plegamans, defiende que el sector tiene que potenciar “el camino hacia una pirotecnia más sostenible y socialmente más responsable, especialmente en un momento en que la sociedad es cada vez más consciente de la importancia de la convivencia y el respeto por las personas con sensibilidades sensoriales”.

La iniciativa busca que niños, personas con trastorno del espectro autista, ansiedad sensorial o especial sensibilidad al ruido puedan disfrutar de la fiesta con más comodidad y seguridad, en lugar de tener que optar por evitarla o sufrir el ruido a pesar de no participar. Es el mismo objetivo que persigue el grupo Cialfir, matriz de La Traca, que ha entregado 200 kits de hipersensibilidad auditiva a las fundaciones Ampans y Aspronis. Paralelamente, la sostenibilidad gana protagonismo con sistemas de reciclaje específicos para los residuos pirotécnicos y con la reducción progresiva de los materiales más contaminantes de los petardos, con el objetivo de avanzar hacia una verbena del siglo XXI, como explicaba Jordi Brau en una entrevista: “Lo que estamos haciendo es transformar la gama de productos para no tener que cambiar las tradiciones”. 

Así, entre tradiciones con décadas de historia y otras que van emergiendo y adaptándose, la verbena de Sant Joan continúa celebrándose como una fiesta arraigada que va evolucionando sin perder su esencia, centrada en la renovación por el inicio del verano. Mientras tanto, la Flama del Canigó recorre el territorio de mano en mano y la pirotécnica busca nuevas fórmulas para convivir con la inclusión y la sostenibilidad, en una combinación entre permanencia y transformación que recoge la propia idea de renovación y cambio de ciclo que encarna Sant Joan, a través del fuego.

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Anna Badia López
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