Arquitectura y Barcelona son dos palabras que, juntas, se entienden mejor. No solo porque este año la capital catalana ostente el título de Capital Mundial de la Arquitectura, sino, sobre todo, por todo aquello que se puede descubrir paseando por sus calles. Porque la arquitectura de Barcelona va mucho más allá de los grandes monumentos patrimoniales, de las fachadas modernistas del Eixample o de las obras de Gaudí. También está en los edificios cotidianos que dan forma a los barrios, en los espacios que habitamos sin prestarles atención y en las construcciones contemporáneas que continúan transformando el paisaje urbano.
Es precisamente esta mirada transversal sobre la arquitectura la que reivindica el festival 48 H Open House Barcelona desde hace más de quince años. Cada otoño, durante un fin de semana, el festival invita a abrir puertas que habitualmente permanecen cerradas y a descubrir edificios que a menudo pasan desapercibidos. Escuelas, hospitales, polideportivos, viviendas y talleres comparten programa con palacios, edificios históricos y otros espacios patrimoniales. Una oportunidad para ir más allá de las fachadas, adentrarse en espacios poco conocidos y entender cómo la arquitectura condiciona la manera en que vivimos y experimentamos la ciudad. Este fin de semana, el festival regresa con una nueva edición que abrirá las puertas de 217 edificios repartidos en seis municipios. Barcelona concentrará 155 espacios visitables, mientras que Badalona, l’Hospitalet de Llobregat, Sant Joan Despí, Vilassar de Dalt y Sitges completarán el programa, bajo el lema La vida sin arquitectura.
Ante una oferta tan amplia, sin embargo, ¿cómo podemos elegir por dónde empezar? Elisenda Bonet, directora del festival, recomienda elegir un edificio que despierte la curiosidad y aprovechar la visita para explorar los espacios que hay alrededor. Descubrir Barcelona por barrios, sin querer verlo todo, permite dejar margen a la improvisación y encontrar arquitectura allí donde menos nos lo esperamos. Para facilitar la planificación, además, el festival pone a disposición de los visitantes un mapa con información sobre la afluencia de público en tiempo real.
Desde The New Barcelona Post, proponemos una selección de imprescindibles para orientarse entre las múltiples posibilidades del fin de semana y descubrir Barcelona desde perspectivas muy diferentes. Cruzaremos las puertas de edificios que habitualmente permanecen cerrados al público, subiremos a las alturas para contemplar la ciudad desde otro punto de vista, nos adentraremos en hoteles que son también iconos arquitectónicos y exploraremos viviendas que plantean nuevas formas de habitar. El recorrido nos llevará, finalmente, hasta espacios que conservan la memoria de la Barcelona milenaria, para seguir las huellas del pasado y descubrir las historias que aún laten entre sus muros.
Detrás de las puertas cerradas
Uno de los grandes atractivos del 48 H Open House Barcelona es la posibilidad de cruzar puertas que habitualmente permanecen cerradas y descubrir otra cara de la ciudad. Desde clubes privados hasta antiguos edificios de oficinas o talleres artesanales, el festival permite entrar en espacios que cuentan historias a menudo desconocidas y que, si no fuera por el festival, difícilmente se podrían visitar.
Entre estas visitas destaca el Cercle del Liceu (domingo, de 10 a 13 h), un club privado que conserva la elegancia del modernismo catalán en las vidrieras de Oleguer Junyent y los elementos decorativos de Josep Pascó. En la misma línea, Vitralls Bonet (sábado, a las 10, 11 y 12 h) abre las puertas de su taller para descubrir el arte de crear y restaurar vitrales, un oficio artesanal que continúa vivo y que ha dejado huella en obras como la Sagrada Familia.
Otros edificios invitan a seguir las diferentes vidas que puede tener una misma arquitectura. El edificio Estel (sábado, de 10 a 19 h), antigua sede de Telefónica, ha experimentado una transformación integral que lo ha convertido en un espacio contemporáneo, abierto y luminoso, que hoy acoge la sede de AstraZeneca. En la Via Laietana, el edificio de CCOO (sábado y domingo, de 10 a 19 h) permite descubrir las huellas de su historia, desde los orígenes como sede de la Caixa Mútua Popular hasta la restauración reciente, que ha recuperado los elementos originales de la fachada después de años cubierta por una malla a causa del deterioro.
El recorrido se alarga hasta Sant Joan Despí, donde la Torre de la Creu (sábado y domingo, de 10 a 14 h y de 16 a 20 h) nos adentra en el universo creativo de Josep Maria Jujol. Conocida también como la Torre dels Ous, destaca por los volúmenes cilíndricos de diferentes alturas y las cúpulas parabólicas que le dan una silueta singular. Una de aquellas obras que, una vez cruzada la puerta, permiten entender hasta qué punto la arquitectura puede sorprender más allá de la fachada.
Las torres que dibujan el horizonte
Desde las alturas, Barcelona revela otra de sus caras. Las torres que se alzan en diferentes puntos de la ciudad no solo definen su horizonte, sino que también ofrecen una perspectiva privilegiada del paisaje urbano. A la entrada de la avenida de la Reina Maria Cristina, las Torres Venecianes (domingo, de 10 a 18 h) dan la bienvenida a los visitantes con sus siluetas inspiradas en el campanario de Sant Marc de Venècia, construidas para la Exposición Internacional de 1929. Muy diferente es la perspectiva que ofrece la Torre de Collserola (domingo, visitas a las 10 y a las 11.45 h), desde donde la ciudad se extiende a los pies del visitante y se funde con el paisaje que la rodea.
El recorrido continúa siguiendo dos hitos de la arquitectura contemporánea. Al norte de Barcelona, la Torre Júlia (domingo, de 10 a 14 h) destaca en el paisaje con su volumen prismático y las 17 plantas de viviendas con servicios para las personas mayores. Junto al mar, la Torre Mapfre (sábado, de 10 a 19 h) se alza 154 metros sobre la Vila Olímpica. Con 43 plantas, se convirtió en una de las imágenes emblemáticas de la transformación olímpica de 1992 y aún hoy marca el perfil del litoral. Cuatro torres, cuatro maneras de observar Barcelona y de leer, desde las alturas, las diferentes etapas de su transformación.
Barcelona, a ojos de turista
Observar Barcelona con ojos de turista es un ejercicio que pocas veces hacemos cuando vivimos en la ciudad. Pero sus hoteles también ofrecen una manera diferente de descubrirla, ya sea a través de grandes iconos contemporáneos o de edificios que esconden historias vinculadas al pasado. En primera línea de mar, el Hotel Arts (sábado, de 10 a 15 h) se alza como uno de los símbolos de la transformación del litoral por los Juegos Olímpicos de 1992. Con 154 metros de altura, su exoesqueleto de acero blanco dibuja una silueta inconfundible sobre la fachada marítima. Al otro lado de la ciudad, el Hesperia Barri Gòtic (sábado, de 10 a 19 h) propone un viaje en el tiempo a través de una finca histórica que conserva las huellas de diferentes épocas.
En L'Hospitalet, la arquitectura hotelera adopta formas más extremas. El hotel de Toyo Ito (sábado, de 10 a 13 h) llama la atención por la fachada de tubos de aluminio rojo, que envuelve el edificio con una geometría orgánica y cambiante. No muy lejos, el Hyatt Regency Barcelona Tower (domingo, de 10 a 18 h) se impone en el paisaje con su torre de cristal y la cúpula que corona el edificio. La ruta puede terminar en la Torre Melina (sábado, de 10 a 19 h), donde la arquitectura contemporánea convive con jardines históricos de inspiración romántica. Cinco espacios que invitan a redescubrir el entorno con una mirada nueva, como si Barcelona fuera, por un fin de semana, una ciudad todavía por explorar.
Viviendas con historias propias
Pero, más allá de los hoteles y los edificios patrimoniales, las viviendas también explican la historia de la ciudad desde una perspectiva más cotidiana. Las casas hablan de las formas de vida de cada época, de la relación con el entorno y de las necesidades de quien las habita. Esta selección combina construcciones que conservan la memoria de la Barcelona de antes con proyectos contemporáneos que experimentan con nuevas maneras de entender el espacio doméstico. Esta mirada al pasado comienza junto al mar, en las Casetes de la playa del Garraf (domingo, a las 11, 12 y 13 h; con inscripción previa), un conjunto singular de pequeñas construcciones levantadas a partir de los años veinte por los trabajadores del ferrocarril
De vuelta a Barcelona, la ruta se adentra en el patrimonio arquitectónico de la ciudad. Los vestíbulos de la Casa Sayrach y la Casa Montserrat (domingo, de 10 a 19 h) permiten descubrir la huella del modernismo en el Eixample. En Nou Barris, en cambio, Can Valent (domingo, de 10 a 14 h) nos traslada a un pasado más rural: esta antigua masía del barrio ha sido rehabilitada para recuperar su valor patrimonial. Otra pequeña joya de la selección de este año es la Caseta de Nines del Putxet (sábado, de 16 a 19 h), construida en los años 50 para que jugaran los hijos de una familia barcelonesa. Con sus fachadas decoradas con trencadís, esta casa en miniatura ha sido restaurada recientemente para preservar sus detalles originales.
Ante estas construcciones que miran hacia el pasado, otros proyectos plantean nuevas formas de concebir la vivienda. WikiHousing (domingo, de 10 a 14 h) explora un modelo de construcción de código abierto, con piezas fabricadas mediante herramientas digitales, que busca abrir nuevas posibilidades en la manera de diseñar y construir. En Staircore (sábado, de 16 a 19 h), la reforma ha conseguido convertir la escalera en el eje vertebrador del espacio doméstico, transformando un elemento funcional en el protagonista de la casa.
La ciudad milenaria
Barcelona también se puede descubrir siguiendo las huellas de las diferentes épocas que han dejado su impronta en su paisaje. La Llotja de Mar (domingo, de 10 a 17 h) puede ser el punto de partida de un recorrido por el pasado comercial de la ciudad, en este caso, por el pasado comercial, en un edificio que combina la arquitectura gótica medieval con los elementos neoclásicos.
La ruta continúa en el Palau del Marquès d’Alfarràs (sábado y domingo, de 10 a 19 h), en el parque del Laberint d’Horta, una antigua torre defensiva transformada a lo largo de los siglos en finca señorial, con elementos neárabes, y jardines que sirvieron de escenario para el film El perfume. En l’Hospitalet, la Casa Gralla (sábado, de 10 a 14 h) esconde un patio renacentista recuperado del antiguo palacio barcelonés, derribado en 1856. Finalmente, el Reial Monestir de Santa Maria de Valldonzella (domingo, de 12 a 19 h) nos acerca al modernismo religioso con un conjunto proyectado por Bernardí Martorell a principios del siglo XX.
