Cajas y más cajas abarrotan la oficina de Open House Barcelona, que se asoma sobre la Rambla Catalunya entre carteles, sobres, folletos y cascos de obra. A pocos días de que arranque la 16ª edición del 48h Open House, miembros del equipo y voluntarios se apresuran a rematar los últimos detalles. Un mapa de Barcelona con decenas de puntos rojos marcados; una pizarra colmada de anotaciones; voluntarios preparando centenares de sobres de material. Son los últimos preparativos del festival, que el próximo fin de semana abrirá prácticamente 200 edificios habitualmente inaccesibles para el público general. “Somos una fiesta ciudadana”, resume la directora de este festival de la arquitectura, Elisenda Bonet, desde su oficina.
Y es que adentrarse en puertas habitualmente cerradas es algo que atrae. Y si se trata de edificios emblemáticos o singulares de la propia ciudad, todavía más. Y no solo será posible hacerlo en Barcelona: participan en esta 16ª edición un total de siete municipios. Son Badalona, L’Hospitalet de Llobregat, Santa Coloma de Gramenet, Sant Joan Despí, Sitges y Vilassar de Dalt, y juntos abrirán las puertas de prácticamente 200 edificios.
De ellos, 57 son novedad de este año, y otros se recuperan después de ediciones del festival sin abrirse, como el recinto de Fabra i Coats. ¿Novedades? Entre muchas otras, el recién reformado Edificio Estel, el Palau del Marquès d’Alfarràs del Laberint d’Horta, la emblemática Torre Diagonal One desde el Fòrum, o el Parc Sanitari Pere Virgili, en el que se podrán ver los inesperados y curiosos túneles subterráneos.
Pero, al margen de las propuestas nuevas que se sumen al festival, siempre hay algo nuevo para cualquier ciudadano: con cerca de 200 propuestas, es inabarcable, siempre habrá algo nuevo por ver. Para facilitarlo, ahora el festival ha creado un recomendador que sugiere edificios en función de gustos y sensaciones, y un código de semáforos que indica el nivel de afluencia en cada edificio. Se actualiza manualmente: los voluntarios informan en un canal de Whatsapp del estado de las colas, y desde el equipo de Open House se actualiza en un excel que luego se traslada a la web. Un proceso casi artesanal que se hace con mimo y atención al detalle, como todo en este festival urbano.
— ¿Cómo avanzan los últimos preparativos?
— Estamos acabando de hacer las visitas previas a los edificios con los voluntarios. El lunes empezaremos a entregarles el material, y tendremos sesiones de formación antes del fin de semana. Será intenso. Ya lo es durante todo septiembre, porque ya hacemos un llamamiento a voluntarios, que organizamos en función de los edificios. Antes de eso, claro, hemos hecho un estudio de capacidad de cada edificio y hemos establecido cuántos guías y cuántos voluntarios necesitaremos en cada uno.
— ¿De cada uno de los casi 200?
— Sí, es bastante complejo. Y luego se asignan los voluntarios, teniendo en cuenta también sus intereses, es como resolver un rompecabezas. Luego, los guías se preparan para explicar los edificios, aunque en algunos tienen el protagonismo los arquitectos o incluso la propiedad del edificio, o las personas que los usan, ya sea residiendo o trabajando en ellos. Es interesante ver cómo estos inmuebles tienen vida. Al final, la arquitectura es un contenedor de actividades humanas.
— ¿Y todo esto se organiza con un equipo de cuántas personas?
— De forma permanente somos entre cinco y seis, y el equipo se amplía a unas 20 personas durante dos meses por el festival. Además, tenemos a unos 30 voluntarios habituales, los proxis, para nosotros.
— Si no estuvieras al frente de todo esto y el fin de semana fueras como visitante al 48h Open House, ¿a dónde iría?
— ¡Qué difícil escoger!
— ¿Verdad? Es muy difícil hacerlo entre casi 200 opciones.
— Por un tema familiar, tal vez iría al Cercle del Liceu, para ver los vitrales de Oleguer Junyent, porque mi madre y su sobrina eran amigas. Y podría enlazarlo con el Convent de la Mercè, que ahora es la sede de Capitanía General. Estos espacios marciales siempre dan un poco de respeto, y me parece interesante ver cómo se transformó un convento para acoger un uso diametralmente diferente. Hay una anécdota que explica que, durante la Guerra Civil, un vecino escondió debajo de la escalera la Mare de Déu de la Mercè.
— Los edificios cuentan historias.
— Como arquitecta, también querría ir a la Fundació Enric Miralles para visitar su estudio, o al Monestir de Valldonzella, con su singular claustro con arcos de ladrillo. Y hablando de claustros, también recomendaría ir al de Pedralbes. ¡Hay mucho por escoger!
— Y de muchos tipos, desde propuestas más clásicas a las más modernas.
— Hay un 48h Open House para cada uno. Tenemos propuestas para cada interés. Incluso para viajar por la transformación de la ciudad, mediante lugares como la Casa de la Barceloneta, el último testimonio de las casas originales del barrio. O el Parc Sanitari Pere Virgili y sus pasillos subterráneos; muchos deben recordar cuando era el hospital militar, y era inaccesible para los ciudadanos. Y este año tenemos otra novedad, y es que nos acercamos por primera vez a lugares de homenaje a los muertos: el Tanatori de la Ronda de Dalt y la cripta del Convent dels Àngels, que no se había abierto en el festival hasta ahora. O Fabra i Coats, que vuelve a la programación, y que hemos ido viendo en distintas fases de transformación.
— Sumar 16 ediciones ya permite presenciar el cambio y la evolución en lugares como este.
— Sí, desde que empezamos en 2010 han ido cambiando muchas cosas.
— ¿Cómo empezó todo?
— En Londres, fui a visitar el Open House London, que llevaba haciéndose desde 1992, impulsado por Victoria Thornton para acercar la arquitectura y el diseño urbano a la ciudadanía. Desde entonces, voluntarios que participaron en el festival y que se trasladaron fuera de Londres impulsaron el festival en otras ciudades. Barcelona fue la primera ciudad que se sumó desde fuera, sin esta conexión de los voluntarios. Fuimos la octava ciudad en organizar el 48h Open House, y fue entonces cuando se decidió crear una organización paraguas para todos los eventos, Open House Worldwide. Ahora, somos 60 ciudades de los cinco continentes.
— Desde Barcelona, ¿tenéis relación con estas otras ciudades?
— Sí, sobre todo con las europeas. De hecho, hace tres años se creó Open House Europe, con 16 ciudades. Hacemos intercambio de voluntarios, para fomentar precisamente el intercambio de ideas, de culturas. Además, cada año hacemos un encuentro en una de las ciudades. Ya hemos propuesto hacerlo también en Barcelona.
— En estos 16 años, ¿en qué se ha convertido 48h Open House?
— Somos una fiesta ciudadana; tenemos lo que tiene una fiesta mayor. Como las fiestas del barrio: te miras el programa, decides a qué vas a ir y con quién. Estamos muy contentos de que el Open House se ha convertido en eso, y en una oportunidad para conocer un patrimonio a veces desconocido e infravalorado, sobre todo en la arquitectura contemporánea.
— ¿Qué edificio le falta al programa?
— Hay uno que hemos perseguido siempre y que de momento no hemos conseguido: un edificio del paseo de Borbó que pertenece a la Marina. En el otro extremo, hay otros edificios que nos vienen a buscar. En el 48h Open House, siempre hay opciones para todo.