El año que viene se cumplirán cien años de la muerte de Antoni Gaudí i Cornet. Murió el 10 de junio de 1926. Numerosos actos y actividades darán a conocer al arquitecto del Baix Camp, a través de sus obras y de su vida, a lo largo de todo un año que ha sido declarado Any Gaudí.
El aniversario de la defunción de Gaudí ha sido el faro que ha ido guiando la culminación de la torre de Jesús, la última torre y más alta que tendrá el templo de la Sagrada Família. Medirá 172,5 metros de altura. En la ciudad de Reus, la conmemoración del próximo año también ha motivado la voluntad de crear una escultura del arquitecto, adulto, porque la capital del Baix Camp ya cuenta con una figura de Gaudí de niño. Hace unos meses que la asociación Amics de Gaudí de Reus inició una campaña para recaudar fondos para materializar esta representación del arquitecto trabajando en tres dimensiones, en manos del escultor tarraconense Joan Serramià.
Los Amics de Gaudí de Reus, que este año han celebrado los setenta años de su fundación, es una entidad con unos setenta miembros presidida por Maria Teresa Gaudí, sobrina-nieta de Antoni Gaudí. En el árbol genealógico de su familia, su bisabuelo paterno figura como hermano del padre del célebre arquitecto. Ella, que el 14 de enero cumplirá ochenta años, no lo llegó a conocer, pero recuerda cuándo y cómo de él hablaban en casa su padre y su “padrineta”, hermana de su padre.
“A los dos, que debían tener ocho y diez años, más o menos, los llevaban a Barcelona a ver al tío ---Gaudí--- trabajar, en la Sagrada Família. Las torres les impresionaban muchísimo, y Gaudí, que siempre llevaba avellanas en los bolsillos del pantalón, les compartía sus frutos secos”, explica Maria Teresa Gaudí.
A ella también le impresiona la magnitud de la obra de su antepasado. El parque Güell, el Palacio Güell, la Pedrera, la Casa Vicens, la torre Bellesguard, la Casa Batlló, la Cripta de la colonia Güell... con los Amigos de Gaudí de Reus, han ido por todas partes para ver las obras de Gaudí. Y, en cada una de las inauguraciones de los adelantos de la construcción de Sagrada Família, Maria Teresa ha estado, acompañada de su marido, Lluís Garcia Reig, que siempre explica una anécdota muy bonita. Todavía era adolescente cuando, un verano en su pueblo, Alcoi, le dijo a su padre que había conocido una descendiente del arquitecto Antonio Gaudí. Y, entonces, su padre le explicó que él y sus hermanas lloraron cuando supieron de la muerte de aquel hombre bueno.
Confía en la beatificación
Aquel hombre bueno, a quien el papa Francisco ya dejó declarado venerable, podría ser beatificado el próximo año. Se completaría el año tan especial en el cual por todas partes y con eco internacional, Gaudí será recordado. “Sería muy bonito, y parece que ahora el proceso para hacerlo beato, que iniciaron Lluís Bonet, Josep Maria Tarragona y José Manuel Almuzara hace más de una década, ya se ha desencallado. Yo confío que esto saldrá adelante”, dice Maria Teresa. “Este buen hombre ---Gaudí--- ya ha demostrado ser un santo. Se dedicó plenamente a la Sagrada Família, su obra, que es una biblia viviente. En ella todo tiene un sentido. Cuanto más lo estudias, más te das cuenta de lo que hizo”.
Maria Teresa está al corriente de todo. En el grupo de Whatsapp de Amics de Gaudí, los miembros de este abrazo grupal in memoriam a Gaudí comparten las noticias que se van publicando vinculadas al arquitecto o a cualquiera de sus obras. Recientemente, un recorte de diario del año 1987 recordaba detalles del accidente que causó la muerte de Gaudí, en la confluencia de las calles de Bailén y la Gran Vía de Barcelona, por el atropello de un tranvía. “Ante la inacción de todo el mundo en el lugar del incidente, un guardia civil gallego se enfrentó a un taxista obligándolo a llevar a Gaudí al hospital, porque nadie lo quería recoger. Lo veían muy mal vestido y nadie supo quién era”, narra Maria Teresa.
Pues bien, a través de noticias así, ella va atando cabos y contactos y, en este caso, ha conseguido contactar con la nieta de aquel guardia civil que se impuso para que llevaran Gaudí al hospital. “Es una señora gallega que vive en Andalucía y nos enviamos mensajes de Whatsapp”, dice la descendiente de Gaudí. También por Whatsapp, Maria Teresa envía mucha alegría compartiendo fotografías de los preciosos rosales que cuida en el jardín de su finca, junto a Reus. Tiene cinco centenares de rosales, y hay que regarlos.
Su apellido la ha llevado a tener que explicar muchas veces su vínculo con el genial arquitecto, la obra del cual, como a tantísima gente, la conmueve“En mayo florecen, y si corto las rosas, vuelven a salir, aunque ya no con tanta fuerza”, dice. Ella y su marido van prácticamente cada día. “Mis abuelos ya venían y, cuando aún yo no había nacido, mis padres también venían ya, y de muy pequeña empezaron a traerme. Cuando fui creciendo, recuerdo que teníamos un caballo y con mi padre lo llevábamos a beber a una balsa. Le poníamos la mano con el agua y bebía. Yo aquí me siento muy acogida, y todo esto te da vida. Algunas cosas están igual, otras se han mejorado, y yo he subido plantas nuevas. Aquí estoy muy bien”.
Cada año en el mes de mayo, el Centre de Lectura de Reus organiza en el Teatro Bartrina un concurso nacional y exposición de rosas, y Maria Teresa ha participado, hasta hace muy poco, cada año desde que tenía dos añitos, entonces con su madre. “Ahora ya no participo, pero la Asociación Amics de Gaudí, fuera de concurso, premiamos el mejor ejemplar de rosa Gaudí y entregamos un plato de cerámica de galardón”, explica. La rosa es, para ella, “una flor con mucha vida, con sus variedades tan coloridas parecen tener vida propia”. Cada una tiene un nombre, porque han sido creadas por rosalistas dedicadas a algún personaje conocido. Por ejemplo, tenemos la rosa Pau Casals, la princesa de Mónaco y, evidentemente, la rosa Gaudí.
La Sagrada Família en el corazón
El 16 de julio pasado, día de la Virgen del Carmen, Maria Teresa y Lluís volvieron a recordar el día de su boda, ahora hace 52 años, en la cripta de la Sagrada Família. “Entonces solo estaba la cripta, la fachada del Nacimiento, unas torres y poco más. Estaba todo de cualquier manera, recuerdo que nos hicimos fotos y todo estaba en construcción, pero nada como ahora. Era todo a paso muy lento”, rememora. El convite lo hicimos en el club náutico de Barcelona que, como era el día de la Virgen del Carmen, que es la patrona de los marineros, las barcas salían al mar en procesión. Fue muy bonito”.
"(En la Sagrada Família) siento una conexión, me trae muchos recuerdos porque mi padre y mi ‘padrineta’ sí conocieron a Antoni Gaudí y cuando voy, todo eso lo revivo"Casarse junto a la tumba de Antoni Gaudí, enterrado en la cripta, también tenía mucho sentido por esta pareja que siempre han estado implicados en actividades culturales en las cuales, de alguna manera, Gaudí está muy presente. “La Sagrada Família forma parte de mi vida, porque nos casamos allí, y porque allí todo han sido cosas positivas para nosotros”, dice.
Una vez casada, la pareja vivió en Valldoreix, y en la Floresta. “Barcelona me gusta mucho, por la luz mediterránea, pero yo soy más de jardín y árboles que de asfalto”, confiesa Maria Teresa. Después de acabar psicología en la Universidad Autónoma, trabajó como psicóloga en una escuela en Barcelona, y más tarde en Mont-roig del Camp. Su apellido la ha llevado a tener que explicar muchas veces su vínculo con el genial arquitecto, la obra del cual, como a tantísima gente, la conmueve.
“Cada vez que entro a la basílica de la Sagrada Família me emociono. Allí dentro me siento muy bien y muchas veces se me cae alguna lagrimita. Siento una conexión, me trae muchos recuerdos porque mi padre y mi ‘padrineta’ sí conocieron a Antoni Gaudí y cuando voy, todo eso lo revivo. Además, aquello impone, creo que a todo el mundo impresiona”.
El grupo de Whatsapp de Amics de Gaudí también es el medio para comunicar a sus miembros propuestas de salida, como la que tienen prevista para el próximo 20 de septiembre, una excursión guiada a un lugar próximo al castillo de Escornalbou, donde se cree que Antoni Gaudí se inspiró para hacer las chimeneas de la Pedrera, la Casa Milà. Será la primera de las actividades del grupo programadas para conmemorar el Año Gaudí.
“Tenemos muchos proyectos en marcha con la asociación, y muchos papeles y visitas. A veces pienso que es demasiado, quizás, pero mientras aguantemos... Y tengo a mucha gente al lado que me ayuda”, concluye Maria Teresa, con la vista puesta en la culminación del deseo de los amigos de Gaudí de poder materializar la escultura del arquitecto que se ubicará en la puerta de la iglesia de la Prioral de Reus. Podrá ser una nueva parada en la ruta modernista de la ciudad, que cuenta con una magnífica presentación de la obra de Gaudí en su centro de interpretación Reus Gaudí Centre.