Cinco restaurantes para saborear ‘otro’ Raval

Tapa de pollo en escabeche de naranja y romero de Na Mindona
Tapa de pollo en escabeche de naranja y romero de Na Mindona

Si hay algo que identifica al Raval es su carácter genuino y su autenticidad. Por eso, en este barrio predominan los restaurantes de sello propio. Negocios que enganchan por su encanto, por su originalidad y por su buena y variopinta propuesta gastronómica.

06 de agosto de 2026 a las 05:30h

En el Raval se pueden encontrar locales con personalidad. Aquí no hay franquicias (o casi no las hay), ni multinacionales del fast food. Porque la mayoría son pequeños establecimiento, fruto del esfuerzo, ahínco y las ganas de emprendedores y emprendedoras que luchan a diario para seguir levantando la persiana.

En el barrio más diverso, multicultural y políglota de la ciudad condal se puede viajar con el paladar de punta a punta del país, atravesar mares y océanos, y saborear platos llenos de imaginación, de tradición o de armonía.

Aquí van cinco propuestas para descubrir otro Raval. El Raval que no cuenta con altavoces mediáticos, sino con el boca oreja que escampa la noticia: ¡qué bien se come en el Raval!

Las Fernández, un bocado transgresor del Bierzo 

C/ Carretas, 11 (Del 3 al 26 de agosto, cerrado por vacaciones)

Berta, Bibiana y Beatriz (Las Fernández) dan nombre a este local que, desde sus orígenes, hace ya dos décadas, sigue apostando por la cocina casera, de calidad, elaborada con producto de proximidad y con ese punto underground inconfundible. 

Los productos del Bierzo son marca de la casa y no cabe duda de que estas tres hermanas bercianas hacen patria en Barcelona y conquistan a sus comensales con sus vinos mencías maridados con embutidos y cecinas de la tierra. Eso sí, su ingrediente “secreto” es otro, porque Las Fernández es “más que un restaurante”. “Llevamos más de 20 años ofreciendo cocina honesta y creativa, hecha con mucho amor y en ambiente familiar. Como nos gusta decir, Denominación de Origen Bierzo con fusión mediterránea”, confiesa Berta.

Y sin duda, Las Fer, como ya se las conoce en el barrio, son la confirmación de que con sencillez, amor y creatividad se pueden hacer grandes platos; y acompañarlos de un ambiente y atmósfera con sello propio.

Las Fernández, en el Raval 

Na Mindona, desde la Mallorca más auténtica

C/ de la Riereta, 8 (Del 9 al 19 de agosto, cerrado por vacaciones)

Hace ya más de una década, tres amigos mallorquines decidieron abrir en pleno Raval un pequeño restaurante donde cocinar los platos con los que habían crecido. Recetas sin artificios, sin reinterpretaciones ni fuegos de artificio. Solo sabores heredados, producto de calidad, tiempo y una cocina que desprende aromas a romero, hinojo, laurel y aceite de oliva. 

En esta tasca mallorquina no hay alusión a la Mallorca de los famosos. Porque aquí profesan una cocina de tasca, honesta y profundamente casera, de esas que invitan a pedir medias raciones para seguir descubriendo sabores.

Dionís trabaja en una diminuta cocina mientras en la sala todo sucede sin protocolos innecesarios. Porque en Na Mindona lo que importa es lo que llega a la mesa. Platillos como el frit mallorquí y el tumbet cocinados a fuego lento, las cocas de trempó de masa impecable, los caracoles a las hierbas, las albóndigas llenas de matices o una inolvidable sepia con cebolla que tantos habituales recomiendan pedir.  

También merece un capítulo aparte la despensa mallorquina. Las ensaïmades llegan desde Algaida, el pueblo de una de las propietarias; no faltan embutidos tradicionales como el camaiot o la carn-i-xulla, ni bebidas tan isleñas como el palo o el licor de almendra. Todo contribuye a que la experiencia sea, probablemente, la más auténtica de cocina mallorquina que puede vivirse en Barcelona.

La puerta de Na Mindona ya descubre lo que allí se cocina: cocina honesta y casera

Makan Makan, un pequeño tesoro indonesio

C/ De la Lluna, 4. (Del 3 al 31 de agosto, cerrado por vacaciones)

Makan Makan es un pequeño tesoro gastronómico escondido en el corazón del Raval. “Un espacio en el Raval donde comer relajado y sin prisas”. De hecho, Makan makan significa, literalmente, “come, come”. Una invitación a sentarse, compartir y disfrutar de una cocina donde cada plato es un delicado equilibrio entre dulce, picante, ácido, salado y ese inconfundible perfume de especias frescas que hace viajar mucho antes del primer bocado. 

Detrás de esa cocina está Andrey Finanta, criado en una comunidad china de Java, una de las islas más pobladas de Indonesia. Después de vivir una temporada en Sídney y de curtirse en varios restaurantes asiáticos de Barcelona, decidió abrir junto a su pareja y socio, el diseñador Imanol Ossa, un restaurante donde cocinar los sabores con los que creció.

La barra de Makan Makan nos traslada hasta una selva asiática. 

Aquí no hay concesiones a la moda ni recetas maquilladas para gustar a todo el mundo. La carta recorre algunas de las elaboraciones más emblemáticas de Indonesia con el respeto de quien cocina desde la memoria. El rendang, cocinado lentamente hasta que la carne queda melosa y las especias impregnan cada fibra. El nasi goreng, probablemente el arroz frito más célebre del sudeste asiático.

Los satay, acompañados de una cremosa salsa de cacahuete. Los currys, las sopas aromáticas, las verduras salteadas… Todo elaborado con esa mezcla de galanga, citronela, cúrcuma, jengibre, hojas de lima kaffir, coco y chiles que convierte la cocina indonesia en una de las más fragantes del mundo.

Y todo ello, en un comedor sin artificios donde lo importante nunca ha sido seguir tendencias, sino ofrecer una cocina honesta, con aromas asiáticos que difícilmente pueden encontrarse en otro lugar de la ciudad.

Plato de wanton de Sichuan de Makan Makan 

La Prudencia del Raval, cocina con alma

C/ Abat Safont, 11 (Del 14 al 25 de agosto, cerrado por vacaciones).

“En un barrio donde todo cambia, La Prudencia del Raval ha encontrado la fórmula para ser inolvidable: cocina con alma, creatividad sin pretensiones y un ambiente que convierte cada visita en un descubrimiento”. Toda una declaración de principios que no puede definir mejor a este pequeño local del Raval que no solo conquista por el paladar, sino también por la vista. 

No es fácil encontrarlo, pero hacerlo tiene premio. Porque La Prudencia del Raval sorprende a primera vista. La luz tenue, la madera, los detalles vintage, el equilibrio entre lo industrial y lo cálido, la barra, las lámparas… Nada parece casual. Cada rincón forma parte de un proyecto de interiorismo concebido para que el espacio transmita lo mismo que se cuece en la cocina: sencillez, personalidad, elegancia y “prudencia”.

Wonton frito, bacalao ahumado y kimchi en La Prudencia del Raval 

En cada servicio una veintena de comensales disfrutan de un servicio cercano, cálido y profesional. Porque, a pesar de la espectacularidad del local, lo que cuenta allí es la cocina, elaborada con el mejor producto. 

La propuesta culinaria gira alrededor de los platillos de temporada, una cocina mediterránea puesta al día que respeta la tradición. Aquí conviven unas zamburiñas impecables con una gilda como mandan los cánones, unos torreznos de corte perfecto, una bomba de pulpo que se ha convertido en uno de los emblemas de la casa o un canelón del que muchos clientes hablan casi con devoción. Y todo presentado de forma cuidada, estética en armonía con el decorado.

La experiencia continúa en la copa. Una selección de vinos de pequeños productores, cervezas artesanas y una carta de cócteles ideada para alargar la sobremesa.

El interiorismo de La Prudencia del Raval lo firma Concepción Padilla. 

La Ravala, la taberna del Raval

C/De la Lluna, 1. (Abierto en agosto).

En el Raval hay muchos bares de tapas, pero pocos representan tan bien el alma del barrio como La Ravala. Porque en este pequeño local esquinero (C/Lluna con C/de la Riera Alta) se respira alma rumbera, buen ambiente, una cocina irresistible, vermuts, cañas y vinos y conversaciones que se alargan más de la cuenta. 

Desde que abrió sus puertas en 2018, La Ravala se mantiene como la taberna de siempre pero vestida con un traje contemporáneo. Porque allí tanto van los más modernos del barrio como los vecinos de toda la vida. Y todos, atraídos por ese ambiente que tanto se echa de menos y que aquí se vive cada día, pero sobre todo, atraídos por esas tapas de toda la vida que nunca defraudan.

La Ravala, un bar de barrio 

Unos platillos y tapas elaborados con productos de temporada y de proximidad, que la propia Sandra Desunvila, alma mater de La Ravala, selecciona y compra en La Boqueria o directamente a los productores.

Entre sus especialidades, sus famosas tortillas de patatas ( y de mucho más), que lucen en la vitrina de la barra, como antaño. Sin menospreciar a la ensaladilla —”mejor que la de tu suegra”, anuncia con ironía la pizarra- o las bravas. Y, junto a ellas, aparecen platos de cuchara, arroces, marmitakos o carnes guisadas de esas que se recuerdan en años.

Porque aquí, como la propia Sandra recuerda: “Buen producto, fuego lento y mucho amor convierten la cocina más sencilla en la más memorable”

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