Desde un pequeño taller en el corazón de Olot (La Garrotxa), Nuria Paguina y el equipo de Pattlab (Pattern Laboratory) han sido las encargados de dar forma y crear los patrones para marcas de ropa reconocidas en todo el mundo. Nombres como Pimkie, Zalando, Stradivarius, Zara o Bershka son solo algunos ejemplos dentro de su gran variada cartera de clientes. Marcas de moda consolidadas que, a pesar de contar con un gran equipo de profesionales, necesitan externalizar parte de su proceso de patronaje para dar respuesta a la elevada producción.
Aun así, desde hace un par de años este estudio ha decidido cambiar su estrategia y enfocarse principalmente en otro tipo de cliente: los diseñadores emergentes que apenas empiezan su recorrido y no cuentan con los recursos necesarios para invertir en el software y la equipación técnica necesaria para el patronaje. Una parte del proceso de creación que a pesar de que muchas veces quede invisibilizada resulta imprescindible para hacer realidad cualquier diseño. Y es que sin unos patrones bien elaborados es difícil poder trasladar el diseño a una pieza real.
Por este motivo, las grandes marcas de moda cuentan con un extenso equipo de patronistas que, antes de poder producir una prenda de ropa, diseñan estos patrones. “Desde hace un par de años, hemos decidido reestructurar el estudio para priorizar estas marcas emergentes y apostar también por una moda más sostenible y local”, afirma Nuria Paguina, fundadora de PattLab. Además, precisamente es con este tipo de marcas incipientes a las que el equipo de Pattlab realmente puede acompañar todo el proceso de patronaje, desde el primer esbozo hasta enviar los diseños a producción.
Un proceso largo y que incluye varias etapas, desde el asesoramiento técnico inicial, hasta la creación de patrones digitales, el escalado de las diferentes tallas de cada pieza o la simulación 3D de los diseños antes de enviarlas a producir. En el estudio, que trabaja los patrones desde sus inicios completamente de forma digital, tampoco faltan las máquinas de coser, ya que también confeccionan los prototipos para enseñarlos a los clientes. A pesar de que desde el laboratorio no producen directamente las piezas finales, sí que cuentan con una red de pequeños talleres de Catalunya, Portugal y Marruecos para poder gestionar su posterior producción.
“Es con este tipo de marca con las que nuestro trabajo realmente cobra sentido, ya que desde el estudio podemos acompañar el proceso desde el primer esbozo y hasta que se envía directamente a producir, ahorrando a estas marcas la inversión inicial que requiere un equipo de patronaje y garantizándolas que, como mínimo, podrán salir adelante con su primera colección”, defiende Paguina. Así, gracias al equipo de PattLab los diseñadores tienen la oportunidad de diseñar sus piezas sin destinar una elevada inversión para el equipo técnico necesario. Una inversión que puede ascender además de 20.000 o 30.000 euros, que es el presupuesto que tuvo que invertir Paguina cuando fundó PattLab hace más de una década, estudio donde empezó a trabajar de forma autónoma y que ha ido escalando hasta contar actualmente con cuatro personas más.
Durante estos años, han podido trabajar con marcas emergentes como Rita Row, Noni Barea (marca también nacida en Olot) o Baymo, empresa para la que llevan trabajando cuatro años y a quienes han ayudado a crecer y consolidarse. Y todo, desde el corazón de la Garrotxa. "Hace 11 años decidí que priorizaría donde quería vivir y decidí instalar mi oficio también aquí", expresa Nuria, a pesar de que reconoce que la localización nunca ha sido un inconveniente para su negocio.
Precisamente, una de las claves del éxito de este taller de patronaje es que desde los inicios han confeccionado los patrones de forma digital, en un sector que, sobre todo hace una década, todavía no había integrado del todo la tecnología y encara muchos procesos se realizaban de forma manual. Gracias a la experiencia anterior de Paguina en multinacionales de moda, desde los inicios empezaron a trabajar con el software Gerber AccuMark, y desde entonces no ha tenido la necesidad de hacer ninguna parte del proceso de forma manual.
Este proceso altamente digitalizado es precisamente la clave que los ha permitido trabajar con grandes nombres del sector de la moda, como Zalando o Inditex, sin salir de Olot. Desde este pequeño laboratorio, Paguina y su equipo ha podido trabajar con una gran variedad de marcas catalanas, pero también de toda Europa e incluso de los Estados Unidos, con compañías dirigidas a todo tipos de públicos, desde infantil hasta marcas de trajes para invitadas, aunque se han especializado en la ropa prêt-à-porter, aquella diseñada para ser utilizada durante el día a día.
Además, otro de sus puntos fuertes es que se han especializado en diseñar de forma muy precisa las diferentes tallas de una misma prenda de ropa, a partir de un preciso estudio de las medidas anatómicas. “Ayudamos a las empresas a crear unas bases técnicas para sus patrones, para que sus clientes puedan comprarse siempre la misma talla sin sorpresas, garantizando que en una misma tienda las tallas siempre tendrán coherencia”. “Es muy importante que las empresas tengan claro su público objetivo, porque la confección de las tallas variará mucho según el tipo de cuerpo y de cliente al que se dirijan en en cada caso”, defiende Paguina.
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