Gonzalo Iglesias queda cada día para jugar a las cartas en la plaza con sus vecinos. Sillas y mesas plegables sobre las que tienden su tapete y pasan la mañana con el Guiñote o la Butifarra. La estampa tiene una peculiaridad como telón de fondo, con un elemento al que los vecinos no prestan atención: la Sagrada Família se alza a pocos metros de su espacio de juego habitual. Los socios del Club de Bitlles Sagrada Família sacan cartas impasibles entre las decenas de turistas que rodean sus mesas para intentar sacar una foto de la basílica, sin ver que quizá lo más barcelonés de la escena está precisamente en esas mesas que parecen molestarles.
Los turistas se mueven de forma extraña estos días: se agolpan más sobre las mesas e intentan meterse en un espacio reservado para el club de bitlles catalanas —juego tradicional que ejerce de excusa para ser punto de encuentro (o de resistencia) del barrio—. Los visitantes buscan nuevos espacios para fotografiar la basílica porque gran parte de su perímetro está vallado. No tendrán en su galería la foto esencial ante el templo y el lago, porque ya está ultimando los preparativos (y las restricciones de acceso) para recibir al Papa este miércoles. León XIV, que llegará a la ciudad el martes al mediodía, acudirá a la basílica el miércoles a las 19.30 para bendecir la Torre de Jesús, el día del centenario de la muerte de Gaudí. Desde este fin de semana, una placa conmemorativa recuerda el momento y el lugar exacto del accidente, frente al número 665 de la Gran Via de les Corts Catalanes.
Las restricciones también dejarán a Gonzalo y a sus compañeros habituales sin juego durante unos días, en los que la cotidianeidad del barrio ha quedado interrumpida por una visita que será histórica para la basílica que le da nombre. “Lo veremos desde el balcón”, comenta Gonzalo, mientras asienten sus compañeros entre carta y carta. “Algunos vecinos incluso han alquilado su balcón por un dineral”, ríen desde la mesa, y es que no son pocos los balcones que se han convertido en miradores privilegiados de lo que será al visita del Papa y la bendición de la torre, con espectáculo de luces incluido. Convertidos en palcos en primera fila, balcones se han alquilado a precios de hasta 750 euros. Y no sólo ante la basílica, sino también a lo largo del recorrigo que León XIV protagonizará a bordo del papamóvil desde el paseo de Gràcia hasta el templo, con balcones, grandes y pequeños —y más o menos asequibles— que se han puesto en alquiler resiguiendo sobre todo la calle Rosselló. Además, son miles los balcones que, tanto en el recorrido como en toda la ciudad, lucirán el blanco y el amarillo durante la visita del Papa: una campaña impulsada por la Associació Ginesta para engalanar la ciudad con banderas del Vaticano ha repartido más de 15.000 en toda Barcelona.
El blanco y el amarillo no solo se ven en los balcones en los entornos de la basílica, sino también en las tiendas de souvenirs. Artículos de merchandising y rosarios con el rostro del Papa llenan estantes y mostradores de tiendas del barrio, intercaladas con fotografías de la Sagrada Família. Camisetas, tazas, imanes, llaveros e incluso trapos con la imagen del Papa encontrado su lugar en las tiendas, pero no sólo en los locales: los vendedores ambulantes del entorno del templo también tienden rosarios con la cara del Papa sobre sus mantas blancas. “Dame tres por dos”, regatea una pareja de turistas mientras elige el color de las cuentas. Al lado, otro pañuelo blanco expone sobre el suelo pájaros de barro de colores de los que pían cuando se silba con agua, y abanicos para airear un calor de junio que ha apartado las posibilidades de lluvia durante el viaje del pontífice —no como ocurrió con el aguacero de la visita de Juan Pablo II en el Camp Nou en 1982.
Los turistas (y los vecinos) se mueven desde la semana pasada entre vallas, coches de policía y el montaje de estructuras para las pantallas gigantes, en calles que se quedarán con acceso restringido durante la visita. Los artículos de merchandising y de recuerdo de las tiendas —tanto las formales como las informales— conviven con artículos oficiales diseñados dentro de la campaña Alça la mirada, y con otros artículos que bien pueden servir para conmemorar la visita y la culminación de la Torre de Jesús en el centenario de la muerte de Gaudí, también en forma de bricks. De 12.060 bricks, para ser exactos.
El nuevo set de Lego de la Sagrada Familia bate récords como el modelo con más piezas de la marca, que reproduce la complejidad de la basílica e incluso sus vitrales. El set —que roza los 750 euros y ya puede reservarse, a la espera de que salga a la venta en noviembre— lleva también al mundo del brick el proceso constructivo del templo, y es que se monta siguiendo las fases de construcción fieles a la secuencia real de la edifición de la basílica. No obstante, da un paso más: el set se adelanta a la realidad, con una Sagrada Familia finalizada, con la fachada de la Glòria y sus 16 linternas hiperboloides ya en pie. Habrá que esperar unos años y unas cuantas partidas de cartas para que se alcen también en la Barcelona real, en la que, confiemos, sigan habiendo mesas plegables, cartas y vecinos para jugar en ellas.
