Hay días y momentos que ya sabes, de entrada, que recordarás durante toda la vida. Ver en directo al Papa León XIV paseando por las calles de Barcelona es un recuerdo sencillamente inolvidable. Por la trascendencia de una figura como el Papa, pero sobre todo por la espiritualidad y la historia coral de un momento único.
Definitivamente, deberíamos alzar la mirada en el sentido más amplio de la expresión mucho más a menudo. En este caso concreto, sin embargo, si alzamos la mirada desde el Estadio Olímpico nos encontramos con la Sagrada Familia y Montjuïc.
Largas -larguísimas- colas de personas se aglutinan en el estadio Lluís Companys. El mismo lugar de la montaña mágica donde hace un tiempo jugaba el Barça y ahora hace unos días cantaba Bad Bunny. Nuestra querida Barcelona está de moda en todo el mundo.
Hoy todo el mundo busca su particular recuerdo cotidiano con el Papa que viene de la Orden de San Agustín. El escenario del Lluís Companys se llena de referencias a la Basílica de Gaudí y a la Virgen de Montserrat. La previa se calienta al ritmo de Góspel, la rumba catalana con Sabor de Gràcia o las canciones de Conchita, Beret, Alfred Garcia o Álvaro Soler, entre otros. Aprovechando el año Gaudí, hay quien recuerda que “Antoni Gaudí decía que no era él quien construía la Sagrada Familia, sino que era la Sagrada Familia quien lo construía a él”. No te preguntes qué puede hacer la sociedad por ti, sino qué puedes hacer tú por la sociedad. Hay, incluso, quien aprovecha la previa para confesarse o quien habla de Maite Gaudí, la descendiente del arquitecto universal de Reus que está llenando diferentes titulares durante las últimas horas.
Habla el filósofo Francesc Torralba que siempre se hace escuchar recordando que “hay más alegría en el dar que en el recibir”, que “las contrariedades forman parte de la vida”, que “la esperanza no es una espera pasiva” o que “juntos podemos vencer el dragón del desencanto”. Su último libro Anatomía de la esperanza (Grup 62, 2026) me viene como un rayo a la memoria y eso que todavía tengo pendiente acabármelo de leer bien.
Se escuchan diferentes cantos corales que dicen así: “En el año Gaudí, el Papa está aquí”, “¡Viva el Papa!” o “Esta es, la juventud del Papa”. Y por fin, llega el Papa y como no podía ser de otra manera, lo hace con su Papamóvil. Antes de entrar a predicar en el estadio donde le esperan más de 40.000 personas expectantes, el Papa bendice las ambulancias de Sor Lucia Caram que cargan ayuda humanitaria hasta Ucrania.
El Papa entra al Estadio Olímpico y da la vuelta de honor. ¡Y qué vuelta de honor! Gallina de piel. Miro al Papa, miro la Sagrada Familia y miro el cementerio de Montjuïc. Se me salta una lágrima. No me preguntéis por qué. Hay quien canta, hay quien grita y hay quien directamente se emociona. La Colla Castellera de Vilafranca del Penedès hace un castillo que ya es patrimonio de la Unesco. La cultura catalana se presenta con vistas al Vaticano. Ondean las banderas vaticanas, españolas, catalanas o colombianas, entre otras. Algunas más que otras. Todavía hay margen para que los presentadores deseen suerte y ánimos a los estudiantes que estos días se examinan de la selectividad. Debe ser cosa de juventud...
"La polémica lingüística hace horas que está servida, pero de nuevo se nos pide alzar la mirada"
El gozo se convierte en alegría y el misticismo de un momento único se encamina a su punto más álgido. El Papa empieza a hablar y dice claro y catalán que “la Paz sea con vosotros”. Combina como buenamente puede el catalán y el castellano. La polémica lingüística hace horas que está servida, pero de nuevo se nos pide alzar la mirada.
El cardenal y el arzobispo de Barcelona, Juan José Omella, recuerda los Juegos Olímpicos de Barcelona del año 1992. Muchos de los jóvenes presentes todavía no estaban, pero sus familiares les explican que hace 34 años se encendió la llama olímpica que situó nuestra ciudad en el mapa del mundo. Omella hace referencia también a la capitalidad del Mediterráneo, a la simbología cultural de los castells, a la bendición de la Torre de Jesús de la Sagrada Familia o a convertir “Barcelona en la ciudad de Dios, como la quería Gaudí”. Dice que otra humanidad es posible.
Tres jóvenes suben al escenario y se dirigen al Papa. ¿Cómo podemos alzar la mirada cuando la sociedad nos empuja a mirar hacia abajo o mirarnos a nosotros mismos? Pregunta el primero. ¿Cómo salir de la depresión y de un intento de suicidio? Pregunta la segunda. ¿Cómo puedo perdonar? Pregunta la tercera. Sus tres casos son de aquellos que golpean el alma y levantan fuertes aplausos entre el público que continúa todavía con las emociones a flor de piel. “¡Viva el Papa!”, vuelven a gritar los chicos de atrás.
El Papa León XIV se acuerda del Papa Francisco: “Con Dios, la vida renace siempre”. Y deja, a continuación, algunas reflexiones para enmarcar:
·Todo paso o conquista nos impulsa hacia adelante.
·Es necesario cultivar una sana inquietud.
·Es importante tomar conciencia sobre la salud mental.
·Nuestra sociedad silencia el sufrimiento, pero no debemos espiritualizarlo.
·Debemos abrirnos a quien nos ayuda.
·El perdón es un signo de la gracia de Dios y es una poderosa medicina contra el mal.
·No podemos atribuir a Dios aquello que ha sido confiado a la responsabilidad humana.
·Es importante no desanimarse.
·Rechazamos toda forma de odio o venganza.
·Seamos capaces de perdonar y ser portadores de paz.
"Somos mendigos de amor, tenemos hambre y sed de verdad"
Para terminar, el Papa pronuncia la homilía durante la vigilia de la oración en el Estadio Olímpico todavía a rebosar: “Somos mendigos de amor, tenemos hambre y sed de verdad. Buscamos una luz que ilumine el camino”. Un par de jóvenes sentados al lado lo anotan en su libreta. Amor, camino y verdad, ¡qué tridente de palabras tan gruesas! “Dios ha enviado a su hijo al mundo para darnos la vida eterna. Dios nos conduce a la felicidad que no tiene fin. ¿Qué sociedad queremos construir? No dejemos de buscarnos y dialogar”, concluye.
Llega la traca final con Sergio Dalma y la Escolania de Montserrat: “Me das Fuerza”. El Papa León XIV nos ha regalado un recuerdo único y seguro que también nos dará fuerza para superar los obstáculos de los ciudadanos de Barcelona. Todavía le quedan, sin embargo, algunas paradas más en Brians, Montserrat, la Parroquia de Sant Agustí y la Sagrada Familia. Barcelona no olvidará su visita histórica. Somos mendigos de amor, tenemos hambre y sed de verdad. Hay días y momentos que ya sabes de entrada que recordarás durante toda la vida.


