El Optimismo no es solo una forma de pensar

Natalie Batlle (3)

08 de diciembre de 2025

2025 nos ha zarandeado, y muchos hemos acabado el año con una migraña emocional. Entre la tensión global, los desastres climáticos y titulares apocalípticos sobre la IA arrasando industrias enteras. Como fundadora he visto cómo los sistemas se tambalean… y cómo la duda se instala rápido. Pero también he visto algo más: fortaleza cruda, voluntad inquebrantable y una solidaridad que acude al rescate con la velocidad del rayo. En las mujeres a las que mentorizo y con las que colaboro veo que lideran desde la pasión, no desde el pánico. Y veo el atisbo de algo más: la posibilidad real de que la esperanza esté de vuelta.

Quiero compartir buenas noticias, extraídas de experiencias reales de fundadoras y creadoras de comunidad.

Durante un viaje reciente a Madrid, mientras organizaba una cena para el lanzamiento del negocio de una amiga, pasé 48 horas inmersa en un microcosmos vibrante de creatividad e innovación en el barrio de Justicia. Caminar por la Calle de Pelayo era como entrar en una película indie: Escaparate tras escaparate liderado por mujeres, desde una moderna apotheke de bienestar, Dr. You, hasta la tienda conceptual de alta costura Casona, pasando por los suplementos modernos APIH. Fundadoras que procedían de diferentes ámbitos y países, algunas tenían experiencia en el mundo de la moda en Nueva York, otras formación en finanzas e incluso una devoción espiritual inspiradora, pero todas ellas unidas por algo común: pasión por su trabajo y un deseo compartido de enriquecer su ciudad.

En apenas esa manzana de Justicia, bajando por la Calle Pelayo, los contactos, los consejos y la ayuda fluían con naturalidad. Escuché historias de emprendedoras apoyándose mutuamente en lo más cotidiano: desde entregas hasta presentaciones de clientes. Una demostración viva de una comunidad que se teje desde la colaboración, no desde la competencia. La energía del barrio me recordó a aquel Williamsburg previo al boom: crudo, honesto, lleno de textura y posibilidad; definido no por grandes marcas, sino por personas, propósito y creatividad. Ese fin de semana me reafirmó por qué creo tanto en los proyectos con propósito, en las mujeres que se apoyan entre sí y en el poder del vecindario, la identidad y los valores compartidos como base de un liderazgo significativo.

De vuelta en Estados Unidos, también me anima la acción popular que está surgiendo en respuesta al miedo y la injusticia. Un ejemplo claro es el Pink Poster Club, un grupo de presión fundado por mujeres en mi ciudad natal, Evanston (Illinois), que movilizó a los vecinos para resistir las redadas injustas del ICE. En lugar de retirarse, o limitarse a recaudar fondos, se organizaron de forma proactiva. Formaron “brigadas de madres”, equipadas con kits de silbatos, recursos legales, ayuda bilingüe y redes comunitarias listas para proteger a las familias vulnerables. Lo que comenzó como un modesto canal en las redes sociales se convirtió rápidamente en una acción colectiva impactante que hizo suficiente ruido como para cambiar la narrativa y atraer la atención nacional. Las fundadoras, humildes en comparación con lo que están logrando, simplemente dicen que están protegiendo a los niños que van a la misma escuela que los suyos. 

¿No es esa la forma más reveladora de simplificar por qué tenemos que unirnos para aprovechar el poder de la comunidad? Eso me da esperanza.

Dinner with Fascinating Women. © Sanca Films

Como líder, a menudo recuerdo mi primera gran oportunidad tras salir de la universidad: unirme al equipo de comunicación de la campaña presidencial de Barack Obama en 2008. Impulsada por mi fe en el cambio y la participación ciudadana, aprendí de primera mano lo que se puede lograr con visión, movilización comunitaria y esperanza. Verás, el optimismo no es solo una forma de pensar, es el combustible que necesitan los fundadores y los agentes del cambio para convertir su visión en realidad.

Así que sí, creo que 2026 exigirá fortaleza. Vivir en estado de shock o en «modo defensivo» no servirá de nada. Pero aquellos que combinen una visión a largo plazo con un propósito, la resiliencia con la empatía y la acción con el corazón no solo sobrevivirán. Se transformarán. Anhelo que vuelva la esperanza; no una esperanza efímera, sino aquella que construimos nosotros mismos en nuestros “barrios” de Justicia y Evanston, gracias en parte a la energía de mujeres inteligentes y valientes.

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