Hace 30 años, Carlos Barrau empezó a gestionar apartamentos en Salou. Tres décadas después, aquel inicio ha ido dando forma a Ona Hotels and Apartments, que ha ido ampliando cartera y geografía y cuenta con 51 establecimientos. Con Nacho Barrau, segunda generación de la familia, al frente como CEO, el grupo sigue creciendo: cerró el año pasado con una facturación de 200 millones de euros (un 34% más que el año anterior), y este año prevé alcanzar los 250 millones.
Así, aquello que empezó en Salou fue ampliándose, sobre todo siguiendo la costa mediterránea en España, y también las Canarias. El primer gran salto llegó en 2005; después de incorporar algunos pequeños establecimientos, adquirió Cala Pi, un complejo de más de 100 unidades en primera línea de playa en Mallorca: "A día de hoy, sigue siendo uno de los establecimientos más especiales del grupo".
Una década después, llegó otro punto de inflexión, con la incorporación de Nacho Barrau a la empresa familiar, que se abrió a nuevos modelos para impulsar su crecimiento. Hasta entonces, Ona gestionaba principalmente activos propios, y la nueva estrategia incluyó gestionar establecimientos de otros propietarios, a través de contratos de gestión o de alquiler, con una fórmula para crecer más rápidamente y sin tener que asumir en todos los casos la adquisición del establecimiento.

Aquel mismo 2015, la empresa adquirió una plataforma de siete hoteles —seis en Canarias y uno en Estepona—, hecho que supuso un nuevo salto en la dimensión del grupo. En 2019 llegó otro salto, con la adquisición de un complejo de cuatro resorts y cerca de un millar de apartamentos en Tenerife, y así ha ido ampliándose el grupo, hasta los 51 establecimientos actuales y 140 trabajadores en las oficinas centrales, en Barcelona. A ellos se suman los empleados de los hoteles y apartamentos, que pueden llegar a los 3.000 con directos e indirectos en temporada alta.
Así, la media de los últimos años se sitúa entre cuatro y seis incorporaciones anuales, pero Barrau no se marca una cifra que deba alcanzar necesariamente el grupo: “Si un año no se encuentra ninguna oportunidad que encaje, no se encuentra”. La empresa, sin embargo, analiza constantemente el mercado, y actualmente está estudiando diversas operaciones. La mayoría se encuentran en la costa española, pero ahora ya van más allá: el grupo también está presente en Andorra y en Marruecos.

La cadena desembarcó en Marruecos hace precisamente un año, donde dispone de dos hoteles y un resort. De cara a futuro, quiere seguir creciendo en el país, sin dejar de mirar la costa mediterránea donde nació, especialmente en Catalunya, y también aterrizar en Cádiz. Según Barrau, el futuro también estará marcado por la tecnología, sobre todo, por la inteligencia artificial y el uso que se hará de ella para organizar viajes.
En este nuevo escenario, considera que los establecimientos con una propuesta diferenciada pueden salir beneficiados, porque “cada vez segmentaremos más la búsqueda” y los hoteles singulares podrán ser más fácilmente identificados según lo que ofrecen. Independientemente de la tecnología, y en cualquier destino, el grupo quiere generar una experiencia común y reconocible que lleve a los huéspedes a repetir, y a seguir ampliando un grupo que ha ido sumando ciudades sin perder su esencia familiar.
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