La Semana Santa ofrece un respiro en medio del calendario y de la rutina acelerada, un espacio de introspección y pausa. En un presente vertiginoso, la música a menudo también actúa como refugio, ofreciendo un momento para respirar y mirar hacia dentro. En el Festival de Pascua de Peralada, estas dos experiencias se entrelazan de manera singular. Lejos de la espectacularidad de la cita de verano, que este año celebrará su 40.ª edición durante los meses de julio y agosto, la versión de Pascua del festival empordanés apuesta por la intimidad y la contemplación.
Este espíritu íntimo y reflexivo se refuerza en la cuarta edición del festival que, del 2 al 5 de abril —de Jueves a Domingo Santo—, busca establecer un puente entre el patrimonio musical barroco y la creación contemporánea. “El Festival de Pascua de Peralada genera un clímax y una comunión única entre público y artistas”, asegura su director artístico, Oriol Aguilà, celebrando que, tras tres ediciones, la cita ya se ha convertido en “un referente europeo con sello propio”.
“La música barroca sacra, interpretada en la intimidad de la iglesia gótica del Carmen, crea una atmósfera profundamente introspectiva, muy diferente al ambiente de la edición de verano”. Una introspección que, según Aguilà, cobra aún más sentido en el contexto actual: “En tiempos de incertidumbre y conflictos internacionales, espacios de reflexión y conexión como el que ofrece el festival son más necesarios que nunca”. Y el público lo confirma: “melómanos fieles que buscan un espacio de silencio, de pausa y de espiritualidad, cada uno a su manera, en la era de los dispositivos móviles, las redes sociales y la inteligencia artificial”.
El festival nació en 2023 con un objetivo claro: desestacionalizar la cultura —para complementar la edición de verano en Peralada— y crear un festival de Pascua que, inspirándose en grandes citas europeas, aportara una mirada local. Y la cita musical no podría tener un mejor escenario: “Durante la Semana Santa, la Costa Brava se convierte en región de reuniones familiares y encuentros de amigos y, al mismo tiempo, invita a la introspección profunda”, valora el director artístico del festival. “En este contexto, el Empordà merecía un festival de Pascua que dialogara con las grandes citas europeas”, añade. A todos estos objetivos se sumaba otra motivación: los organizadores del encuentro ya habían intuido cierta afición del público por la música barroca, un género que Aguilà describe como “el formato cool de la música clásica por su renovación y versatilidad”, y que es precisamente el foco principal del Festival de Pascua de Peralada.
Del dolor a la luz: un recorrido emocional
Del 2 al 5 de abril, la cuarta edición del festival propone un viaje emocional que atraviesa algunos de los grandes temas del imaginario de Pascua: la oscuridad y el dolor, la fragilidad humana, la búsqueda de sentido, la alabanza a Dios y, finalmente, la luz y la exaltación. En este itinerario conviven obras sacras de diferentes épocas —del barroco al repertorio fúnebre— con propuestas contemporáneas que amplían los límites del lenguaje musical y refuerzan la apuesta visual de la cita cultural.
Este recorrido se inicia el jueves 2 de abril (Jueves Santo) con uno de los grandes hitos del festival: la recuperación moderna de Il Cristo condannato de Antonio Caldara, tres siglos después de su primera interpretación en la Viena imperial, que tuvo lugar precisamente un Jueves Santo de 1717. En el Festival de Peralada, primera representación del oratorio en época moderna —del que no existe ninguna grabación completa— combinará carga dramática y profundidad espiritual, reflexionando sobre la culpa y la redención.
La recuperación del patrimonio musical es, de hecho, una de las grandes apuestas del festival. Aguilà relata que, entre todas las obras antiguas que el festival desea recuperar, eligieron este oratorio por la vinculación de Caldara con Catalunya: la ópera que compuso como regalo de bodas de Carlos de Austria para su esposa, Elisabet-Cristina de Brunswick, supuso la primera representación operística en Cataluny y la entrada de la ópera italiana en la península Ibérica, estrenada el 2 de agosto de 1708 en la Llotja de Mar de Barcelona. La recuperación de este oratorio en época moderna ha requerido de un un gran trabajo documental y archivístico para elaborar una nueva edición de la partitura, y también supondrá todo un reto interpretativo, de la mano de Vespres d’Arnadí y el Cor Francesc Valls —formaciones residentes del festival—, bajo la batuta de Dani Espasa y Pere Lluís Bosca.
El Viernes Santo, el protagonismo será para William Christie, figura clave en la recuperación del repertorio barroco, quien dirigirá las Leçons de ténèbres de François Couperin —tras haber tenido que cancelar su actuación en la anterior edición de verano del festival—. Se trata de una de las obras más íntimas y expresivas del barroco francés, basada en las Lamentaciones de Jeremías, donde la música acompaña simbólicamente la progresiva extinción de la luz. El concierto, que se completará con obras de Marc-Antoine Charpentier y Marin Marais, culminará con la entrega de la Medalla de Honor del Festival a Christie, en reconocimiento a su trayectoria artística y a los valores que ha defendido.
El Sábado Santo, el festival explorará la dimensión del dolor y la muerte con una doble propuesta: Vox Luminis debutará en la cita empordanesa con un Ein deutsches Barockrequiem, un programa integrado por obras de compositores alemanes del siglo XVII y principios del XVIII; mientras que por la noche, O Vos Omnes ofrecerá Officium Defunctorum de Tomás Luis de Victoria, una de las grandes muestras de la música fúnebre hispánica.
El último día, el festival apuesta nuevamente por un concierto matinal —formato estrenado en la pasada edición— que cerrará la cita con un gesto de luz y serenidad. La Franz Schubert Filharmonia debuta en el festival con un programa dedicado a Mozart y Schubert, acompañada por el Cor Francesc Valls y bajo la dirección de Guillermo García Calvo y Pere Lluís Biosca. Además, la participación de cuatro solistas ganadores del premio Festival de Peralada del Concurso Tenor Viñas refuerza el compromiso de Peralada con el talento emergente: “El festival debe actuar como un facilitador, como una ventana abierta al mundo para que el inmenso talento catalán, ya sean coros, orquestas o intérpretes, se proyecte y sea reconocido”, subraya Aguilà.
Junto al recorrido por el patrimonio musical europeo, el festival mantiene una apuesta clara por la creación contemporánea. Este año, esta apuesta se materializa en la instalación performativa La luz del lobo no pesa, de Aurora Bauzà y Pere Jou, en colaboración con Jou Serra y con la participación del Cor Bruckner Barcelona. Suspendida en el claustro del Carmen, que se estrena como espacio en el festival, la obra combina luz y sonido, transformando fragmentos de De lamentatione Ieremiæ Prophetæ de Alonso Lobo en texturas vocales y paisajes acústicos, ampliando los límites del concierto tradicional. La instalación es, de hecho, la primera fase de un proyecto multidisciplinario que culminará este verano con LOBO, una pieza teatral que se estrenará en el Festival Grec de Barcelona.
La dimensión visual también se refleja en la imagen gráfica de la edición, con la pintura Martirio de San Sebastián, del entorno de Guido Reni —uno de los máximos representantes del clasicismo barroco de la escuela boloñesa—, procedente de las colecciones del Castillo de Peralada. La obra, marcada por un fuerte dramatismo y una iluminación característica del barroco, refuerza visualmente la dimensión espiritual del festival.
Una ventana al mundo
A pesar de ocupar solo cuatro jornadas, el Festival de Pascua de Peralada continúa creciendo en ambición artística y proyección internacional. “El calendario de Semana Santa no se puede estirar, y nos falta espacio para todas las propuestas y el talento existente”, admite Aguilà, demostrando el interés creciente que despierta un proyecto con apenas cuatro ediciones.
De cara al futuro, el reto de la cita musical pasa por consolidar el modelo y reforzar la dimensión internacional, facilitando que las producciones propias puedan circular más allá del festival, como ya ha sucedido en Finlandia, con The Fairy Queen en el Savonlinna Opera Festival, y en Roma, donde viajó junto a la Escolania de Montserrat. Con esta ambición internacional, el festival quiere reafirmarse como un espacio donde la contemplación y la espiritualidad se encuentran con el talento local, y en el que la creación catalana se proyecta hacia el mundo
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