Michael Smith (Cirque du Soleil): “En el circo, la rutina es nuestro peor enemigo”

El director artístico de 'KURIOS: Gabinete de curiosidades', el espectáculo del Cirque du Soleil. © Marina M. Luna
El director artístico de 'KURIOS: Gabinete de curiosidades', el espectáculo del Cirque du Soleil. © Marina M. Luna
(Redactora en The New Barcelona Post)
05 de octubre de 2026 - 05:30

Llueve en L'Hospitalet de Llobregat cuando Michael Smith, director artístico de KURIOS: Gabinete de Curiosidades, nos recibe en su camerino, junto a la carpa en la que el Cirque du Soleil se ha instalado hasta el 18 de octubre. La lluvia le recuerda a su Reino Unido natal, aunque desde que se incorporó al circo, en 2005, su idea de hogar ha cambiado. Después de tantos años de gira, entre ciudades y países, Smith se siente, sobre todo, “ciudadano del mundo”. Su vida, al fin y al cabo, está ligada a la carpa: donde se instala el espectáculo, empieza también una nueva casa para él. 

Desde que se incorporó al circo ha trabajado en nueve producciones y giras, entre ellas Alegría, Dralion, Varekai, KOOZA y Michael Jackson THE IMMORTAL World Tour. Ahora dirige un equipo de 53 artistas de 21 nacionalidades que representa KURIOS (obra creada en 2014 por Michel Laprise) entre seis y diez veces por semana. La gira continuará después en Madrid y Londres y, tras dos meses de descanso, cruzará el charco rumbo a Australia. Aunque, tras 40 años de trayectoria en el mundo del espectáculo —los primeros veinte como actor freelance en teatros musicales y cabarets—, Smith bromea con que espera estar retirado para entonces.

Pero cuesta imaginarlo lejos de un escenario cuando habla de su trabajo. Lo hace con espontaneidad y emoción, dos palabras que, asegura, debería tener cualquier artista de circo. Además de otras dos que aparecen una y otra vez en su discurso: alegría y curiosidad. Son las emociones con las que quiere que el público salga de la carpa y, también, las que cree que más falta hacen fuera de ella.

— Cuando trabajas en un espectáculo como KURIOS, que nació de una visión artística que no es la tuya y que lleva más de una década en escena, ¿cómo consigues mantener intacta esta esencia y, al mismo tiempo, hacer que el espectáculo evolucione y siga sorprendiendo cada noche?

— KURIOS es un espectáculo único dentro de la trayectoria del Cirque du Soleil porque apenas ha variado desde su estreno, mientras que las demás producciones han ido evolucionando en mayor o menor medida. Creo que tiene que ver con la fuerza de la idea de la que parte: crear un espacio para que el público explore su propia imaginación y sienta que todo es posible cuando miramos la vida con curiosidad.

Pero para que esa curiosidad y esa creatividad lleguen realmente al espectador, los artistas tienen que ofrecer algo auténtico, algo capaz de despertar emociones. Por eso, en el circo, la rutina es nuestro peor enemigo. Después de ocho, nueve o diez funciones a la semana, el reto es evitar que lo que hacemos deje de sentirse verdadero.

Ahí es donde entra en juego mi trabajo: darles intenciones diferentes en cada número. Lo que hacen físicamente sobre el escenario puede ser exactamente lo mismo, pero lo que ocurre emocional y mentalmente no tiene por qué serlo. Si uno de los artistas reacciona de forma inesperada, sin avisar a su compañero, se produce un efecto dominó que hace que la función vuelva a sentirse viva. Esos pequeños cambios obligan a los artistas a estar presentes y a escucharse entre ellos. Y, sobre todo, no podemos perder de vista el objetivo principal: que cuando el público salga de la carpa haya sentido algo. Porque solo una emoción real puede convertirse en un recuerdo. 

Michael Smith 17 (c) Marina M. Luna
Michael Smith se incorporó al Cirque du Soleil en 2005. © Marina M. Luna

— Y además el público también cambia cada día. ¿Cómo puede influir su reacción en la función2?

—El público es nuestro compañero de escena. Todo artista necesita a alguien al otro lado que reaccione, porque no hacemos el espectáculo para nosotros, sino para ellos. Si están muy callados y no reaccionan, algo falla. Y tengo que reconocer que en España nos han recibido con mucho cariño desde que llegamos a principios de año; es un público muy cálido. De hecho, cuando veo la representación, paso casi más tiempo observando a la audiencia que el propio show. Si noto que algo no funciona, hablo con los artistas y probamos algo diferente. Al final, se trata de escuchar al público y mantenerlo vivo. 

— Afirmabas que la rutina es el peor enemigo del artista de circo, pero muchos de los trucos, acrobacias y números que vemos en KURIOS llevan siglos formando parte del circo. ¿Cómo consigues que sigan pareciendo nuevos en cada función?

— Por la misma razón: para ellos, cada número sigue siendo un reto. Estos artistas provienen, en su mayoría, del deporte de élite y de la competición. Están acostumbrados a exigirse y a competir consigo mismos para ser mejores, y esa mentalidad también la trasladan al mundo del espectáculo. Mi trabajo no es presionarles, sino acompañarles y crear un entorno en el que puedan dar lo mejor de sí mismos y hacer que cada función sea diferente.

"En la competición deportiva están acostumbrados a buscar la perfección y a contener sus emociones. En el espectáculo ocurre justo lo contrario: necesito que las abran"

— Pero pasar de la competición de élite a ser artista supone toda una transformación.

— Es verdaderamente un gran salto. En la competición deportiva están acostumbrados a buscar la perfección y a contener sus emociones. En el espectáculo ocurre justo lo contrario: necesito que abran esas emociones. Cuando hacen un triple salto en el aire, al público no le importa cuántas piruetas dan, porque no es un jurado. Lo que importa es cómo aterrizan y qué transmiten en ese momento a la audiencia.

Kurios
En KURIOS, que se podrá ver en l'Hospitalet hasta el 18 de octubre, trabajan artistas de 21 nacionalidades. © Cirque du Soleil

— Trabajas con 53 artistas de 21 nacionalidades diferentes. ¿Cómo se consigue que un equipo tan diverso funcione como una familia?

— Es una de las cosas que más me gusta de mi trabajo. Vengamos de donde vengamos, todos compartimos el mismo objetivo: ofrecer la mejor función posible. Y cuando estás de gira, viajando de un país a otro y compartiendo tantas experiencias, ese objetivo común acaba creando un verdadero sentimiento de familia. Cuando alguien enferma o se lesiona, los demás están ahí para asumir su carga de trabajo y ayudarle.

Creo que esos vínculos también nos hacen mejores personas, porque convivir con personas diferentes te obliga a aceptar las diferencias. Muchas veces, el racismo y la discriminación nacen precisamente de no conocer al otro. Trabajar en un entorno tan diverso te ayuda a romper esos prejuicios y, en definitiva, te transforma como persona. 

—Tú también has estado al otro lado, como artista. ¿Cuánto influye esa experiencia en tu forma de dirigir?

— Cuando yo era artista, había cosas que me molestaban de cómo nos trataban entre bambalinas. Constantemente te recordaban que eras reemplazable, como si siempre hubiera alguien esperando para ocupar tu lugar. Cuando llegué al Cirque en 2005, sentí que, por fin, había encontrado mi sitio: un lugar donde las personas eran respetadas y valoradas.

Por eso, ahora que estoy al otro lado, una parte importante de mi trabajo es crear un ambiente entre bambalinas en el que los artistas puedan expresarse libremente y sentirse seguros. Necesitan creer en sí mismos y en sus capacidades para poder salir al escenario, y no que los hagan dudar contínuamente. Eso sí, hay una gran. diferencia entre confiar en tus capacidades y ser arrogante, y el público percibe esa diferencia.

Y también hay que entender que la vida no termina cuando acaba la función. Si alguien tiene una emergencia familiar, su familia es lo primero. Nosotros nos ocuparemos del espectáculo. Cuidar a las personas y darles ese espacio también forma parte de mi trabajo.

El espectáculo 'Kurios' del Cirque du Soleil es uno de los planes imprescindibles de este fin de semana en Barcelona. © Cirque du Soleil
El espectáculo 'Kurios' del Cirque du Soleil. © Cirque du Soleil 

— La vida del circo está rodeada de cierto romanticismo y también de muchos tópicos. Después de tantos años dentro de este mundo, ¿qué ideas crees que tiene la gente sobre la vida de los artistas que no se corresponden con la realidad?

— Es verdad que esta forma de vida está un poco romantizada: viajar por el mundo, crear vínculos que terminan convirtiéndose en una familia… Pero también han cambiado muchas cosas. En el circo tradicional, los propios artistas montaban la carpa y después vivían en caravanas alrededor, viajando de un sitio a otro. Nosotros también estamos de gira, pero digamos que lo hacemos de una manera bastante más cómoda: ¡nosotros hacemos glamping! [Ríe.]

Al final, lo importante es que las personas que trabajan en esta industria se sientan cuidadas y respetadas. Es una forma de vida exigente y que exige mucha perfección y disciplina y, por eso, creo que cuidar a la gente debe ser una prioridad. 

— Decías que la vida del circo ha evolucionado, pero también nuestra forma de consumir entretenimiento. En un mundo de pantallas y redes sociales, ¿es cada vez más difícil conseguir ese efecto wow en directo?

— Creo que lo que ninguna tecnología puede reemplazar es la experiencia de estar juntos en un espectáculo en directo. Durante la pandemia me di cuenta de cuánto echaba de menos ir al teatro. Cuando compartes una emoción con otras personas, esa emoción se hace más intensa. Puedes ver algo increíble en una pantalla, pero no es lo mismo que vivirlo en una sala, rodeado de gente que está sintiendo lo mismo que tú. Por eso el arte y la cultura son tan importantes: porque nos definen.

— Es contagioso. Cuando alguien grita de alegría, contagia al resto.

— ¡Totalmente! Ver a alguien liberarse te da permiso para hacer lo mismo.

"En un mundo con tanta división, poder transmitir un mensaje positivo y llevar un poco de alegría a los espectadores es un privilegio"

— En KURIOS, además, hay tantos detalles y cosas sucediendo al mismo tiempo que es imposible saber dónde mirar: los diferentes números, los cantantes, los músicos, lo que ocurre arriba y abajo del escenario… 

— Hay demasiados niveles y detalles. Al principio, yo veía el espectáculo desde distintos asientos en cada función para descubrirlo desde todos los ángulos y enamorarme de cada uno de ellos.

La fantasía 'steampunk' llega con 'KURIOS' del Cirque du Soleil.©Xurde Margaride
Smith defiende que lo imprescindible es que el público salga de la carpa habiéndose emocionado. © Xurde Margaride

—Y entre todos esos detalles hay uno que está presente durante todo el espectáculo y que quizá pasa desapercibido para algunos espectadores: un reloj que marca constantemente las 11:11. ¿Por qué precisamente esa hora?

— El 11:11 se considera, en numerología, un número relacionado con la creatividad, la intuición y la imaginación. Para KURIOS simboliza precisamente eso: lo que puede suceder cuando miramos el mundo con los ojos de la imaginación y dejamos espacio a la curiosidad. Es una invitación a pensar que las cosas pueden ser diferentes y que todo es posible si nos atrevemos a imaginarlo. Por eso el reloj permanece en las 11:11 durante todo el espectáculo. Cuando finalmente pasa a las 11:12, termina la función: las dos horas que hemos vivido en la carpa son solo un minuto en el tiempo de la imaginación.

— Y cuando el reloj pasa de las 11:11 a las 11:12, termina el espectáculo. ¿Qué te gustaría que ocurriera en ese momento, cuando el público vuelve a la realidad?

— Que salga de la carpa sintiendo que todo es posible. Que haya recuperado un poco la alegría y la ilusión. Falta alegría en el mundo, y si conseguimos que durante estas dos horas la gente se sienta así, ya es mucho. Al final, mirar la vida con curiosidad nos permite imaginar otras posibilidades. En un mundo con tanta división, poder transmitir un mensaje positivo y llevar un poco de alegría a los espectadores es un privilegio.

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Sobre el autor

Ainara Valadez
Ainara Valadez Medina

Redactora en The New Barcelona Post

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