Entre melodías, arquitectura y Gaudí: Barcelona vibra con la clásica
Mirador Torre Glòries Barcelona Ciutat de Clàssica
Del 5 de marzo al 1 de abril, el festival Ciutat de Clàssica transforma la capital catalana en una gran partitura viva y coral: más de 500 intérpretes en 50 conciertos que emocionarán a toda la ciudad
En Barcelona, la primavera no solo florece: también resuena. Entre las olas del mar, el canto de los pájaros y el ritmo constante en las calles, la ciudad construye una banda sonora propia que, desde hace siete años, incorpora una nueva melodía: la del festival Ciutat de Clàssica. Del 5 de marzo al 1 de abril, el festival de música clásica transformará Barcelona en una gran partitura viva, reivindicándola como capital cultural, arquitectónica y, sobre todo, musical. Más de cincuenta conciertos —27 gratuitos— repartidos en 29 escenarios convertirán, de la mano de más de 500 intérpretes, cada rincón de la ciudad en auténticos templos del sonido, donde la música clásica se respire y se comparta.
El festival, ya consolidado como una cita imprescindible de la primavera barcelonesa, nació con un doble propósito. Por un lado, proyectar Barcelona como capital internacional de la música clásica —tierra de figuras como Pau Casals, Alicia de Larrocha, Montserrat Caballé o Victoria de los Ángeles— y poner en relieve el prestigio de sus instituciones musicales, escenario habitual de los intérpretes más aclamados internacionalmente.
De hecho, el atractivo de Barcelona como capital musical es tal que, según la última encuesta del Observatorio de Turismo de Barcelona, un 16,45 % de los visitantes asisten a un concierto durante su estancia. La música se convierte, como recordaba el lema de la primera edición del festival, “come for the music, stay for the rest”, en un preámbulo para cautivar a oyentes y visitantes de todo el mundo.
Por otro lado, el festival busca contagiar el amor por la música clásica, sobre todo entre los vecinos, ofreciendo conciertos gratuitos —haciendo la clásica accesible a públicos que quizá no frecuentan las salas tradicionales— y dando visibilidad al talento local y emergente. Así, el festival actúa casi como una cantera musical: solistas y conjuntos formados en la ESMUC o vinculados a las orquestas del Liceu o del Palau encuentran en el festival un trampolín de proyección. “Víctor Medem (director artístico del festival) es el Hansi Flick de la música: identifica y proyecta los talentos al inicio de su carrera”, bromeaba Ramon Agenjo, presidente de Barcelona Obertura.
Barcelona Obertura es la entidad que desde 2019 promueve el festival, gestionado por Turisme de Barcelona e impulsado por la unión de las tres grandes instituciones musicales de la ciudad —Palau de la Música Catalana, Gran Teatre del Liceu y L’Auditori— con el apoyo del Ayuntamiento, que este año aporta hasta 270.000 euros dentro de un presupuesto que supera los 330.000.
Con este doble y ambicioso propósito, el festival combina una programación doble: 27 conciertos gratuitos repartidos por los diez distritos de la ciudad; y 24 óperas y conciertos con músicos de renombre internacional en los tres grandes templos de la clásica: Liceu, Palau y L’Auditori. Entre los grandes nombres destacan desde la ópera Manon Lescaut, dirigida por Àlex Ollé con Asmik Grigorian como soprano, hasta la pianista Martha Argerich o el tenor Juan Diego Flórez.
Por su parte, los 27 conciertos gratuitos trascienden sus salas habituales y llegan a todos los distritos, “reuniendo desde melómanos habituales hasta vecinos que se acercan a la clásica por primera vez”, como recuerda Xavier Marcé, regidor de Cultura e Industrias Creativas. En total, más de 500 intérpretes actuarán en los 52 conciertos que ofrece el ciclo.
Aunque de carácter histórico, la música clásica no vive anclada al pasado: vibra y dialoga con el presente con una fuerza renovada. Por este motivo, este año el festival de clásica también se interrelacionará con otras grandes citas culturales del año, como el homenaje a Gaudí en el centenario de su muerte, celebrando su legado con un ciclo de conciertos en espacios que aún conservan el espíritu del genio creativo. La música resonará en la Casa Batlló (cuarteto de cuerda de la OBC), la Casa Vicens (Aina Font al saxofón y Laura Rouy a la guitarra), el Palau Güell (trío del Liceu) y la singular Torre Bellesguard (octeto de cuerda de la OBC).
La Torre Bellesguard, todavía un tesoro por descubrir para muchos barceloneses, contiene no solo bellos elementos modernistas, sino que también ofrece una panorámica excepcional de la ciudad. Otros miradores emblemáticos, como la Torre Glòries (con Aina Font al saxofón —galardonada en el concurso Primer Palau— y Laura Rouy a la guitarra) y la Torre Collserola (trío de cuerda del Liceu), que habitualmente requieren entrada de pago, acogerán ahora la música clásica con vistas que cautivan el alma.
La huella de Gaudí no solo se podrá percibir a través de la vista, sino también del oído: el festival recupera en su repertorio obras de compositores catalanes coetáneos de Gaudí, como Francesc Pujol, Enric Morera, Francesc Alió, Narcisa Freixes o Amadeu Cuscó. Además, reivindica el talento de tres compositoras a menudo olvidadas: Luise Greger, Margarete Schweikert y Johanna Müller-Hermann, devolviendo su voz a los grandes escenarios.
Música y arquitectura: un binomio sensorial
Más allá de reivindicar el modernismo y a Gaudí, el festival se alinea con otra de las grandes citas culturales del año: la Capitalidad Mundial de la Arquitectura. Para celebrar esta distinción, el festival hará vibrar la música dentro de edificios arquitectónicamente emblemáticos. Desde espacios antiguos de gran valor patrimonial, como el monasterio de Pedralbes (con Mireia Peñalver a la viola da gamba y Santiago Gervasoni al clavicémbalo) —edificio que también celebra su propio aniversario, recordando el 26 de marzo de 1326, fecha en que comenzaron las obras del monasterio gótico— o el Palauet Albéniz —normalmente inaccesible, con Anna Urpina al violín e Inés Moreno al clavicémbalo—, hasta edificios más modernos, como el Pabellón Mies van der Rohe (cuarteto de cuerda del Liceu), símbolo de la arquitectura racionalista.