SEMANA DEL MECENAZGO

"El mecenazgo nace del corazón y transforma la sociedad"

Mecenatge i impacte amb Ainhoa Grandes, Josep Lagares i Eloi Planeas © Marc Llibre
Mecenatge i impacte amb Ainhoa Grandes, Josep Lagares i Eloi Planeas © Marc Llibre

“Las pequeñas acciones y donaciones tienen el poder de generar grandes transformaciones”. Este es el mensaje que han defendido Ainhoa Grandes, presidenta de la Fundació MACBA; Josep Lagares, vicepresidente de la Fundació Metalquimia; y Eloi Planes, presidente ejecutivo de Fluidra y presidente de la Fundació Catalunya Cultura, en una nueva sesión del ciclo 'Moments Estel·lars', enfatizando que cualquier ciudadano, y a cualquier escala, puede convertirse en mecenas, impulsando proyectos culturales, sociales o de investigación

(Redactora en The New Barcelona Post)
07 de octubre de 2025

La cultura y la creatividad son algunas de las características que diferencian a la especie humana de otros animales y seres vivos del planeta. Algo que nos interpela, emociona y nos hace sentir vivos. Pero para que esta cultura que nos distingue y emociona pueda subsistir y crecer, necesita apoyo y recursos económicos que la sostengan. Unos recursos económicos que no siempre son fáciles de encontrar ya que, especialmente en tiempos de crisis económica o inestabilidad, la cultura parece convertirse en algo prescindible o incluso quedar a un segundo plano, siendo una de las primeras áreas en las que administraciones e instituciones deciden aplicar recortes.

“Es difícil amar aquello que no se conoce”, ha reflexionado Eloi Planes, presidente de la Fundació Catalunya Cultura y presidente ejecutivo de Fluidra, a la sesión Mecenazgo e impacto: más allá de la financiación, organizada por The New Barcelona Post y la Fundació Catalunya Culturo dentro del ciclo Moments Estel·lars. Es quizás esta falta de conocimiento sobre el impacto positivo de la cultura en la sociedad, o incluso la falta de interés, el motivo que explica por qué instituciones privadas y administraciones públicas no apuestan por subvencionar o invertir en proyectos culturales.

Es también esta falta de conocimiento, o de aprecio por la cultura, el motivo por el que el mecenazgo cultural, que fue imprescindible en la Catalunya del siglo XVIII y XIX ---ya que, gracias a las aportaciones de empresarios y figuras reconocidas se pudieron construir edificios como el Liceu, el Palau de la Música Catalana o el Parc Güell---, esté perdiendo peso en la sociedad actual. Tanto es así que hoy una gran parte de la población no entiende este concepto o lo asocia a connotaciones negativas y un perfil muy concreto: burguesía y grandes fortunas. O, incluso, se asocia a empresas o personalidades que deciden invertir en cultura para limpiar su imagen.

Sin embargo, la realidad “es que cualquier ciudadano (y en cualquier escala) puede convertirse en mecenas”, ha advertido Ainhoa Grandes, presidenta de la Fundació Museu d’Art Contemporani de Barcelona (MACBA) durante la sesión. Desde el ciudadano que está abonado a una sala de teatro hasta el voluntario que, de forma altruista, decide dedicar su tiempo libre a ayudar a la asociación de su barrio o distrito.

En definitiva, “un mecenas es una persona, institución o empresa que, de forma altruista, quiere generar un impacto positivo en la sociedad. Es decir, que apoya a actividades, ya sea a través de dinero, donaciones materiales, tiempo o en forma de voluntariado, consiguiendo generar valor, pero sin esperar un retorno”, como ha remarcado Grandes, en una sesión moderada por el periodista y profesor de la UPF-BSM Toni Aira, y organizada con la colaboración de la Fundació Catalunya Cultura, Casa Seat, Barcelona Global i Must Media Group. Es, por este motivo, que Planes defiende que incluso el término de mecenas podría sustituirse por el “de amante de la cultura”, ya que se puede aplicar a cualquier persona que se quiera cambiar su entorno y, en consecuencia, la sociedad.

De hecho, para que la cultura subsista la implicación y los recursos aportado por estas personas anónimas son totalmente imprescindibles. “Las pequeñas acciones tienen el poder de generar grandes transformaciones en la sociedad”, ha añadido el presidente de Metalquimia, empresa dedicada al estudio de la Ciencia y la Tecnología de la carne. Esta idea de impulsar pequeños actos para generar grandes transformaciones en la sociedad es la razón que motivó a Lagares, ya en los años 80, a sacar adelante la Fundació Metalquimia, que ha ayudado a consolidar proyectos como, por ejemplo, la Simfònica de Cobla i Corda de Catalunya, para garantizar la preservación de la música y la cultura catalana.

Josep Lagares durant Moments Estel·lars © Marc Llibre

Lagares ha destacado que, de hecho, las acciones de mecenazgo, por pequeñas que parezcan, pueden "generar un gran impacto en la sociedad". © Marc Llibre

También fue esta la razón que animó, en 2014, a un grupo de empresarios a promover la Fundació Catalunya Cultura. La Fundació cuenta actualmente con 45 empresas, 197 entidades y ha acompañado a 315 proyectos culturales, como los Pallapupas, payasos que se esfuerzan por contagiar los pacientes de los hospitales de alegría y esperanza.

Pero no solo las empresas y sus directores tienen el poder –e incluso la responsabilidad— de invertir en cultura, sino también los ciudadanos y los pequeños establecimientos. De hecho, eventos como el Temporada Alta, que hoy se ha conseguido convertir en uno de los festivales de referencia de artes escénicas de toda Europa, se pudo poner en marcha, por un lado, por el trabajo de Britò Produccions, así como por el apoyo de pequeños negocios de Salt (Girona) que apostaron porque este festival se pudiera celebrar en su ciudad, desde el panadero al carnicero. Pequeños negocios que también contribuyen a preservar la cultura catalana apoyando a entidades culturales o colles de cultura popular.

Josep Lagares i Eloi Planes. Mecenatge i impacte, més enllà del mecenatge © Marc Llibre.JPG

Des de la Fundació Catalunya Cultura, Eloi Planes enfatiza la necesidad de una ley catalana de mecenazgo. © Marc Llibre

La sociedad civil también es la base, por ejemplo, de la Fundació MACBA. Así, se ha podido financiar una de las colecciones de arte contemporáneo más importante del sur de Europa gracias a “pequeñas contribuciones de personas que creen en la necesidad de preservar el patrimonio para que las futuras generaciones puedan disfrutarlo”, ha defendido Grandes, responsable de gestionar la incorporación de más de 600 obras que forman parte hoy en día de la colección del MACBA. 

El objetivo es que estas contribuciones —grandes y pequeñas— puedan “generar una gran mancha de aceite que se esparza por toda la sociedad”, ha enfatizado Grandes. Una mancha de aceite que permita que toda la población sea consciente del peso y la importancia de aportar recursos para sostener la cultura, la investigación o las luchas sociales.

Regar el espíritu del mecenas

“Todos los seres humanos somos creativos, ya que todos llevamos la semilla de la creatividad dentro. Aun así, hay personas a quienes esta semilla se les ha desarrollado de forma innata, y otros que necesitan acciones e incentivos que la rieguen y la hagan crecer. Lo mismo pasa con el mecenazgo: mientras que un 10% de las personas dará recursos sin necesidad de un incentivo externo, un 90% de la población se podría convertir en mecenas si se educa y se impulsa”, ha resumido Lagares, quien ha plasmado su visión sobre empresa y creatividad en el libro Time-Out: Creativació o extinció, nosaltres triem… (2025).

Pero ¿qué hace falta para despertar y regar este espíritu de mecenas en los ciudadanos? Pedagogía y formación. Ya que, como también afirma Planes, es difícil amar aquello que no se entiende y, por lo tanto, amar la cultura si no se promueve “desde la cuna, es decir, desde la familia; pero también desde la escuela este amor por la cultura”, ha destacado el presidente de la Fundació Catalunya Cultura. “Las empresas que apuestan por el mecenazgo lo hacen porque el empresario que hay al frente se lo cree y decide apostar”, ha añadido Planes.

Ainhoa Grandes, presidenta de la Fundació MACBA © Marc Llibre

Grandes ha defendido que las pequeñas acciones y contribuciones ciudadanas pueden convertirse en una "gran mancha de aceite que se esparza por toda la sociedad". © Marc Llibre

Por este motivo, reclama, como también lo hacen desde la Fundació Catalunya Cultura, una ley de mecenazgo catalana. Consideran que la actual ley de mecenazgo, el Real Decreto de ley 6/2023 —que reformó la innovadora Ley 49/2002— se quedó corta, tanto en términos de ventajas fiscales como, y quizás sobre todo, en términos de pedagogía. Así, además de pedir beneficios fiscales específicos para Catalunya, esta futura ley de mecenazgo catalana, tendría que reflejarse en la ley francesa, la conocida como 'Ley Aillagon' (2003) que dignifica y reconoce el papel indispensable del mecenazgo en la sociedad. Ley que, de hecho, constituyó un organismo que explicó, pueblo por pueblo y ciudadano por ciudadano, las bondades y los beneficios del mecenazgo en la sociedad.

Los franceses están orgullosos de actuar como mecenas y de apoyar a la cultura, la investigación o los proyectos sociales, porque no existe la estigmatización entorno en este concepto que sí que encontramos Catalunya, y esto es gracias a la pedagogía que se ha hecho", ha reivindicado Planes. Así, en Catalunya, el trabajo o las aportaciones de los mecenas acostumbran a ser discretas o silenciosas, muchas veces porque las empresas temen a que se considere que sus acciones son mero greenwashing o lavado de cara. Por este motivo, desde la Fundació trabajan con la Generalitat en una ley de mecenazgo catalana, a inspiración otras comunidades autónomas que también tienen su propio marco regulatorio en este aspecto.

Grandes ha remarcado el papel de la sociedad civil en fundaciones como la del MACBA, que dispone de una de las grandes colecciones de arte contemporáneo europeas. © Marc Llibre

Una ley que “confían que pueda ver la luz durante la actual legislatura”, según remarca Planes, añadiendo que no es un “problema de texto —ya que todos los partidos políticos están de acuerdo con la normativa—, sino de contexto: ya que, en el contexto actual, el mecenazgo no es una de las grandes prioridades del Gobierno ni de los partidos políticos”.

La ley de mecenazgo catalana, una facilitadora

Por su parte, Grandes también defiende que esta pedagogía se tiene que implementar no solo a escala individual, del ciudadano, sino también a empresas e instituciones. Así, la presidenta de la Fundació MACBA defiende que en los factores ESG —factores medioambientales, sociales y de gobernanza corporativa que se tienen en cuenta a la hora de invertir en una empresa— también se tendría que incluir la cultura. “Invertir en cultura no puede ser un complemento o un añadido, sino que tiene que ser una responsabilidad y un compromiso de todas las empresas”.

Grandes ha afirmado que "invertir en cultura tiene que ser una responsabilidad y un compromiso de todas las empresas". © Marc Llibre

“La ley de mecenazgo tiene que ser una facilitadora, una barandilla que nos ayude a apoyarnos y caminar hacia una sociedad más justa y culta. Pero, para poder ser acompañados, primeramente son las empresas e individuos quienes tienen que querer empezar a hacer estas pasos, impulsadas a su vez por una ley que los favorezca”, ha defendido Lagares, remarcando que “el verdadero mecenazgo tiene que nacer en el corazón de cada persona”. 

“Los humanos somos seres espirituales a los que se nos ha permitido disfrutar de una experiencia terrenal. Cuando volvemos al espíritu, pero, volveremos tan desnudos como cuando llegamos y solo nos llevaremos una mochila llena del bien que hayamos hecho en la Tierra”, ha reflexionado el vicepresidente de la Fundación Metalquimia, destacando el mecenazgo como uno de estos aspectos con los cuales los humanos llenarán su mochila espiritual.

Eloi Planes, Ainhoa Grandes y Josep Lagares consideran que se tiene que desestigmatizar la figura del mecenas. © Marc Llibre

Con todo, Grandes, Planes y Lagares confían que, con el impulso de esta ley de mecenazgo y un cambio de percepción sobre la figura del mecenas, se conseguirán incentivar las pequeñas acciones ciudadanas y corporativas para transformar la sociedad. Generándose, así, “un círculo virtuoso”, en el que los recursos invertidos en estos proyectos consigan, a su vez, multiplicarse y generar valor en la sociedad”.

Sobre el autor

Ainara Valadez
Ainara Valadez Medina

Redactora en The New Barcelona Post

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