Este año, el Teatre Lliure de Montjuïc presenta dentro de su programación la obra Xirgu, un espectáculo inspirado en una de las personalidades más destacadas del teatro catalán. Actriz, musa de Lorca y con una personalidad desbordante, Margarita Xirgu (o “La Xirgu”) consiguió marcar un antes y un después en la historia del teatro.
Nacida en el 1888, la vida Xirgu se puede dividir en tres etapas muy bien definidas: sus inicios en el teatro de Catalunya (1906-1912), su alianza con los movimientos de vanguardia ((1912-1936) y su exilio latinoamericano (1937-1969) que resultó ser uno de sus momentos más brillantes y académicos.
Los inicios de “la Xirgu”: de actriz amateur a su debut en el Romea
Nacida en Molins de Rei en el año 1888, Margarita procedía del seno de una familia humilde, con su padre cerrajero y su madre campesina. Se mudaron a Ciutat Vella de Barcelona, un distrito que, en aquella época, tenía un marcado carácter obrero y asociativo. Y aquí fue donde la Xirgu tuvo su primer contacto con la expresión escénica de la mano de los Coros de Clavé.
Los Coros de Clavé fueron un movimiento musical, cultural y social de origen obrero nacido en Cataluña a mediados del siglo XIX. Fueron impulsados por el compositor, poeta y político republicano Josep Anselm Clavé con el objetivo de mejorar las condiciones de vida de los trabajadores a través del canto coral y la educación.
Estos coros fueron el caldo de cultivo del asociacionismo popular catalán y sentaron las bases para que el teatro se popularizara entre los barrios. Años más tarde, jóvenes obreras sin recursos como Margarita Xirgu pudieron descubrir su vocación artística y dar sus primeros pasos en la escena gracias a los Coros de Clavé.
Xirgu empezó a actuar de forma esporádica, en sus ratos libres, como una aficionada más. Pero cuando su padre fue despedido de su empleo por formar parte de una huelga, la joven actriz hizo de su vocación una vía de sustento económico para toda su familia. Tenía 12 años y la joven alternaba sus primeros papeles en el escenario con su trabajo en un taller de pasamanería.
El 4 de octubre de 1906 fue el día en el que Margarita dejó de estar en el anonimato para brillar sobre el escenario. Tenía 18 años y fue la sustituta de una actriz consolidada que, a última hora, fue baja. La Xirgu subió al escenario para encarnar al personaje de Teresa Raquin, creado por Émile Zola. A diferencia del estilo interpretativo de la época (que se basaba en exageraciones y tonos muy subidos), Margarita ofreció una interpretación trágica, sobria y contenida, algo que conmocionó a la crítica.
La reacción de la prensa no se hizo esperar. Al día siguiente, los titulares y los artículos iban en la misma dirección: había nacido una actriz prodigiosa. Pasaron únicamente 2 meses de aquella actuación cuando la Xirgu debutó en el Teatre Romea con Mar i Cel de Àngel Guimerà.
La musa de Federico García Lorca
En el 1912, Margarita Xirgu dio el salto a la lengua castellana por un encargo de Faustino Da Rosa. Tras un año de preparación, en 1913 llegó a América y en 1914 se trasladó a Madrid. En esta etapa castellana, la Xirgu protagonizó grandes obras teatrales como Divinas palabras de Valle-Inclán, o piezas de autores internacionales como Bernard Shaw o Gabriele D'Annunzio.
Pero su vida cambió el 13 de marzo de 1915 en una actuación en Granada. Margarita, de tan solo 27 años, estaba encarnando a Elektra, el personaje de Eurípides (en versión de Hugo von Hofmannsthal). En la platea se encontraba un joven de 17 años que se quedó absolutamente maravillado con la actuación de la catalana: era Federico García Lorca.
Cuando, años más tarde, el poeta andaluz empezó a escribir sus obras de teatro, contó con la energía de aquella actriz que, en su adolescencia, le dejó con el corazón en un puño. Y fue así como comenzó una de las relaciones artísticas más populares del teatro: el dueto de Lorca y Xirgu.
Los dos creadores trabajaron conjuntamente en la representación de algunos de los éxitos más sonados de la época: Mariana Pineda en el 1927, que se estrenó en Barcelona con decorados de un joven Salvador Dalí; también trabajó en La zapatera prodigiosa en 1930, estrenada en Madrid bajo la dirección de Cipriano Rivas Cheri; Yerma en 1934, una obra que Lorca escribió expresamente para Xirgu y sus dotes interpretativas; y Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores en el 1935, la última obra de Lorca estrenada en vida del autor, que fue estrenada en nuestra ciudad.
Debido al éxito conseguido con esta asociación creativa, Xirgu le propuso a Lorca una gira por México. Pero llegó la Guerra Civil en 1936. Una guerra que terminó trágicamente con la vida del poeta de Granada.
El exilio de Margarita Xirgu
La Guerra Civil también hizo que la Xirgu se exiliara a Latinoamérica. Empezó viajando a Chile, luego estuvo en Argentina, Cuba, México y Colombia. Pero fue Paraguay el país que hizo que Margarita se convirtiera en una gran actriz en Latinoamérica.
En esta etapa, además de su carrera como actriz, también llevó a cabo una prolífica labor como docente. Fundó escuelas de arte dramático en diferentes países, organizó seminarios y dictó conferencias. Esta labor educativa hizo que en Latinoamérica la formación actoral se profesionalizara y cambiara para siempre.
En Buenos Aires en el año 1945 representó el estreno mundial póstumo de La Casa de Bernarda Alba, una obra que Lorca escribió para ella y que tardó nueve años en poder representar sobre el escenario.
Pero mientras en América Latina recibía honores de estado y el reconocimiento de personalidades como Rafael Alberti o Alejandro Casona, en España su figura seguía borrada a causa de la dictadura franquista.
Gravemente enferma, Margarita Xirgu fue intervenida de urgencia en Montevideo el 24 de abril de 1969 y falleció al día siguiente, el 25 de abril. En España, su muerte pasó casi desapercibida para los medios oficiales y, de hecho, sus restos no regresarían a su Molins de Rei natal hasta el año 1988.
El legado de la Xirgu: una artista revolucionaria
Además de su indudable talento artístico, la Xirgu fue una revolucionaria. Y es que la artista introdujo algunas innovaciones en el terreno del teatro que rompieron completamente con la tradición decimonónica.
Uno de los grandes cambios que promovió fue el de eliminar la figura del apuntador. La Xirgu defendió la necesidad de saberse el texto de memoria, antes de presentarlo ante el público. Este cambio hizo que el elenco se profesionalizara y la seguridad escénica empezara a ser vital para una buena interpretación teatral.
Pero también hizo una gran “limpieza” escénica: eliminó los bastidores de cartón y el mobiliario sumamente realista para apostar por una escenografía más minimalista y conceptual. Esta depuración también la hizo en el maquillaje, apostando por un rostro más despejado que permitiera ver mejor la expresividad interpretativa.
El homenaje del Lliure en su 50ª temporada: ‘Xirgu’
Este año, el Teatre Lliure celebra 50 años y, por eso, ha preparado una temporada llena de grandes estrenos. Uno de los más esperados es, sin duda alguna, Xirgu. Del 19 de noviembre al 13 de diciembre de 2026, el Lliure de Montjuïc acogerá esta producción escrita por Cristina Clemente y dirigida por Israel Solà.
La propuesta no se centrará únicamente en hacer un repaso a la biografía de la artista: se trata de una obra que, mediante su figura, pretende hacernos reflexionar sobre la memoria y sobre el oficio teatral. Los creadores han partido de una premisa básica: ¿existe alguna relación que una a las actrices jóvenes de hoy con Margarita Xirgu?
Y es que el legado de la Xirgu sigue vivo entre nosotros. El objetivo es descubrir dónde está su semilla y cómo se rinde homenaje a su legado. En el Lliure, este otoño, quieren darnos la respuesta.
