Ir al teatro es un ritual casi místico: el silencio de la platea, las luces apagadas y la magia a punto de empezar. Lo que sucede cuando empieza la función es un viaje hacia el mundo de la ficción, un viaje humanístico que nos interpela, nos hace reflexionar y nos emociona. Pero el teatro también se lee. Se lee y se disfruta. Y no todo el mundo lo sabe.
Cuando abres un libro de teatro te encuentras con un tipo de texto muy dinámico, coral y con la acción como motor principal. Es un tipo de lectura que despierta la imaginación desde las primeras réplicas y que te hace viajar por mundos imposibles sin moverte de la silla. Porque el teatro, como la literatura, nos hace volar, nos hace soñar y nos hace sentir que la vida es un poco más bonita.
Los clásicos teatrales
Empecemos por el principio. Si se quiere leer teatro, los clásicos siempre son una buena opción. El teatro de William Shakespeare, por ejemplo, cuenta con propuestas de lectura fácil, poética y que recrean mundos oníricos. Comedias como El sueño de una noche de verano mezclan fantasía, deseo y enredos amorosos en el interior de un bosque mágico y son ideales para una lectura más divertida y ligera. Pero las grandes tragedias como Macbeth o Hamlet apuestan por hacer un retrato de la sociedad y mostrar la cara más oscura de la naturaleza humana.
Avancemos un poco en el tiempo para situarnos en el siglo XX, ya que nos dejó textos brillantes, como es el caso del italiano Luigi Pirandello, que transformó la manera de entender el teatro con piezas como Seis personajes en busca de autor o El sombrero de cascabeles. En sus obras, se analizan las máscaras sociales que todos llevamos en el día a día, con unos diálogos punzantes y que funcionan como espejo.
Por otro lado, el teatro del absurdo de Samuel Beckett o Eugène Ionesco ofrece una lectura rápida, divertida y de carácter más filosófico. Más allá de lo que pueda parecer a primera vista, sus obras son fáciles de leer porque cuentan con diálogos picados, casi musicales, que hacen una crítica a la incomunicación humana. Esperando a Godot de Beckett es una de las grandes obras del autor y nos presenta a dos vagabundos (Vladimir y Estragon) que esperan junto a un árbol a un personaje que nunca llega. Toda la pieza se sostiene sobre una conversación en apariencia absurda que, en realidad, retrata la necesidad humana de buscar el sentido en un mundo vacío.
Si pensamos en los grandes clásicos de la literatura, también tenemos que hablar de la literatura del Siglo de Oro. Y es que el teatro que se produjo en el siglo XVI está lleno de acción, duelos de espadas, enredos y un ritmo vertiginoso. Lope de Vega fue el gran dramaturgo de la época porque sabía exactamente qué quería el público: ritmo y emociones fuertes. En obras como La dama boba o El perro del hortelano, la lectura fluye gracias a unos diálogos divertidos, llenos de picardías y estrategias amorosas. Pero, para una lectura más intensa y de cariz social, Fuenteovejuna es el gran título del autor: la revuelta de un pueblo entero contra el abuso de poder.
Calderón de la Barca apostó por un teatro más existencial y profundo. Su gran obra, La vida es sueño, es la historia del príncipe Segismundo que, encerrado en una torre, nos interpela con preguntas universales (¿qué es realidad y qué es ficción?). Pero Calderón también escribió comedias de enredos como La dama duende, donde demuestra una técnica muy depurada y un ritmo que ayuda a mantener al lector enganchado hasta la última página.
En Catalunya también tenemos una gran tradición teatral de mano de autores como Àngel Guimerà, el maestro de la tensión. En Terra baixa nos encontramos con una propuesta que casi es un thriller psicológico y social donde la tensión no para de crecer hasta el famoso desenlace "¡He matado al lobo!". Y en Mar i cel, Guimerà sube la acción a bordo de un barco pirata donde estalla un conflicto cultural entre Saïd y Blanca.
Pero, aparte de Guimerà, en el teatro catalán también encontramos a Santiago Rusiñol que aporta un estilo más ágil, irónico y divertido a nuestra literatura. L'alegria que passa es su obra maestra, así como L'auca del senyor Esteve. Tampoco podemos olvidarnos de Josep Maria de Sagarra, el autor que tiene un absoluto dominio de la lengua; obras como El cafè de la Marina o La Rambla de les floristes presentan unos diálogos vivos, populares y llenos de ritmo.
¿Y las mujeres dramaturgas? ¡También existían! Debido a las circunstancias políticas y sociales de la época, la dramaturgia femenina era menor: pero estaba presente. Es el caso de Sor Juana Inés de la Cruz, una escritora mexicana que escribió algunas de las comedias más brillantes en lengua castellana, mientras Lope y Calderón triunfaban en la península. Su obra maestra, Los empeños de una casa, es una comedia de enredos y diálogos que, a diferencia de sus contemporáneos, hacía que las protagonistas de las obras fueran mujeres inteligentes e independientes (en vez de ser representadas como objetos de deseo o de honor, que era el personaje típico del Siglo de Oro).
En Catalunya también tuvimos una mujer escritora, dramaturga y brillante, aunque tuvo que esconderse bajo el pseudónimo de un hombre. Sí: hablamos de Caterina Albert (Víctor Català), una figura clave de principios del XX que escribió La infanticida, un monólogo teatral que habla sobre la presión social y la maternidad. La autora de Solitud, presentó este texto en el Certamen Literario de Olot del año 1898 y, por el tema tratado en el texto, se descubrió que era una mujer la que se escondía bajo el nombre de Català. El escándalo fue mayúsculo.
Leer dramaturgia catalana actual
Salimos de los clásicos y miramos a la actualidad porque la escena teatral catalana está viviendo uno de los momentos más dulces e interesantes. Hoy nos encontramos con un tipo de escritura dramática que habla sobre los grandes dilemas del siglo XXI como la identidad, la memoria histórica, el imperialismo o el distanciamiento social.
Jordi Galceran ha escrito grandes éxitos como El mètode Grönholm, una pieza que funciona igual de bien sobre el escenario que sobre el papel, gracias a sus diálogos punzantes, los giros de guion constantes y su humor negro. El mismo mecanismo se repite en El crèdit o Burundanga, dos comedias que han triunfado en la cartelera y cuya lectura es más que recomendada.
Sergi Belbel es otro de los grandes nombres de la dramaturgia actual con obras comoDesprés de la pluja o Carícies. Leer Belbel es apreciar la precisión de la palabra: cada respuesta y cada silencio hacen avanzar la acción. Por su parte, Josep Maria Miró también ha firmado con El principi d'Arquimedes una pieza magistral sobre la suspicacia, el miedo y las redes sociales.
Dentro de la autoría femenina catalana, destaca Clàudia Cedó, que ha firmado piezas muy delicadas y poéticas como Una gossa en un descampat o Els àngels no tenen fills, donde la vivencia de la maternidad y la vulnerabilidad se tratan con una gran empatía. En esta misma línea de relaciones humanas, Marta Buchaca es una escritora que habla sobre la complejidad de los vínculos en Litus (adaptada también al cine) o sobre la violencia machista en Només una vegada.
Llàtzer Garcia es una de las voces más íntimas y reflexivas a la hora de hablar sobre la vulnerabilidad humana. En obras como La pols y Sota la ciutat, el autor nos sitúa en ambientes cargados de realismo cotidiano para tratar temas como la frustración generacional y las grietas familiares. Por su parte, Joan Yago (dramaturgo de la compañía La Calòrica) es, hoy en día, una de las voces más destacadas de la satírica política y social contemporánea. Obras como Fairfly o De què parlem mentre no parlem de tota aquesta merda son propuestas repletas de humor negro y unos diálogos que se leen con un ritmo frenético.
No podemos dejar de hablar de una dramaturga muy activa en la cartelera teatral de los últimos años: Victoria Szpunberg. La autora escribe con una mirada cargada de ironía, crítica social y poesía, para hablar sobre las contradicciones del mundo contemporáneo. Por otro lado, Helena Tornero utiliza el teatro como un vehículo de memoria y reflexión política en obras como No parlis amb estranys o la aclamada Tu em vas prometre una història d'amor, estrenada en la Sala Beckett.
Pero también hay textos de autores catalanes que han traspasado fronteras y pantallas: es el caso de Guillem Clua. Su obra Smiley pasó de las salas teatrales a convertirse en una serie de Netflix. Años más tarde, en el Aquitània Teatre, estrenó la segunda parte de la obra, Smiley, després de l'amor, que también alcanzó un gran éxito entre público y crítica y se reestrenó en La Villarroel.
Y no se puede entender la dramaturgia catalana sin Lluïsa Cunillé. Estamos ante la primera dramaturga en ganar el Premio Nacional de Literatura Dramática en el año 2010 por su obra Aquel aire infinito. Dentro de su bibliografía nos encontramos con títulos tan emblemáticos como Barcelona, mapa d'ombres, El bordell o I la pluja va caure tota la nit. Cunillé hace retratos muy realistas sobre la soledad en las ciudades, la memoria, el paso del tiempo y las heridas de la historia reciente.
Descubrir las voces teatrales más internacionales
Más allá de nuestras fronteras, también nos encontramos con grandes propuestas teatrales que son ideales para descubrir mediante el placer de la lectura. Un caso muy claro es el de Yasmina Reza, la autora de la multipremiada Art o Un dios salvaje, textos que se pueden leer de una sola sentada, gracias a su ritmo ágil, su ironía y su acción constante.
Para una experiencia lectora de gran impacto y reflexión, nada mejor que acercarse a los textos de Wajdi Mouawad, un escritor canadiense y de origen libanés conocido por su tetralogía titulada La sangre de las promesas, y encabezada por Incendios, una de las grandes obras de la dramaturgia contemporánea. Este trabajo se realizó entre 1997 y 2009, años en los que Mouawad escribió Litoral, Incendios, Bosques y Cielos, una saga teatral que habla sobre la memoria, las guerras, los traumas familiares y, sobre todo, la tragedia humana. Sus obras, muy representadas en Cataluña de la mano de La Perla 29, están escritas con una prosa poética cargada de belleza y de realismo.
El teatro norteamericano del siglo XX también se tiene que leer. Es un tipo de propuesta ágil y dinámica que retrata conflictos familiares y personajes que, hoy en día, se han convertido en inolvidables. Empecemos con el gran clásico: Tennessee Williams. El exitoso autor de Un tranvía llamado Deseo o La gata sobre el tejado de zinc sigue siendo uno de los autores más leídos en las escuelas e institutos de Estados Unidos, piezas teatrales que se leen como si fueran novelas.
Arthur Miller es otra de las grandes voces de la dramaturgia norteamericana. En obras como La muerte de un viajante o Las brujas de Salem, Miller construye thrillers morales y políticos, con un ritmo tan bien trabajado que no deja respirar al lector hasta la última página.
Si fijamos la mirada en el teatro alemán, tenemos que hablar de Bertolt Brecht. Con su "teatro épico", Brecht no quería que el lector se limitara a emocionarse desde la butaca, sino que también pensara y se involucrara en la experiencia teatral. Obras como La ópera de tres centavos (Die Dreigroschenoper), Madre Coraje y sus hijos o La buena persona de Sezuán utilizan canciones, diálogos directos y situaciones cargadas de comedia que hacen que la lectura sea fluida y sencilla.
La dramaturgia británica también es una de las más destacadas por su propuesta de humor negro y crítica social. En este sentido, Harold Pinter es uno de los máximos representantes. Ganador del Premio Nobel de Literatura en el año 2005, su estilo está plagado de tensión, de giros y de sorpresas. Algunas de sus obras más conocidas son El regreso a casa o Traición, donde los diálogos parecen cotidianos, pero cada frase esconde una lucha de poder.
Caryl Churchill es una autora británica que es considerada como una de las dramaturgas más importantes e innovadoras de las últimas décadas. Dentro de su producción teatral, destacan Top Girls o Far Away, obras que utilizan estéticas surrealistas y estructuras fragmentadas para hablar del feminismo, el capitalismo y el futuro. Su escritura es viva, llena de voces y de dinamismo.
Tampoco podemos dejar de hablar de Sarah Kane, dramaturga británica que fue figura clave del fenómeno In-Yer-Face de los años 90. Kane revolucionó la escena con obras como Blasted (Reventado) o 4.48 Psychosis. Sus textos son breves, pero tienen una gran intensidad poética que hacen que, leerla, sea un auténtico placer.
Los libros de teatro se venden en las salas
¿Sabías que en algunas salas de teatro de Barcelona puedes comprar los libros? Espacios como la Sala Beckett, el Teatre Nacional de Catalunya o el Teatre Lliure tienen a la venta los textos de las obras que están programando o que ya han programado en la sala. De esta manera, los textos representados sobre el escenario siguen teniendo vida después de la función y los lectores y lectoras pueden llegar a sus historias, aunque los focos se hayan apagado.
Además, los precios de estos ejemplares son muy asequibles y los puedes recoger en la misma taquilla del teatro. El TNC cuenta con su propia línea de ediciones en colaboración con editoriales como Arola, el Teatre Lliure publica habitualmente los textos de sus producciones gracias a su colaboración con la editorial Comanegra y la Sala Beckett promueve la edición de la dramaturgia catalana contemporánea en su colección Biblioteca Sala Beckett.
Este verano, en vez de leer novelas en la playa, ¡leamos teatro! Un tipo de lectura que nos ayuda a redescubrir el valor de la palabra desnuda, sin intermediarios, sin efectos especiales y sin la necesidad de comprar una entrada. Porque el teatro también se lee.
