De larvas a medicamentos antibacterianos, la revolución tecnológica de Dapibus

El equipo de Dapibus, Arturo Almazor, Alex Segura y Carlos Conde
El equipo de Dapibus, Arturo Almazor, Alex Segura y Carlos Conde

La compañía biotecnológica prepara una ronda de hasta 40 millones de euros para construir una planta ocho veces mayor, de 40.000 m² y hasta 100 trabajadores, con el objetivo de escalar su modelo industrial plenamente automatizado

(Redactora en The New Barcelona Post)
15 de diciembre de 2025

A simple vista, cuesta asociar la imagen de una larva —pequeña, anónima y frágil— con conceptos como innovación o biotecnología. Sin embargo, a pocos kilómetros de Barcelona, en el polígono industrial de Abrera, Dapibus demuestra que esa asociación no solo es posible, sino que ya es una realidad. Dentro de una planta de 3.000 metros cuadrados, gobernada por la tecnología y la automatización de los procesos, millones de larvas de Black Soldier Fly (mosca soldado negra) están siendo convertidas en proteínas o grasas con grandes propiedades para la alimentación animal, e incluso fertilizantes orgánicos y ecológicos para el campo. Y, potencialmente, estas diminutas larvas también podrían ser el origen de nuevos medicamentos capaces de combatir incluso bacterias que hoy todavía se desconocen. 

El origen de este ambicioso proyecto se remonta a 2021, cuando Álex Segura decidió emprenderlo junto a Arturo Almazor y Carlos Conde. Segura, que provenía de un sector aparentemente lejano —el sector textil—, pero que ya trabajaba en iniciativas vinculadas a la sostenibilidad, defiende que el objetivo de los tres fundadores era claro: “liderar la industria alimentaria hacia un modelo más sostenible y automatizado”. Y decidieron hacerlo con la larva Black Soldier Fly como protagonista, “un insecto muy estudiado académicamente, por sus múltiples propiedades, pero poco aprovechado industrialmente”, según remarca Segura. 

Al empezar a investigar sobre este insecto, pronto descubrieron todo su potencial: a través de estos insectos se podían transformar restos y alimentos de baja calidad en valiosas proteínas y grasas tanto para alimentación animal como para la agricultura, pero con posibles aplicaciones en muchas otras industrias, como la farmacéutica o la cosmética. El nombre de la compañía resumía esa ambición: Dapibus proviene del latín y significa proteína, en referencia a las propiedades nutritivas que esta larva presenta. 

Lo que empezó como una idea pionera, este año 2025 ha dejado de ser un proyecto y se ha convertido en una realidad, con la apertura del primer centro de biotransformación totalmente automatizado de España. Una fábrica de 3.000 metros cuadrados situada en Abrera, justo delante de la SEAT de Martorell, que tiene el objetivo producir unas 3.500 toneladas anuales de harina proteica, aceite y fertilizante orgánico. 

Al entrar en la fábrica, lo primero que capta la atención es que no se trata de una planta controlada por humanos, sino por la tecnología. En ella, los operarios no son los protagonistas, sino los supervisores de este complejo proceso en el que larvas y residuos se convierten en alimentos para animales y fertilizantes para el campo. Brazos robóticos, cintas transportadoras y maquinaria especializada trabajan a un ritmo frenético, en un proceso coordinado con precisión milimétrica, como si de un baile de difícil ejecución se tratase, en el que cada paso, por pequeño que sea, cuenta. 

Tanto es así que en esta fábrica la tecnología no acompaña, sino que es la protagonista del proceso. De hecho, su tecnología pionera y su gran proceso automatizado la han convertido en un referente para industrias de otros sectores, recibiendo la visita de personalidades como Alícia Romero, consellera de Economía y Finanzas de la Generalitat, o Jordi Hereu, ministro de Industria y Turismo. 

El equipo de Dapibus junto al ministro de Industria y Turismo, Jorid Hereu.

El equipo de Dapibus junto al ministro de Industria y Turismo, Jordi Hereu, en las instalaciones de la compañía en Abrera. © Dapibus

Anualmente, más de 17.000 toneladas de residuos orgánicos procedentes del entorno cercano —como pulpas y pieles descartadas de frutas en procesos industriales— llegan a la fábrica para convertirse en la fuente de alimentación de estas larvas. Los insectos avanzan por distintas fases de crecimiento durante aproximadamente diez días, momento en el que están listas para la fase de secado y transformación, donde se convierten en productos para alimentación animal o fertilizante para el campo. 

Los productos se destinan a la alimentación de animales de compañía (perros y gatos) o aves, pero también la industria porcina o, por ejemplo, la acuicultura, adaptándose a distintas formulaciones según la dieta que siga cada animal: harina proteica (que se puede integrar en las distintas comidas de estos animales), grasa o incluso la larva entera disecada, que presenta una forma muy atractiva para animales como las gallinas. Actualmente, la fábrica produce alrededor de diez toneladas mensuales de harina, dos de grasa y 20 toneladas de fertilizante orgánico y ecológico para el campo, aunque el objetivo es alcanzar unas 50 toneladas de harina, 100 de fertilizante y diez de grasa al mes.

Brazos robóticos, cintas transportadoras y maquinaria especializada trabajan a un ritmo frenético. © Dapibus

Estos productos, así, son beneficiosos en términos de alimentación para los animales que las consumen. En pruebas con gallinas ponedoras, por ejemplo, se han observado mejoras notables en la digestión, actuando como protector de estómago, además de ser una gran fuente de proteína y aportarles el complemento energético que estos animales necesitan. La harina, por ejemplo, es rica en aminoácidos, minerales y vitaminas; y la grasa contiene alrededor de un 40% de ácido láurico. “Además, también suponen una menor huella ambiental que las proteínas animales convencionales; a la vez que se está apostando por la soberanía alimentaria europea, en un contexto en el que Europa depende de ingredientes importados como la soja”, añade Segura. 

Más allá de la alimentación: medicamentos y cosmética

Pero reducir Dapibus a una fábrica de alimentación animal sería quedarse en la superficie. La verdadera ambición de la compañía está en aquello que todavía no se ve. “Estamos demostrando que estas larvas no solo sirven como complemento proteico o como protector digestivo para los animales, sino que el insecto presenta características con grandes potenciales para la industria médica o farmacéutica”, afirma Segura. 

La larva de Black Soldier Fly es el segundo ser vivo que expresa más péptidos conocidos, “unas partículas con grandes propiedades antibacterianas, antivirales y antifúngicas”, remarca Segura. No es casualidad: estas larvas han evolucionado entre residuos y materia en descomposición, desarrollando un gran sistema inmunológico y defensas naturales potentes, que podrían ser estudiadas y utilizadas incluso para combatir bacterias que hoy todavía ni se conocen. Un hecho especialmente relevante en un contexto de alarma por la gripe porcina o la gripe aviar como el actual. 

Dapibus ya participa en proyectos de I+D para caracterizar estos péptidos y evaluar su eficacia frente a patógenos especialmente problemáticos, probándolo con bacterias conocidas como la E. coli, presentando beneficios tanto para animales como, potencialmente, para humanos. Además, componentes como el ácido láurico, que contiene la grasa que se fabrica en Dapibus, también son ampliamente usados en la industria cosmética. “Debemos aprovechar el potencial biotecnológico de Barcelona”, remarca Segura. Un ecosistema formado por grandes empresas farmacéuticas y por instituciones punteras como el Barcelona Supercomputing Center, con quien ya han empezado a colaborar.

Actualmente, la fábrica produce alrededor de diez toneladas mensuales de harina, dos de grasa y 20 toneladas de fertilizante orgánico. © Dapibus

“Si además de nutrir mejor a los animales, podemos ayudar a combatir bacterias de forma natural, el valor del producto se multiplica”, resume el consejero delegado. Aun así, admite que la validación científica y la regulación farmacéutica son complejas y exigentes, por lo que el recorrido de estos proyectos de I+D en los que ya están invirtiendo serán a medio y largo plazo. Segura admite, además, que esta larva todavía tiene grandes propiedades que "todavía están por descubrir". 

Escalado industrial 

Sin embargo, a corto plazo la empresa biotecnológica catalana tiene otros planes ambiciosos entre mano: construir una fábrica con una superficie y una capacidad productiva de hasta ocho veces mayor. “Esta primera planta es solo demostradora”, insiste Segura, “sirviendo para conocer, probar y mejorar el proceso de transformación de estas larvas”. “Pero debemos pensar en el siguiente paso: en el gran salto industrial”, enfatiza su consejero delegado. 

El objetivo de la compañía es construir una fábrica con una superficie y una capacidad productiva de hasta ocho veces mayor. © Dapibus

Para financiar estos ambiciosos planes de crecimiento, la compañía prepara una nueva ronda de entre 30 y 40 millones de euros. La startup prevé replicar el modelo financiero de los más de ocho millones invertidos en la puesta en marcha de esta primera fábrica, —aproximadamente un 40% de ese capital provenía de fuentes privadas, otro 40% de subvenciones o préstamos públicos, como el proyecto LIFE de la Unión Europea, y el resto de préstamos bancarios—. El objetivo es cerrar la siguiente ronda entre finales del próximo año y mediados del siguiente, con la ambición de poner en marcha la siguiente planta entre 2028 y 2029.

Actualmente, Dapibus suministra sus productos a fabricantes de alimentación para animales de compañía, avicultura, porcicultura y acuicultura, con Quimidroga como principal distribuidor en la Península Ibérica, además de Fertiberia para la distribución de sus fertilizantes. Sin embargo, la compañía está trabajando con grandes clientes industriales para cerrar acuerdos comerciales que concentren una gran parte de la facturación. Su cartera de clientes es mayoritariamente europea, aunque la compañía no descarta alianzas futuras en Latinoamérica o Norteamérica, unos mercados con gran potencial, según la compañía. 

La compañía prepara una nueva ronda de entre 30 y 40 millones de euros. © Dapibus

La futura instalación aspira a ser “el Rolls-Royce de las plantas industriales”, bromea Segura, “con mejoras en el proceso de automatización, eficiencia, sostenibilidad y reducción de emisiones”. “Multiplicaremos por ocho la capacidad productiva”, insiste Segura. Este crecimiento también se reflejará en el empleo: de los actuales 12–15 trabajadores, la plantilla podría situarse entre 70 y 100 personas, con un fuerte peso de perfiles científicos, técnicos e ingenieros, como supervisores de un proceso altamente automatizado dentro de la planta.

Así como los metros cuadrados y la plantilla, también aumentaría la facturación: la previsión es alcanzar una facturación de cuatro millones de euros para 2026, cuanto Dapibus estaría produciendo todavía en esta primera planta, y multiplicarla también por ocho con la nueva fábrica ya en pleno rendimiento. 

Por ahora, lo que no está en los planes de la compañía es transformar estas larvas para el consumo humano. “Hay barreras culturales”, reconoce Segura, aunque no descarta que dentro de diez o veinte años los insectos puedan convertirse en un ingrediente más de la dieta —como ya pasa en otros países—, especialmente por su alto valor proteico. Sin embargo, su foco actual está claro: alimentación animal, agricultura sostenible y biotecnología avanzada.

Sobre el autor

Ainara Valadez
Ainara Valadez Medina

Redactora en The New Barcelona Post

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