¿Se puede impulsar el talento femenino a través de un aceite de oliva, un uniforme de trabajo o un café de especialidad? No son, a priori, las herramientas de liderazgo más evidentes. Sin embargo, también los productos cotidianos pueden convertirse en una ventana al talento, la creatividad y el emprendimiento femenino. Porque detrás de cada uno de estos productos hay una historia que va más allá de lo que llega a la mesa: la de las mujeres que los elaboran, los diseñan o los hacen posibles, y cuyos nombres y trayectorias no siempre reciben la atención que merecen.
Poner rostro a esas historias es el propósito de Juno Kitchen, el nuevo espacio gastronómico de Juno House, ubicado en su sede de La Farinera de Aribau (entre las calles Diagonal y Aribau). Un restaurante que aspira a ir más allá de la experiencia culinaria para dar protagonismo a las profesionales que hay detrás de cada plato y cada producto.
La iniciativa no se limita a incorporar productos elaborados por mujeres a su menú ejecutivo —disponible para desayunos, comidas y meriendas de lunes a viernes, de 8 a 19 h—, sino que busca dar a conocer las historias que hay detrás de cada uno de ellos. Así, quienes se sienten a la mesa podrán descubrir quién los produce, qué proyectos empresariales los hacen posibles y qué trayectoria hay detrás de cada propuesta. El objetivo es que la experiencia gastronómica vaya más allá del plato y contribuya a reconocer a profesionales que, pese a su aportación al sector, no siempre ocupan el lugar que merecen.
Esta voluntad de dar visibilidad al talento femenino parte de una clara convicción: “El talento no tiene género. Las oportunidades tampoco deberían”, como ha señalado Beatriz Vicente, CEO de Juno House, durante la presentación de esta nueva iniciativa. Sin embargo, hay sectores en los que las oportunidades de desarrollo profesional y acceso a puestos de liderazgo parecen seguir estando marcadas por las desigualdades de género.
La gastronomía es uno de ellos: pese al papel histórico de las mujeres en la cocina, su presencia continúa siendo minoritaria en los puestos de mayor reconocimiento del sector. “Es un hecho que se repite en muchos sectores: las mujeres están presentes, pero siguen teniendo menos representación en los puestos de liderazgo y en los espacios donde se concentra la visibilidad y el reconocimiento”, ha añadido Vicente.
Según los últimos datos de Worldchefs, tan solo el 19% de los chefs profesionales son mujeres. Una desigualdad que se acentúa todavía más cuando se mira a la alta cocina: apenas el 11% de los restaurantes con estrella Michelin en España están liderados por mujeres, según Chef’s Pencil. Una brecha que no se limita a los fogones, sino que se extiende a toda la cadena de producción: en el el campo, aunque las mujeres representan el 49% de la población rural, solo dirigen el 24% de las explotaciones agrarias.
Ante esta realidad, Juno Kitchen reivindica la gastronomía como una vía para reconocer y dar visibilidad al trabajo de las mujeres en sus distintas facetas, desde la creación culinaria hasta la producción y elaboración de alimentos. La iniciativa se articula en torno a tres líneas: un menú ejecutivo diario de cocina tradicional para compartir, la organización de eventos profesionales con servicios de catering a medida y una agenda de actividades gastronómicas para dar a conocer a las profesionales que hay detrás de cada producto.
Más allá de la oferta gastronómica, Juno Kitchen concibe la mesa como un espacio de encuentro capaz de generar conversaciones, conexiones y nuevas oportunidades profesionales. Para ello, apuesta por una mesa larga en la que compartir experiencias, platos y conversaciones, convirtiendo la gastronomía en un punto de partida para establecer vínculos.
Del café al uniforme: el talento femenino detrás de cada producto
Cada temporada, Juno Kitchen renovará su carta para dar cabida a proyectos liderados por mujeres y acercar al público a su trabajo. La primera selección, de octubre a diciembre, coincidirá con la campaña de Navidad y reunirá iniciativas de ámbitos diversos, desde la agricultura y las bebidas de especialidad hasta la artesanía y la pastelería. Propuestas distintas, unidas por el cuidado del oficio y la historia que cada una lleva consigo.
Historias como la de Peix.cat, el negocio familiar de Lluïsa Ripoll, quinta generación de pescaderos y vicepresidenta del Mercat de la Boqueria. La empresa combina la venta en el mercado con el comercio online y el suministro a restaurantes, pero Ripoll defiende que las nuevas formas de consumo no hagan perder el vínculo directo con quienes conocen el producto. Frente a la aceleración de la vida cotidiana, reivindica volver al mercado, preguntar, dejarse aconsejar y conocer el origen de lo que comemos. “Ahora todo parece tener que ir rápido. Queremos omega-3 y nos suplementamos, nos tomamos una pastilla. Es mejor comerse una sardina, que es mucho más saludable”, señala, reivindicando el valor de los alimentos y el conocimiento que se transmite en el mercado.
La importancia de recuperar el vínculo con quien los produce es también el eje de Anècdota Rural, el proyecto de Carla Gili y su padre, Jordi, dedicado a producir aceites de finca y parcela en Montgai, en la Noguera. Su apuesta consiste en mantener la trazabilidad de cada cosecha sin mezclar aceites de distintos orígenes, una decisión que implica trabajar con producciones muy limitadas. Para ella, además, la calidad requiere tiempo para ser explicada y comprendida.
La selección también invita a descubrir bebidas menos habituales, vinculadas a otros territorios y tradiciones. Es el caso de Café Li Su, el proyecto de Cristina Hu, que importa café verde de Yunnan, en el suroeste de China, y comercializa también su propio café tostado. “Cuando hablamos de café de especialidad, solemos pensar en países como Brasil, Colombia o Etiopía. Por eso es importante dar a conocer orígenes menos conocidos, como Yunnan”, explica Hu. Desde África occidental llega NIA, la marca de Fatoumata Sawaneh, que reinterpreta el bissap, una bebida tradicional de hibisco. Su objetivo es ofrecer una alternativa para quienes quieren compartir una bebida especial sin recurrir al alcohol ni a los refrescos habituales.
Desde otra perspectiva, Bastida for Work, la marca de uniformes profesionales impulsada por Marta Soldevilla y Nagore Vitallé, reivindica la importancia de los oficios de la hostelería a través de prendas funcionales, duraderas y de producción local. Procedentes del mundo de la moda, ambas encontraron en los uniformes una forma de conectar dos de sus pasiones, la moda y la gastronomía, además de huir de tendencias cada vez más efímeras. “En hostelería se cuida cada vez más la experiencia: el mobiliario, el sonido, la cocina… Porque todo comunica y, además, el equipo también tiene que estar cómodo”, señala Vitallé. La marca acaba de sacar, además, una colección de prendas diseñadas específicamente para mujeres, para responder a una oferta que, según Soldevilla, todavía es escasa y a menudo adapta patrones masculinos en lugar de pensar en las necesidades de ellas.
Esa idea de que cada detalle contribuye a construir la experiencia no se expresa tan solo en los uniformes, sino también en todos los elementos: con una mesa diseñada por Sobremesas, empresa de Julia París, o platos de De Frutos Cerámica, el proyecto de Núria De Frutos Dachs, quien reivindica el valor de las piezas artesanales frente a la producción industrial y la rapidez del consumo. “Solo con el tacto, cuando coges una pieza, ya te transmite algo: la energía y la intención que ha puesto en ella la artista", explica la ceramista.
La selección se completa con nombres como Patri Gómez, sumiller de Bar del Pla, que defiende los vinos naturales y ecológicos “con historia”, procedentes de pequeñas bodegas y familias productoras. También Valentina e Pasqualina, el negocio de Valentina Pizzuti nacido de la receta de tiramisú de su abuela, y Pastisseria Sàbat, una pastelería de Sant Cugat del Vallès con obrador propio y varias generaciones de historia. Carme Sàbat ha recuperado el negocio familiar, que había cerrado unos meses antes, y reivindica además el papel de su abuela Joana, cuya contribución había quedado en un segundo plano, eclipsada por su abuelo, en la historia de la pastelería.
